domingo, 5 de agosto de 2007

Atorado


Metido en mis pensamientos, anclado en mis sentimientos, movido por ellos sólo puedo llegar a una especie de inmovilidad crónica, un no querer saber nada más y un no querer ir más allá. Porque cuanto más lo pienso, menos me decido. Y cuanto menos decisión, más inquietud, y con ella el estatismo. Como el resto del naufragio que, presa de alguna corriente, sólo puede alejarse y acercarse a la orilla, sin remedio. Así se mueve todo en mi interior. Cerca y lejos a la vez, temeroso de encallar, pero parado al fin y al cabo. Con un movimiento estereotipado que ya cansa, que ni yo mismo me creo (lo más extraño es que los demás sí parecen creerlo). Sin poder navegar ni hundirme, dejando fluir toda mi basura, aportando poco. Vacío, pobre, desesperado. A la deriva. Pero la deriva no me lleva a ninguna parte. Ni me acerca ni me aleja. Y no sé qué prefiero, si estar aquí o allá, porque las dos opciones tienen sus atractivos y sus peligros y desazones.

¿Qué le vamos a hacer? Habra que seguir abierto y cerrado.

1 comentario:

Horrach dijo...

Tiene que jugársela. Ya. Apueste y resígnese a su suerte. No es el momento de las palabras y de los lamentos.