Será cosa de la edad, pero ya no entiendo muchas cosas de las que pasan. Algunas ni las quiero entender, me dan absolutamente lo mismo. No conecto con las modas y los gustos más recientes. Incluso la gente joven ya me parece muy ajena y no suscitan ningún interés (ni simpatía ni antipatía). Y no me importa. Supongo que es así como poco a poco nos vamos yendo del mundo, que ya ha empezado el proceso de retirada y que llegará un punto en que todo dará igual, incluso el mismo hecho de vivir vivir. Entonces será cuando esté preparado para morir.
martes, 20 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
El árbol de la vida
En ocasiones me gusta pensar que hemos muerto varias veces. Que aquella vez que me caí con la bicileta, aquel vahído que me dió hace quince años, aquellas anginas que me llevaron hasta los 41 grados de fiebre... fueron muertes mías. Serían estos instantes bifurcaciones vitales, puntos en los que la biografía toma dos senderos: en uno de ellos morí, en el otro no y hasta aquí he llegado.
Cuando así me da por fantasear, veo la vida como un árbol, con desvíos y ramificaciones: todos menos uno conducen a sendos callejones sin salida. Uno de ellos, sin embargo, se eleva sin descanso (o debería ascender, ya que si algo hemos de buscar en la vida, es la elevación). Por lógica llegará un momento en que sí viviré la muerte y llegaré a uno de los puntos finales. Pero quizás haya más bifurcaciones en las que se sigue viviendo hasta edades o estadios vitales insospechados.
miércoles, 14 de noviembre de 2018
Vindicación del entierro
Noviembre, mes de difuntos. Hablemos de sus asuntos. Como vivo, debo confesar que ese mundo me es ajeno. No sé nada de lo que pueda ser estar muerto, si es que es algo. Por eso es mejor que nos refiramos a lo que queda de nosotros en este mundo cuando nos marchamos al otro: nuestro cadáver. De un tiempo a esta parte se está popularizando la incineración, algo muy sintomático de nuestra época aséptica y acomodaticia. El fuego purificador nos reduce a cenizas y te puedes llevar al finado a casa, ahorrándote visitas al cementerio. Si le añadimos criterios económicos al procedimiento (parece que cremar es más barato que enterrar), completamos el círculo moderno.
Aquí queremos reivindicar el entierro y la podredumbre: la lenta descomposición (que requiere meses y años) frente a la evaporación. El servir de pasto a los gusanos y de abono a las flores. Que los restros de uno puedan ser encontrados en el futuro y servir de algo a las futuras generaciones. La melancolía del camposanto, el poder generar bonitos fuegos fatuos. No querría para nada el embalsamamiento, o a lo mejor sólo un toque, para prolongar un poco la descomposición.
Definitivamente, que me entierren. Un fardo y una pala. No hace falta mucho más (aunque claro, las ordenanzas y leyes varias seguro que se encargan de complicar el asunto, de tecnificarlo y burocratizarlo). El fuego, para los herejes. No vaya a ser que al final tengan razón los del Juicio Final y no podamos resucitar. Aunque claro, con estas cosas igual Dios no tiene muchas razones para colocarme en la lista de resucitables y al final acabo cremándome en el infierno después de haber sido enterrado (en ese caso sería un dos por uno).
viernes, 9 de noviembre de 2018
La llamada
Hay en todas las cosas un reclamo, una llamada que espera ser respondida. Las cosas en sí son esa llamada. Sólo es cuestión de sintonizar y permanecer a la escucha, saber captar esa emanación, ser sensibles a ella. Para ello, quizás haya que desprenderse de uno, despojarse y permitirnos ser emanación, liberarnos de los muros que nos lo impiden. Claro que entonces ya no es una simple escucha, sino una comunión.
domingo, 4 de noviembre de 2018
Maria Arnal i Marcel Bagés. Ball del vetlatori
Para ilustrar el reciente día de difuntos traigo esta canción de velatorio. Se trata de una tonada que recuerda los antiguos velatorios de niños. Resulta que antaño, a los niños menores de 7 años que morían se los velaba durante varias noches, cantando y bailando. Incluso se llegaba a bailar con el cadáver. Se creía que así el alma del niño se convertía en un ángel protector para la familia.
Hace unas semanas acudí a verlos en directo. Interpretaron esta canción y explicaron su origen y significado. Se hizo un silencio denso y sepulcral. Tanto, que terminaron y pasaron unos instantes hasta que alguien se atrevió a iniciar los aplausos.
sábado, 3 de noviembre de 2018
Niños adultos vs adultos niños
Me resultan siniestros esos programas de televisión en los que vemos niños haciendo cosas más propias de adultos: cantar, bailar, cocinar (no es que los niños no lo hagan ni lo puedan hacer, sino que lo hagan con esa "madurez" y "profesionalidad"). A parte de que sean más o menos repelentes, siento al verlos que se les está explotando (las cadenas y sus progenitores). Y no sé, es perturbador ver a los niños como adultos pequeños y no como niños, haciéndoles adoptar actitudes adultas.
Esto contrasta con los comportamientos infantiloides de los que los mayores hacemos cada vez más gala. Se está produciendo un aplanamiento. No es que esos niños sean más maduros, es que a lo mejor somos nosotros que somos más infantiles.
viernes, 2 de noviembre de 2018
Los últimos
Se celebra a los pioneros: el primero en pisar la luna, el descubridor o el inventor de algo... pero nadie se acuerda de los últimos, a los que podríamos llamar "los postreros". El último en morir por la erradicada viruela, el último muerto en una guerra, el último antes de la llegada de algún cambio o avance... Hay en ellos una fatalidad mayor, una muerte en la orilla.
A la inversa, hay también una suerte aumentada cuando se es el último en beneficiarse de alguna ventaja que desaparece (el último premiado, el último en disfrutar de algún privilegio...).
No siempre el final en una sucesión temporal tiene porqué ser lo peor. Ni el inicio ser algo positivo. No siempre el último es el más tonto. Ni el primero el más listo.
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