miércoles, 1 de agosto de 2007

Lo que no decimos


He escrito varias veces sobre la dificultad que tiene el lenguaje para expresar algunas realidades, sobre lo que el lenguaje deja fuera de sí. Pero hoy quiero no sobre lo que no se puede decir, sino sobre lo que se puede decir y no se dice. Y no siempre se trata de una cuestión lingüística, ya que lo que no se puede expresar con palabras, se puede hacer de algún otro modo (hay que tener en cuenta que la comunicación no sólo es lingüística).

Muchas veces nos quedamos con las ganas de decir algo. Algo que nos molesta, una palabra cariñosa, reconocer algún mérito a alguien... La mayoría de ocasiones se trata de cosas sin mayor importancia, pero otras veces lo no dicho quema en nuestro interior. Bien porque sea algo importante para nosotros o porque pueda serlo para los demás, nos cuesta entrar en según que terrenos. El de los sentimientos es uno de ellos. Porque lo que sentimos involucra a todo nuestro ser, y expresarlo, tanto lo positivo como lo negativo (en ocasiones nos enfadamos con alguien a quien queremos demasiado y por eso nos cuesta hacérselo saber), puede llevar a un cambio radical en nuestra existencia (perder a alguien o ganarlo, da igual, en cualquier caso hay que hacer reajustes vitales). Y el cambio da miedo, sobretodo cuando uno está bien como está. Porque seamos realistas, detrás de lo no dicho está el miedo. Y para negarlo nos inventamos las excusas más pergrinas. No saber cómo, no ver el momento (pero tampoco favorecer que se dé)... Todo son excusas para no mostrar lo que de verdad nos ocurre. Tenemos miedo. Eso que tanto tememos y que está detrás de casi todo lo que hacemos. Y de lo que no hacemos también.

2 comentarios:

Elena dijo...

¿Crees que nos dejamos dominar y gobernar por el miedo?

¿Cómo hacerle frente? Responder que con coraje es fácil y ¿de dónde obtenerlo?

El miedo es también una garantía ¿o no?

¿Por qué perdemos tanto tiempo en pensar y en controlarnos?

Quizá te escriba aquí tan sólo para redimirme de mi responsabilidad con mi propio miedo de ingentes dimensiones y de mayores extensiones de conciencia avergonzada.

¡gracias por tu mensaje!

El Pez Martillo dijo...

Hola Elena, gracias por el comentario, esta es tu casa.

No creo que lo del miedo sea como para decir que está detrás de todo lo que hacemos, no al menos de forma directa. Hay cosas que las hacemos porque sí, porque nos gustan. Pero en las cosas importantes sí que hay algo de miedo.

¿Coraje? Muchas veces el valiente actúa por miedo a que digan de él que es un cobarde, así que ahí volvemos a toparnos con el miedo.

El miedo evita que nos arriesguemos en exceso y perdamos lo que tenemos. Lo que ocurre es que muchas veces nos comemos el coco demasiado (te lo dice uno que es todo un profesional en comerse el coco y en controlarse).

Esto es como lo de las adicciones, reconocerlo es un gran paso, aunque nunca podremos zafarnos de él.

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