viernes, 5 de noviembre de 2010

Patriotismo desteñido

Hace una eternidad, cuando se empezaba a vislumbrar que la selección española de fútbol podía hacer algo en el mundial, los balcones del país se engalanaron de banderas en un supuesto alarde de patriotismo y orgullo nacional por las gestas de su equipo. Al menos eso era lo que muchos decían y de lo que muchos se ufanaban. Fue algo sorprendente que pilló con el paso cambiado a muchos. Yo, bastante indiferente a lo que unos deportistas pudieran hacer, veía todo con escepticismo, y tuve alguna bronca por poner en duda todo aquello. Ahora resultaba que ser patriota era colgar una bandera del balcón y jalear a unos señores en calzón corto dándole patadas a un balón.  Al final, la cosa ya parece prehistoria, y muchos de esos patriotas recogieron sus enseñas. Y los que no lo hicieron, los más patriotas, dejaron que el tórrido verano pasara por encima de sus enseñas, destiñéndolas, dejándolas más de acuerdo con la realidad del país. Y más acordes con su patriotismo. Un patriotismo desteñido, tristón, cutre, cochambroso. Muy español, en resumen.

3 comentarios:

Douce dijo...

A veces, cuando no sentimos los lazos que nos unen, o debieran unirnos, echamos mano de los efímeros sentimientos que compartimos. Triste patriotismo que el sol, el agua, el viento destiñen. Quiero pensar que nos unan más cosas, aunque no lo demostremos.

Horrach dijo...

"Ahora resultaba que ser patriota era colgar una bandera del balcón y jalear a unos señores en calzón corto dándole patadas a un balón".

Ahora y siempre, el patriotismo más unificador es aquel que recurre a los más simple, y si a la simpleza le unes pasión irracional, ya tienes el cóctel completo para que aquellos que no se soportan a sí mismos se sientan parte de algo, aunque ese algo sea una masa que, como decía Canetti, es "una ola única y monstruosa" refractaria al pensamiento racional y al espíritu crítico.

PS: nos vemos el lunes, ¿verdad? Ando mejor de la pata derechista.

El Pez Martillo dijo...

Lo que de verdad nos une es la ley, y una historia común con sus fortunas y sus desgracias. No creo que haga falta mucho más (bueno sí, saberlo y reconocerlo).

La idea es que esos grandes patriotas que tanto amaban su bandera la están dejando marchitar en sus balcones, con lo cual están demostrando que no la quieren tanto como decían. Y también que luego no las ondean para celebrar otros triunfos deportivos.Y más áun, a una victoria todo el mundo se apunta, pero esto es como lo que se dice de los amigos, que se sabe quién lo es cuando vienen mal dadas. Y cuando llega ese día, hay desbandada.

Horrach, me alegro de que la pierna vaya mejorando. Y sí, nos vemos el lunes en el vermalódromo.

Saludos.