martes, 26 de febrero de 2008

Admiradoras


Un hecho llamativo de los grandes asesinos es que, cuando por fin han caído y se les ha encerrado en prisión, reciben numerosas cartas de admiración dirigidas por mujeres, que literalmente se les ponen en bandeja. Tal vez sea la combinación del aura del "chico malo" (que tanto parece gustarles a las mujeres) y el alivio de tenerlo neutralizado. O tal vez por el ansia redentora femenina (que las lleva a ser las que consigan cambiarlos). La cuestión es que el número de admiradoras parece crecer de forma paralela a la crueldad y el número de crímenes cometidos.

10 comentarios:

Horrach dijo...

Esto lo hemos hablado en alguna ocasión, pero está bien insistir, aunque sólo sea para romper alguno de los tantos mitos que circulan por ahí, en este caso el de la angelización de la mujer.

Recuerdo un documental que vi hace ya años que se basaba precisamente en este tipo de relaciones. La verdad es que la mayoría de las mujeres enamoradas de asesinos en serie eran unos callos lamentables que daban toda la pinta de no saber lo que era el sexo y que habían desarrollado un resentimiento muy fuerte contra su sociedad. Interpreto que por ese odio agasajaban a aquellos que precisamente estaban fuera de la sociedad de la que no podían formar parte ellas. Una forma de pataleo algo tonta, pero bueno. Lo curioso venía cuando aparecía una chica que estaba, no buena, sino muy buena. Era una rubia muy estimulante, bailarina de striptease. A diferencia de las otras, ésta tenía en la calle todas las opciones que deseara, pero sin embargo se fue a enamorar de un asesino de estos. Lo gracioso venía al final: a ella no le importaba que el chico fuera uno de los peores criminales de la historia de los EEUU, pero rompió la relación cabreadísima al descubrir que su noviete enrejado se escribía con otras chicas. Claro, que haya matado a cientoylamadre, bueno, tiene un pase, se puede disculpar, ¡¡pero que se cartee con otras, imperdonable!! Son la leche las ctónicas.

PENSADORA dijo...

Jejeje!
Tema candente donde los haya ¡si señor!.
Desde mi postura de mujer y en base a mi propia experiencia desarrollaré una hipótesis:
Las mujeres solemos tener la autestima más bien baja o con tendencia a la bajada. Este tipo de hombres antisociales, entre los que se cuentan los asesinos en serie o cualquier tipo de delincuente también suelen presentar características de persona muy apasionada. Terrible mezcla pues, una mujer en busca de todo lo que ella misma no puede proveerse y un hombre que sabe decir o hacer según qué cosas.
Sí resulta cachondo que sean mujeres bellísimas las que más tienden a caer en estos comportamientos, pero, no me extraña.
Mira tú! me he inspirado, pero estoy currando... dejaré el tema para cuando tenga más tiempo.
Saludillos!

Stones dijo...

Pues debo ser el elemento discordante, o no seré una ctónica "de pedigrí", pero no soy la madre Teresa de Cálcuta, ni me creo salvadora de determinadas personas. Y según pasa el tiempo me voy volviendo más egoista y mucho más exigente.

El Pez Martillo dijo...

Como ya lo hemos hablado y tendremos ocasión de hablarlo cuando queramos, no añado nada más alo que dice, Horrach.

Pensadora, lo de la autoestima es muy posible (creo que he escrito algo sobre eso en el blo, ya no lo recuerdo bien), y uno de los modos de aumentarla es hacer que el "malo" cambie, algo para lo que las mujeres parecéis programadas (para dominarnos y someternos, hacernos a vuestra manera). Tal vez esto explique el porqué muchas maltratadas se queden con sus verdugos de forma pertinaz.

Stones, a lo largo del tiempo he aprendido a no fiarme de las mujeres cuando dicen cosas como las que dices. Crees que funcionaria la cosa si fuérais cantando la estrategia a los cuatro vientos? Así, puies, nos intentáis engañar con rollos como el amor, los sentimientos y toda esa mandanga. Lo peor es que nosotros caemos como tontos.

Stones dijo...

Pobres hombres en manos de perversas mujeres....

PENSADORA dijo...

Huy madre!
No entraré en este debate de "a ver quién es el malo", si el chico o la chica pero, amigo martillofish, ¿por qué no considerar la posibilidad de que la cosa vaya de personas y no de sexos?.
Lo mismo que dices tú, pienso yo sobre los hombres, extraña coincidencia ¿no?, pues no, es más bien que habremos tenido vivencias parecidas en este sentido y eso nos lleva a conclusiones similares aún a diferencia de ser mujer u hombre.
Que nosotras intentemos dominar o someter y convertiros a nuestra conveniencia... bueno, admitiré que más de una hemos caído en el intento, infructuoso en la mayoría de los casos. La cuestión es querer a una persona tal como es y punto. También te diré que yo he sufrido el caso a la inversa, me han intentado dominar y cambiar, infructuosamente, por supuesto.
Ya ves, cosas de personas, no de sexos.

El Pez Martillo dijo...

No tergiversemos la cuestión, en ningún momento he introducido valoraciones morales ni he presentado a nadie como víctimas. No se trata de ser malos o buenos. Somos como somos y es lo que hay, pero ya veo que tenemos resortes y clichés muy interiorizados que saltan de forma automática a las primeras de cambio.

No me gusta hablar de personas, y, como dice el amigo Horrach, si hay alguna diferencia entre seres humanos, ésa es la que hay entre hombres y mujeres (ni piel, ni color de ojos ni rollos de esos...). Y que nadie interprete nada de esto, que no pretendo ni dominios ni denigraciones ni nada parecido. Simplemente aceptar las cosas.

La cuestión del dominio es otra cosa. Todo ser humano tiende a dominar a los demás, a hacerlos a su manera. Pero la mujer sabe hacerlo mucho mejor. El hombre, en general, es mucho más tosco en casi todo lo que hace.

Saludos.

Horrach dijo...

William Burroughs decía que hombres y mujeres son especies distintas. Lo suscribo.

Werewolfie dijo...

"(...) por todas partes una transexualidad microscópica, que hace que la mujer contenga tantos hombres como el hombre, y el hombre, mujeres, capaces de entrar unos en otros, unos con otros, en relaciones de producción de deseo que trastocan el orden estadístico de los sexos. (...) Eso es, las máquinas deseantes o el sexo no humano: no uno ni siquiera dos sexos, sino n... sexos (...) La fórmula esquizoanalítica de la revolución deseante será primero: a cada uno sus sexos." Deleuze, Gilles. El Antiedipo, Barcelona 2004 (1985), p. 305.

(Rabino Citón).

El Pez Martillo dijo...

Muy bien, Rabino, muy bien. Así me gusta, iluminándonos a todos con sus citas. Me gusta lo que dice Deleuze.

Yo tiendo a entender la cuestión masculino-femenino no tanto como algo biológico (que también), sino como principios metafísicos.