domingo, 27 de julio de 2008

Otra vez, cita en París

Aquellos quienes sigan este blog conocen mi afición por el ciclismo. Nunca he sido muy del deporte, y sin embargo, vaya usted a saber porqué, la bicicleta me encanta. Ningún deporte me hace vibrar como este, aunque, a decir verdad tampoco es que lo siga muy de cerca. Pero la cita anual de julio es sagrada. Sobretodo cuando la ganan los nuestros. Y este año la conquista de París es doble, ya que nos enfundamos el amarillo y el verde. Ya nos tocó el rosa hace unos meses, y apuesto por el dorado en la Vuelta (y porqué no, alguna medallita en los juegos...). Y además dando espectáculo, como debe ser, poniéndole emoción al asunto. Los españoles son, ahora mismo, los que animan el pelotón, los que le ponen ganas al asunto (tantas, que a veces trampean y les han de detener y expulsar), los que atacan, los que se lo curran, los que pasan de estrategias sesudas y rácanas y dan el callo haciendo lo que deben hacer, que es pedalear hacia adelante y no darse por vencidos.

Lo suyo sería irme esta tarde a la fuente de las tortugas, pero creo que lo mejor que puedo hacer para celebrarlo es salir a hacer unos kilómetros con mi bicicleta. La ocasión lo merece.

9 comentarios:

javi dijo...

Mal que les pese a los franceses, jaja.

Yo quería que ganara quien fuera menos el Cadel Evans ese que sólo sabe ir a rueda y se aprovecha del trabajo de otros. Y ha sido Sastre, así que mucho mejor. Cuando le preguntaron ayer de quién se acordaba, Sastre dijo que del Chava. La historia de este hombre es de las que más me han conmovido a mí. Una noche en la radio contó cómo había sido, el llegar un día de entrenar y tirarse en el sofá sin ganas de nada. Luego la depresión invadiendo su vida, la adicción a no saber vivir sin drogas ni éxitos, clínicas, sanatorios, el parecer que levantaba cabeza y el volver a hundirse en el pozo, hasta el paro cardíaco que dicen lo mató.

Llama la atención la facilidad con que esta gente acostumbrada a realizar proezas y a superarse minuto a minuto para lograr lo que se proponen caen luego en picado...

Y sobran ejemplos.

pecesdigitales dijo...

Y yo creo que hemos realizado un buen homenaje a ese gran ciclista "mallorquín": ¡va por tí, Sastre! /*mode hipoglucemia off*/

El Pez Martillo dijo...

Javi, para la alta competición no basta con buena forma física, sino que también hay que ser fuertes mentalmente. Si resulta que alguien más frágil se rodea de gentes no adecuadas, pues tiene en bandeja la caída. Es como una especie de mal de altura que muchos tienen, y no sólo en el mundo del ciclismo o del deporte en general.

Dani, sí todo el mundo cuando oye el apellido, se cree que es mallorquín. Si lo traducimos al inglés nos queda Charles Taylor:

http://es.wikipedia.org/wiki/Charles_Taylor_(filosof%C3%ADa)

Saludos.

El Pez Martillo dijo...

Y sí, un buen homenaje le hemos hecho (aunque no hemos hecho nada que otros días no hagamos, sí que ha sido con más fuerza).

Horrach dijo...

uyuyuy, eso de "los nuestros" suena algo rarote, amigo Pez. ¿Para que sean de 'los nuestros' deben tener nuestra misma nacionalidad? ¿O ser del terruño?

El Pez Martillo dijo...

No se me ponga tan susceptible, Horrach. Los nuestros son los españoles. No veo dónde está la confusión.

Horrach dijo...

Precisamente: a mí no me gusta más un deportista (o un escritor, o lo que sea) por el hecho de que sea español. Por ejemplo, en las finales de tenis prefiero que gane Federer (que me parece un jugador más fino y elegante) a que lo haga el mallorquín Nadal.

El Pez Martillo dijo...

Una cosa no tiene que ver con la otra. Yo tampoco prefiero a nadie por ser español o no. Ahora bien, si el que gana es español, pues me alegro más que según quien (salvo que el deportista-equipo de turno me caiga fatal, claro).

Y por cierto, coincidimos en valorar mejor a Federer, Nadal nunca me ha acabado de convencer (hay algo en él que no me cuadra demasiado, no sé si esa humildad entre exagerada e histriónica que todo el mundo le alaba, o el protagonismo de sus familiares).

Horrach dijo...

Nadalet parece un chico majo pero, la verdad, algo atontado (será cosa de la familia Nadal, porque su tío no era precisamente el más espabilado de la clase). Basta oírlo hablar. Bueno, todo esto es envidia cochina, que el chico tiene una novieta que no está nada mal, jajaja.

No sé si su humildad será sincera, pero en eso Federer también compite con él, porque el suizo no es precisamente un prepotente.

shalom