lunes, 16 de febrero de 2009

Über der Katalanische Sprache im Gesundheitswesen


Prosigamos con el asunto del catalán en la sanidad balear (mediana y mediocremente tratado en otras entradas), porque es de traca. Parece que las autoridades han cedido a algunas de las peticiones de los que protestaron (¿¿!!) y se montan cursos para que el personal pueda aprender y adquirir el nivel necesario y exigido para cada categoría profesional. Es lo menos que se podía hacer. Si el personal ha de tener un determinado conocimiento del idioma, qué menos que poner todas las facilidades para que el "objetivo" se alcance.

La consecuencia ha sido clara: todo el mundo apuntado y los cursos saturados. Y todo el mundo paseando libros de catalán por todas partes. De pronto ha estallado una psicosis de estudiar el idioma. La cuestión es que, por lo que sé, la cosa está en un limbo de esos administrativos tan divertidos que tienen como consecuencia que nunca se llegue a poner en marcha la medida (vamos, que viendo que han metido la pata en algo, los políticos dejan morir el asunto y aquí paz y después gloria, hasta que piensen que pueden resucitar la cuestión). O sea, que todos estudiando como locos algo que no se les llegará a pedir (al menos en los próximos años). Y nadie estudiando para las oposiciones propiamente dichas. Ni Gila, oiga.

Pero la cosa no acaba ahí. Echando la memoria atrás, recuerdo que uno de los argumentos que los sindicatos esgrimían para que el catalán fuera mérito y no requisito, era el de que así nos favorecían a los que sí tenemos el nivel de catalán requerido. Es cierto. Pero no me parece más que una triste estrategia que no aporta nada. Es apelar a un egoísmo (el de tener una ventaja) para salvaguardar otro (el de librarse del engorro y el atropello de tener que aprender un idioma por imposición). En cualquier caso, no tiene ningún sentido ir a la sede del gobierno con eslóganes en favor de una supuesta calidad asistencial ("en castellano o catalán, lo importante es calidad") para luego promover medidas que pueden ir en contra de esa misma calidad. Porque si de calidad laboral se trata, en las bolsas de trabajo se debería valorar lo relativo a la profesión, y no algo tan extrínseco como el idioma. Que sí, puede que alguien se encuentre más cómodo expresándose en un idioma u otro, y eso pueda ser un indicador de calidad, pero la fiebre es fiebre en catalán o en mandarín, y no se trata de idiomas tan distintos (y se supone que en un acto sanitario las dos partes han de tener el máximo interés en entenderse, por el bien de uno y por la profesionalidad del otro), aunque, claro está, cerrazón y estupidez puede haberla en todos lados (¿no es estúpido anteponer un derecho lingüístico a la propia vida?). También tenemos por aquí a multitud de turistas (e inmigrantes) que hablan otras lenguas y no andamos pidiendo conocimientos de alemán o inglés, por ejemplo (claro que ni el alemán ni el inglés son lenguas oficiales, de momento).

También los potenciales pacientes han movido ficha, y algunos se han manifestado recordando el derecho que tienen a ser asistidos en catalán. Teniendo en cuenta que, al menos en atención primaria, pueden escoger médico y enfermera, me parece un poco tonta la cosa (ahora bien, yo escogería un buen médico, sobretodo teniendo en cuenta que la mayoría de gente entiende a la perfección los dos idiomas). Vamos, que la cosa no es tanto de pacientes como tales, sino de pacientes política e ideológicamente dirigidos.

Y luego están nuestros queridos gobernantes y dirigentes, que deberían predicar con el ejemplo. Oírlos hablar es una buena forma de calibrar cómo se anda en conocimiento del catalán, porque a ningún otro grupo he oído tantos errores como entre los políticos. Hay cosas que duelen de oírlas. ¿no se examinan ellos del nivel que sea?. Pero claro, como los elige el pueblo...

El colmo fue el otro día, cuando, en una mañana de esas tranquilas, se nos ocurrió revisar los impresos del hospital, muchos de ellos en catalán. El resultado fue más que esclarecedor. Faltas por todas partes. Los debió escribir alguien que no tenía el nivel que tocaba. Y es que si hemos de exigir cosas, más vale que sepamos estar a la altura y dar más de lo que exigimos. Noblesse oblige (o, para que lo entiendan según que entes, que no han parado de repetirlo en los últimos tiempos: Vergonya, cavallers, vergonya!!!).

2 comentarios:

Guillermo Merino dijo...

Felicidades por el blog. Lo encontré de casualidad buscando cosas sobre Pipryat. Me ha sorprendido tanto la forma que tienes de describir la ciudad como tu blog en general. Y mucho más al verlo presidido por la imagen de una de las obras de Giger. Definitivamente volveré a pasarme.

Un saludo.

El Pez Martillo dijo...

Gracias por tus palabras, Guillermo. Esta es tu casa, entra cuando quieras.

La foto de Giger la hice yo mismo en una exposición que se hizo hace un año y pico en Valencia (si no ando descaminado, la única que se ha hecho sobre su obra en España). Casualmente yo estaba por allí y la vi.

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