martes, 8 de enero de 2019

Maneras de olvidar


Hay olvidos y olvidos. Se puede olvidar dónde se dejaron las llaves: es una simple desaparición de un dato en la memoria, o el archivo en algún recóndito que luego cuesta encontrar. Se pueden olvidar hechos y circunstancias, que luego si alguien nos las recuerda no creemos (incluso hasta el punto de negarlas). Hay también un olvido más profundo, más allá de la memoria. Me refiero al sentimental, al que tantas canciones y versos se han dedicado. De la gente significativa (familiares, amigos, amantes...) no nos olvidamos desde la memoria. De hecho, tenemos numerosos recuerdos y viviencias, normalmente asociadas a sensaciones, les recordamos también con el corazón. Cuando este pellizco desaparece es cuando se les ha olvidado. Cuando hay sólo memoria estéril, un mero proyectar imágenes es cuando hemos olvidado. Sucede mucho más de lo que creemos. A veces también cambian los sentimientos concomitantes: del amor podemos pasar al odio, y viceversa. Son formas de recuerdo también.

Y luego está el olvido del Ser, pero ese es otro tema 

sábado, 5 de enero de 2019

Trampas de la memoria

Lo que son las cosas de la memoria y la forma en que reconstruimos nuestro pasado: siempre creí que yo de niño pedía todos los años un Scalextric a los reyes magos, y que nunca me lo trajeron. Pero sí, algún año cayó el Scalextric, y aún está acumulando polvo en un trastero. Me tuvieron que llevar mis padres ante él para que me lo creyera. 

Ahora, trasladen esta anécdota a sucesos de la historia y lo que nos cuentan de ellos. Y sí, hay gentes dedicadas al estudio de la historia. Pero, ¿son fiables los archivos y relatos? Al final, lo interesante no es la narración absolutamente fiel de lo sucedido, sino el aura mítica de la cual sacar una enseñanza y una guía que aún nos interpele. ¿Y no querrán hacer eso muchos historiadores invistiéndose con los ropajes de la ciencia?

jueves, 3 de enero de 2019

La extraña pareja

Cuando empecé el bachillerato (entonces era el BUP, a la edad a la que ahora hacen 3º de ESO), empezó un chaval que venía de otro instituto. El típico repetidor al que los padres cambian para ver si en un nuevo ambiente los estudios mejoran. Era un skinhead. Con una foto de Franco en la carpeta. ¿Y a qué no saben de quién se hizo íntimo amigo? Del punki de la clase. Del que nos endosaba a los Sex Pistols a las primeras de cambio, que emborronaba las mesas con el símbolo de la anarquía y se metía en todos los jaleos que podía. Su amistad duró hasta el COU, momento en que les perdí el contacto al irnos a la universidad. Ninguno de los dos dejó de ser lo que era, y eran inseparables. 

Eran otros tiempos (más abiertos y libres) y éramos jóvenes (también más abiertos y libres). Todo era posible entonces. Y ambos llevaban las mismas botas.  

lunes, 31 de diciembre de 2018

Mi 2018

Se acaba 2018. El año en que he cambiado de década. En que me he convertido en doctor y también en tío. Ha traído cosas, más positivas que negativas, no me puedo quejar. 

También en este año he vuelto a prestarle más atención al blog (hasta llegar al nivel de entradas, al menos en cantidad, no sé si en contenido, de 2012) y he iniciado un diario (más personal que el blog, aunque algunas ideas que en él vuelco han acabado también aquí) que nadie va a leer, pero que me sirve de estímulo para no anquilosarme demasiado.

En lecturas, ha sido un año en el que destacaría a Robert Graves, Albert Camus, Aleksandr Solzhenitsyn o Ernst Jünger. Además, he abandonado el ebook para volver al papel. 

En música, más allá de los de siempre, me quedo con tres voces femeninas que me han emocionado y conmovido: Maria Arnal, Nina de Juan y Silvia Pérez Cruz. Vinilos y conciertos varios, siempre menos de los que me gustaría.

También, ahora que dispongo de más tiempo, he vuelto a ver películas (siempre he dicho, con sorna, que soy un cinéfilo no practicante, por aquello de que a veces me cuesta encontrar huecos de dos horas o más para el cine), actuales y clásicas. Y por supuesto, series: The terror, La maldición de Hill House, Better call Saul, Fargo...

Y también es el año que visité Liverpool. Tierra santa para los fans de los Beatles: el Cavern, Penny Lane, Strawberry Fields... Fui por los Beatles, pero Liverpool es mucho más que ellos.

A ver qué depara 2019. 

domingo, 30 de diciembre de 2018

El milagro mallorquín de cada fin de año

Todos los años, por esas fechas, se produce un milagro en Mallorca. Dicho fenómeno sobrenatural consiste en que los que el reciente 12 de octubre se han blanqueado abominando de la conquista de América, reivindicando a los oprimidos y exigiendo mea culpas a los descendientes de los conquistadores, celebran con alborozo la conquista de la isla por parte de las tropas de Jaime I el Conquistador (del Reino de Aragón, corona catalano-aragonesa o como quiera que ahora esté de moda llamarla) el 31 de diciembre de 1229. Se celebra el "nacimiento de nuestro pueblo" (sic.), sin hacer ninguna referencia a las matanzas que tuvieron lugar, las cuales diezmaron la población hasta el punto que la isla yuvoq ue repoblarse con gentes venidas de fuera (mayormente catalanes, de ahí que aquí se hable catalán, pero no sólo: también hubo castellanos y navarros). Toda esa sensibilidad hacia los pobladores previos a la llegada de Colón se esfuma en cuestión de dos meses y medio y nadie se acuerda de los pobres musulmanes que aquí vivían (al menos hay una plaza que recuerda a Abu-Yahya, el valí que rindió la isla) y que se vieron desplazados por los cristianos. 

Obviamente, no se trata de una cuestión de sensibilidad hacia las víctimas, sino de utilizarlas contra sus victimarios, que en un caso son parte del imaginario del mal, y en el otro son "los nuestros". Un doble rasero como una catedral, uno de tantos. En el fondo, nos la trae todo muy al pairo, y más cuando han pasado ya muchos siglos. Lo importante es cavar la trinchera ideológica. Y al final, la conquista de Mallorca forma parte de la Reconquista, eso tan español de lo que aún no parece que hayan logrado desembarazarse, cuya adoración acrítica comparten con el nacionalismo español. 

viernes, 28 de diciembre de 2018

Noches rigurosas

Según se ha creído en centroeuropa durante siglos, las seis últimas noches del año y las seis primeras son uno de esos periodos en los que el velo que separa el mundo de los vivos y el de los muertos (y no solo de ellos, sino de los espíritus en general) se atenúa y se pueden establecer contactos con más facilidad. Puede que tenga que ver con el frío o con la oscuridad (aún se esta en los días más cortos del año, y aunque ya ha pasado el solsticio, el aumento de tiempo de luz es despreciable, apenas de uno o dos minutos), pero es cierto que hay una densidad distinta. Puede que por ello estos días estén trufados de fiestas importantes (San Esteban, Año Nuevo, la Epifanía), en los que tendemos a agruparnos, hay entidades que reparten regalos y a las que en cierta medida hay que contentar (en Laponia creen en unos espíritus malignos con barbas blancas que asesinan a la gente y entran en casa por la chimenea...), en los que hay otra intensidad vital, en definitiva. Quizá sea una pervivencia, o la simple evolución de algo más telúrico y profundo que con el tiempo va mutando. 

En cualquier caso, es sospechosa la cantidad de épocas en las que se abren las puertas de los otros mundos: noche de Walpurgis (30 de abril), noche de San Juan (23 de junio), noche de difuntos (1 de noviembre), ahora estas noches rigurosas... A lo mejor es que están más abiertas de lo que queremos creer. O que no hay nada de eso y nos buscamos excusas para asustarnos y hacer fiestas.