jueves, 2 de septiembre de 2010

¿Pinchar sin aguja?

Siguiendo con el asunto de las mentiras que endosamos a los niños, una de las más traumáticas es el "no te dolerá", que a veces adopta la forma de "te pincharán sin aguja" o "te pincharán con agujas que no duelen". Personalmente, es de las que más me molestan, en la medida en que trabajo con niños y con agujas. Por norma general, ese discurso es más propio de madres y abuelas, y los profesionales nos callamos por aquello de que quien calla otorga. Pero a mi me gusta no engañar a los niños con estas cosas, y aunque haya por ahí una doliente madre que le jure a su retoño que no le vamos a hacer daño. Si le voy a hacer daño, yo se lo digo. Pero no por placer sádico, sino por ganarme la confianza de la criatura. Si es lo suficientemente grande para poder razonar con él (y con buenos modos lo hacen muy pronto) se le explica que lo que se le va a hacer es molesto, pero que si colabora y no nos lo pone difícil, será más rápido y por lo tanto el sufrimiento pasará antes. En muchas ocasiones funciona mejor que las "agujas sin dolor", con las que el niño te viene confiado (si se lo ha tragado, que ocurre poco, porque no son tontos) y luego la reacción al dolor es explosiva, ya que no se lo esperan. Y es que por lo general es mejor ir con la verdad por delante, al final te lo agradecen y te ganas su confianza, y eso es importante a la hora de entablar una relación terapéutica.

3 comentarios:

Horrach dijo...

Yo iría más allá de la practicidad que usted expone: aunque no sirviera para ganarse la confianza de los niños pacientes, también se debería hacer. Por ética y tal vez también por dignidad. La realidad edificante que hemos inventado para los ojos de los niños es de las cosas más nauseabundas que existen.

PENSADORA dijo...

Tiene razón el Dr. H. Aunque sí pienso que hay que colaborar al máximo posible en el mantenimiento de la inocencia infantil.

Con respecto a las agujas... bueno, la pericia del/la enfermero/a también tiene muchíiiisimo que ver y lo sé por mi dilatada experiencia como paciente.

Por cierto, de no tener ningún miedo a odiar las agujas hay un paso.

Salud!

El Pez Martillo dijo...

Es cuestión de practicidad, pero también de ética: no me gusta engañar a la gente. Y además, se mantiene mejor esa supuesta inocencia si se les dice la verdad (tardan más en aprender a desconfiar).

Y sí, es lamentable cómo hemos cambiado nuestra relación con los niños. No digo yo que alguna fantasía no haya que estimularles, pero de ahí a malcriarlos y que se convierttan en los amos y señores de la casa, hay un trecho bien largo. Siempre he dicho que los niños son como animalitos, y hay que enseñarles quién manda aquí (con buenos modos y todo eso, que luego habrá quien se piense que estoy defendiendo el maltrato). Si no, mandan ellos, y luego cuando son adultos son unos idiotas integrales, como ya estamos viendo en muchos casos.

Otra cosa que no soporto es que tú te ganes la confianza del crío y luego la madre tire tu trabajo con esas amenazas de "si no te portas bien llamaré a la enfermera y te pondrá una inyección". Entonces a quien se la pondría es a ella.

Podría contar tantas historias...