domingo, 17 de febrero de 2008

Desalojado


Los edificios abandonados tienen algo de siniestro. Su vacío es ominoso, palpable, y da la impresión de que con nuestra presencia estuviéramos violando el lugar y éste pudiera vengarse de nosotros. Es como si nos dijeran: "si aquí no hay nadie es por algo, así que tú eres un intruso". Por otra parte, está el hecho paradójico de que un lugar hecho para la actividad humana (sea cual sea), se vea despojada de ella, quedando el lugar impregnado de una atmósfera extraña. Aunque no se vea, la presencia humana se nota, y el hecho psicológico de saber que tras las puertas hay alguien, o que en la planta superior aún queda algún residente, hace que los inmuebles se vivan como normales. Pero cuando están absolutamente vacíos, la sensación es muy otra, de inquietud. Y al mismo tiempo de curiosidad, porque poder husmear por los rincones que antaño estuvieron vedados es algo que a todos nos apetecería hacer. Sobretodo si aún quedan algunos objetos que fueron utilizados cuando el edificio contenía cotidianeidad humana, y más aún si la naturaleza ha empezado a invadirlos.

También contribuye a esta aura misteriosa la suerte que les ha tocado a muchas de estas construcciones. Y es que muchos de ellos han acabado sirviendo de dormitorio y escondite a gentes marginales que introducen un factor mayor de extrañeza y cierta peligrosidad. Por no hablar de las pandillas que, muy a menudo, han plasmado sus graffittis en las paredes, haciendo que muchas veces parezcan más siniestros aún.

De entre todos los edificios abandonados, hay algunos que tienen un mayor potencial. Me refiero a los hospitales, colegios, orfanatos o prisiones. Estos lugares fueron testigos de una gran actividad, y ahora su vaciedad resalta mucho más. Tal vez sólo se trate de que son más grandes y tienen muchos más recovecos (si es fácil no encontrar el camino cuando están activos, imagínense abandonados y en estado de semiruina), pero el morbo que provocan es más que interesante.

5 comentarios:

Horrach dijo...

Qué casualidad, amigo Pez. No había leído esta entrada y esta misma noche he escrito sobre otro edificio (uno algo particular. bien es cierto) abandonado también. En el mío parece que hay mucho preservativo usado por ahí, así que ya se imagina qué servicio ha dado para la satisfacción de los rigores de la fortor.

saludos

El Pez Martillo dijo...

Ciertamente, los edificios abandonados también sirven para aliviar ciertas urgencias...

Por cierto, la foto que ilustra la entrada está tomada en Pipryat, ciudad ucraniana situada junto a la central nuclear de Chernobyl, desalojada en 1986 tras el desastre de la central. Haga una búsqueda en google, las fotos son espectaculares. Si un edificio abandonado impresiona, una ciudad entera lo es mucho más (y más si tiene esa siniestra arquitectura soviética).

Ahora mismo voy a leer su entrada.

Horrach dijo...

Bufff, me encantan las ciudades abandonadas. En realidad, como yo disfruto gozosamente con la melancolía, estas cosas me ponen. Le digo una cosa: casi preferiría que se dejara abandonado para siempre el Luis Sitjar antes que se intentara rehabilitarlo. De todas maneras nunca más tendrá la gloria pasada... y la desolación es tan hermosa.

Miraré lo de la ciudad. recuerdo lo espectaculares que eran esas imágenes de la capital de Camboya, abandonada por obra y gracia de los criminales jemeres rojos, comunistas para más señas. Todos al campo, donde murieron varios millones, a sumar a la larga lista de los amigos de IU.

saludos

Andres dijo...

Hola

Siempre me ha fascinado curiosear por este tipo de lugares...

http://www.kiddofspeed.com/

visitad este fotoblog... es de una tia que disfruta paseando por la zona evacuada cercana al accidente de chernobil con su moto y un medidor de geiger, toda una excursion.

El Pez Martillo dijo...

Hola Andrés, bienvenido, conozco esa página, aunque ha tenido alguna que otra polémica (al parecer, no es cierto todo lo que se cuenta, como que la tía fuera en moto, pero las fotos sí que son reales). Y tienes razón, estos sitios son fascinantes.