miércoles, 20 de abril de 2011

Comentario de video: Palma de Mallorca, de Chris Wolff

Una costumbre de este blog es poner algo de música los domingos. Y aunque hoy no lo es, sí es tiempo de penitencia. Porque el tema que hoy traigo hay que tomarlo a modo de penitencia (para mí al malgastar mi tiempo escribiendo sobre él, y para los lectores por leerlo). Todo sea por ganarse una parcela en el paraíso. 

Se trata de un viejo tema que en su día sonó mucho por estos lares, en las zonas turísticas de predominancia germánica. Por lo visto, en Alemania tuvo bastante éxito, y claro, aquí se les ponía para animar la ingesta enólica. Porque si algo tiene esta canción, es que sólo estando borracho puede gustarte. Y créanme, los excesos alcohólicos de algunos teutones en Mallorca son de récord. 

Para empezar, para qué andarnos con rodeos, conviene señalar que el tema pertenece al schlager, un peculiar estilo musical típico de centroeuropa que se caracteriza por sus melodías pegadizas y letras simplonas. El schlager alcanzó su cénit en los 70 (y  tuvo un cierto revival en los 90), lo cual, si ya de por sí esta música es deplorable, la combinación con la estética de aquella época es toda una oda al kitsch (perdonen el palabro, también germánico, pero es que no sabía si poner horterismo, horterez, u hortería, y todas me sonaban igual de mal). La canción-castigo de hoy es más bien ochentera, lo cual no hace a la cosa menos peliaguda. Porque, por ir entrando en materia, la vestimenta del artista es digna de una mención honorífica. Se acaba de bajar del andamio (eso sí, sin olvidarse antes de ponerse un cinturón plateado, que no se puede salir de cualquier manera en la tele...). En su descargo, lo interpretaremos como un intento de meterse mejor en el papel de la canción. Porque si de Mallorca hay que hablar, el mono de obrero de la construcción es casi el traje típico.

Me estoy adelantando. La canción, titulada Palma de Mallorca, no puede hablar más que de Mallorca, y cayendo en ese error que tanta gracia nos hace a los mallorquines, y que no hay forma de hacer que a la gente le entre en la cabeza: que Palma no es la isla, que sólo es su capital. La letra está llena de tópicos, como el sol, las playas, las mujeres hermosas y la diversión. Una maravilla. Desconozco si el fomento de turismo balear estaba detrás del engendro, pero no me extrañaría, ya que supuestamente funciona como un reclamo (aunque por momentos parezca disuasorio).

Pero no nos desviemos. Los movimientos del sujeto son inenarrables, por casi inexistentes. Y esa forma de cantar, con una sonrisa en los labios, como si  fuera inmensamente feliz. Para compensar la alegría de vivir que transmite este cantante, está la abulia del público. Qué forma de batir palmas (una característica del schlager es que el público bate palmas rítmicamente), qué entusiasmo trasnmiten. A destacar varios: la mujer vestida de negro de la esquina izquierda de la primera fila, el señor con bigote también de la primera fila que al principio cuando el señor le pasa por delante le echa una mirada de pies a cabeza (menudo escáner que le hace), el joven con muletas  (y mullet) de al lado de la entrada, y la "espontánea" que le da una flor y no sabe cómo escaquearse del beso. Y también hay uno de rojo visiblemente entusiasmado por ahí en medio. Uno que, seguro, había visitado la isla y sabía de buena tinta de lo que habla la canción.

Finalmente, recuerdo hace años a los alemanes borrachos cantando como locos el estribillo de esta canción en las terrazas de el Arenal, cerveza en mano. Y las caras de los no alemanes al ver semejante escena, algo difícil de olvidar yq eu seguro ha poblado algunas pesadillas...


Como se ve, Alemania, ese país de alta cultura, de grandes músicos, también tiene su lado oscuro. ¿O creían que sólo en España hay cosas cutres?

4 comentarios:

Horrach dijo...

Inenarrable. Ni siquiera el mismísimo David Hasselhoff en el derruido Muro de Berlín es capaz de superarlo.

En cuanto a su reflexión final: hombre, cutrez y miseria hay por todas partes, Alemania incluida (también mi querida Inglaterra). La diferencia, como casi todo, está en el grado, y es que aquí tenemos más cutrez que en Alemania, y para colmo las excepciones positivas también abundan más allí que aquí. La diferencia está en las élites (o 'elites', que parece que ahora se escribe así).

El Pez Martillo dijo...

Cierto, pero parece que aquí lo tenemos más interiorizado y tal vez por eso ocurra en mayor grado. Puede que tenga que ver con los tópicos y las famas (que de algún lado salen, pero tienden a la exageración), además del buen marketing que han hecho los demás, sabiendo destacar lo bueno y esconder lo malo (escondiéndolo tras lo malo de los demás).

Si además de ser cutres, nos tenemos por tales, es más difícil salir del atolladero.

Horrach dijo...

No, no, esto no tiene que ver con percepciones subjetivas, sino que es de objetivísimo prístino: en España somos cutres. La prueba definitiva: aquí no gusta el rugby y ni se sabe lo que es el cricket. En un mundo que ha elevado el deporte a la categoría de religión, es curioso que se excluya a dos de los pocos deportes 'señoriales' que hay.

El Pez Martillo dijo...

Es que no hay que olvidar la procedencia de esos deportes: la pérfida Albión. Vale que el fútbol también es británico, pero es más "popular". No veo a las clases altas locales adoptando juegos de las clases altas de países tradicionalmente enemistados y con piques históricos que para muchos aún están vigentes.

Pero sí, somos cutres. Hemos hecho una cultura de la incultura y lo mediocre-bajo. Nos gusta regodearnos en nuestra cutrez y lo tenemos a gala, bien para echarnos unas risas, bien para autoconvencernos de que individualmente estamos por encima de eso.

Sea como fuere, aunque la elite sea nimia, existe y podríamos venderla mejor y tener mejor considerada, sólo así podría ensancharse. Pero ya se sabe, en España, al que asoma la cabeza por encima de los demás, se le corta.