viernes, 31 de diciembre de 2010

La profesora buenorra

Siguiendo con los arquetipos docentes vistos desde la perspectiva de los alumnos, vamos con uno algo más amable que el de ayer: el/la profesor/a buenorro/a.

Cuando se llega a edades de eclosión hormonal, en las que empiezas a ver a las personas bajo el prisma del deseo, puede ocurrir que alguno de tus profesores agudice esos bajos instintos en efervescencia. Mi caso personal, y el de muchos de mis compañeros, fue la profesora de inglés. Treintañera, sin ser especialmente bella, su exhuberancia la convertía en objeto de muchos rumores y fantasías. Sus minifaldas, sus vestiditos ajustados, sus posturitas al apoyarse en la mesa y al enseñarnos sus a veces generosos escotes, eran todo un festín para nuestros sentidos. Que yo sepa, nunca pasó nada con ningún alumno, pero a más de uno no le hubiera importado. En mi retina, aún titila el recuerdo del último día de clase, en junio, cuando vino con un vestido corto, minifaldero, ajustado, azul, y se sentó encima del pupitre que servidor tenía justo en frente. Esa visión es otra de las cosas de mi período escolar que no se me olvidará.

Desconozco, o ahora mismo no recuerdo si mis compañeras de clase y de colegio tenían un profesor fetiche, pero no me extrañaría. En la Universidad, ya más mayorcitos, sí que los había, pero ahí el profesor ya no está tan en el pedestal como en la pubertad y primera adolescencia. Es más tangible, más a mano. No sé si me explico...

3 comentarios:

Horrach dijo...

No deben ser pocos los profesores que acuden a sus lugares de trabajo, más que para trabajar, como medio para reafirmarse a sí mismos. El señor de ayer a base de aterrorizar al personal, pero la profesora de la que habla debía llevar esos modelos con la exacta intención de ver las reacciones que provocaba entre la clientela masculina. Usted que la conocía, ¿cree que la chica se excitaba algo pensando en que nada más entrar en clase era deseada por más de uno? Quién sabe.

El Pez Martillo dijo...

Pues nunca se sabe, pero a lo mejor es que simplemente, le gustaba ir así sin más. Aunque en algún momento se debió enterar de los comentarios que generaban sus modelitos. Y sí, aquel último día de COU puede que viniera tan esplendorosa y sugerente (más que suegrente, explícita, o al menos bastante explícito es lo que pude ver cuando se sentó frente a mi) a drede.

Por cierto, hace poco la vi en cierto local nocturnoide que usted y yo hemos frecuentado en el pasado, y debo decir que los años no pasan en balde y ha perdido muchísimo (al menos físicamente, supongo que el inglés lo habrá perfeccionado).

PENSADORA dijo...

JO! aún me acuerdo del profe de literatura de 2º de BUP. Un morenazo sureño de pelo rizado. Siempre venía en vaqueros y marcaba un buen paquete. Todas hacíamos cábalas sobre la potencia de aquél hombre que nos hacía suspirar y nos tocaba la guitarra en las fiestas de navidad.

¡¡¡aaaaiiiinssss que tiempos!!!

No me extraña que me guste tanto leer y eso... jijiji!