sábado, 12 de mayo de 2018

Ecos de un sueño

Anoche te soñé. Por casualidad, me encontré contigo. Estabas feliz, radiante, preciosa. Te alegrabas de verme. No me reprochabas nada. Sé que fue un sueño, que el mundo real no es así. Pero me reconfortó. El eco de esa sensación se ha prolongado todo el día y se ha mezclado con el reagudizado dolor que se arrastra y marca las ojeras. A pesar de todo, ha sido agradable. 

Llega la hora de volver a la cama. De hacer una pequeña razzia en el imperio de Morfeo en busca de algún pequeño botín que llevar a la vigilia. Tal vez volvamos a vernos. Pero tal vez esta vez no sea tan agradable. 


viernes, 11 de mayo de 2018

Fetichismo

Tengo un bolígrafo que he usado en importantes ocasiones y para ellas lo reservo: exámenes (la oposición, la especialidad...) o firmas de documentos importantes (hipoteca...). Ahora lo he usado con la documentación para el depósito de mi tesis doctoral, de la que creo que llevo desde el principio del blog hablando, y que por fin me dispongo a depositar y defender. No es un bolígrafo especial (no es de marca, es uno baratero de publicidad) y no soy supersticioso: no creo que me dé suerte, sólo soy un sentimental.  

jueves, 3 de mayo de 2018

Maestros de la sospecha

Está muy bien sospechar de todo. Poner en solfa toda creencia y todo aquello que se cree firme y seguro. No hay que dar nada por supuesto. Pero toda sospecha que no empiece por uno mismo no va a ningún sitio y es un puro brindis al sol. 

No vale socavar cimientos para afirmar el propio. Lo primero que hay que derribar es el edificio propio. ¿Y quién está dispuesto a ello? 

domingo, 29 de abril de 2018

Sobre la prensa

Por mi labor profesional tengo conocimiento directo (trato con los protagonistas) de hechos que luego son relatados en la prensa. Y debo decir que casi nunca aciertan. En el hecho general sí (aunque no siempre), pero a la hora de dar detalles no recuerdo ninguna noticia que haya contado lo que sucedió con exactitud. A veces soy benevolente pienso que se trata de una estrategia, de una forma de proteger a las personas que se han visto involucradas en los hechos relatados. Pero otros días me indigno contra toda la profesión periodística. 

También he tenido que bregar con el acoso de la prensa, que se acercan como hienas en cuanto huelen sangre, sin importarles mentir o entorpecer la labor de terceros. 

Por eso pongo en cuarentena la actualidad relatada en la prensa y prefiero no opinar demasiado, puesto que no creo que se nos esté informando con veracidad. Sinceramente, si no son capaces de explicar cosas cercanas de las que publican fotos y vídeos, dudo que tengan alguna credibilidad respecto a hechos más complejos de los cuales hay una zona de penumbra imposible de dilucidar. Y aunque a veces lo parece, no quiero caer en la conspiranoia de acusarles de querer generar un estado de opinión al servicio de oscuros intereses (¿o sí debería?). 

Simplemente epojé, suspensión del juicio. No opinar, aunque a veces todo el entorno te quiera forzar a ello. Y si se hace, poniendo por delante la posibilidad de que las cosas no sean como nos las cuentan. Dudando, siempre dudando. Porque creer a alguien a pies juntillas y no cuestionarlo es otorgarle un poder excesivo, y no estamos como para ir regalando poder. 

Aunque la verdad, tampoco creo que se trate en el fondo de relatar lo que sucede (en el mero hecho de seleccionar qué se publica y qué se deja fuera ya hay un sesgo), sino más bien en dar alpiste, en alimentar opiniones que en realidad ya están formadas de antes. Nutrir un nicho de mercado, porque en el fondo la prensa en un producto que se vende y que ha de subsistir. Es decir, lo que hay que hacen es encajar la realidad en la opinión.  

martes, 24 de abril de 2018

Doma

Ni mantener encerrado al monstruo ni liberarlo vale. Ambas opciones son un suicidio. Sólo cabe domarlo, otorgarle cauces para que salga alguna vez de paseo. Pero la doma también es peligrosa y puede ser destructiva, hay quien se ve arrasado por una bestia que no puede controlar de ninguna manera. Puede que parte del mérito esté en que se crea libre sin que lo sepa. 

sábado, 21 de abril de 2018

Más sobre la Diosa blanca


Los movimientos new-age que proliferaron a partir de los sesenta con una espiritualidad low-cost se apoderaron de las tesis de Robert Graves y han propagado una imagen idílica de ese pasado regido por un benefactor matriarcado y una diosa dulce y mágica. Una Edad de Oro que se vio truncada por el malvado patriarcado y la conspiración de los hombres, celosos de ese poder (en realidad, la tesis que se maneja es algo más prosaica: una invasión de pueblos patriarcales que impusieron sus costumbres). Nada más lejos de la realidad. Porque sí, la Diosa era dadora de vida y cuidaba de sus criaturas. Pero a su manera. Y su manera era ambivalente y cambiante como pluma al viento. También era la diosa de la muerte y señora de los infiernos. En sus rituales exigía sacrificios humanos, descuartizamientos de bebés, cacerías sexuales... Uno de sus apelativos o manifestaciones era "la sanguinaria". Poca broma con la Diosa. 

Una curiosidad con vocación polémica: Graves sugiere que una de las manifestaciones que a día de hoy aún perduran del culto a la Diosa son ¡las corridas de toros!. Originarias de la antigua Creta, su significado sería el del destronamiento y sacrificio de un rey mitológico (el toro) a cargo de la Diosa (el torero, que en un primer momento era una mujer). Desconozco si Graves se manejó con rigor, pero de ser así, resulta muy llamativo. 

martes, 17 de abril de 2018

La Diosa blanca

Ando con La Diosa blanca de Robert Graves, ensayo misterioso, arduo y por momentos tedioso, pero al mismo tiempo hipnótico y sugerente. A través de una en apariencia caótica avalancha de datos mitológicos de distintas culturas y épocas, Graves nos intenta mostrar que hubo un primitivo culto a la diosa, a lo lunar femenino, que fue desbancado por las invasiones arias y sus religiones solares que dieron origen a la cultura griega clásica. Sin embargo, el influjo de la Diosa se mantuvo en muchas costumbres y creencias y ha seguido permeando toda la cultura incluso ya en época cristiana. En concreto, fueron los poetas (él habla de los bardos gaélicos medievales) los que se encargaron de transmitir la vieja fe, cifrándola en sus versos a través de referencias a animales y árboles que en sus referencias mutuas y entrecruzamientos establecían una división del tiempo en el que se desplegaba el dominio de la Diosa (cada árbol y animal simbolizaba los distintos meses y estaciones). Incluso los distintos alfabetos son relacionados por Graves con el viejo culto, según el cual cada letra tenía su significado.  

Aunque esta es la idea de fondo, en ningún momento lo llega a dejar explícito, sino que se deja entrever en medio de la maraña de datos que se derrama como una catarata: referencias a mitos, deidades, leyendas, tumbas... todo está al servicio de la historia de la Diosa, que en su naturaleza variable y proteica fue adoptando distintas formas (incluso masculinas) en cada época y lugar.  Y Graves no lo acaba de aclarar, pero según va avanzando la lectura, uno llega a sospechar que en su ensayo hace un ejercicio poético análogo al que describe cuando habla de los poetas galeses medievales: que dice sin decir, de forma velada y alegórica, salvando la cara a la Diosa de la única forma posible, que es ocultarla. Pero no porque se las tenga que ver con las fuerzas enemigas de los dioses solares, sino porque la Diosa es así: se oculta y no hay forma de aprehenderla, ama los velos, y todo aquél que quiera desvelarla está abocado al fracaso (entre otras cosas porque la claridad y la razón son algo masculino y patriarcal).

Por poner alguna pega, diría que está escrito hace varias décadas (principalmente en los años 50), y puede que algunas teorías hayan quedado desfasadas (cosa que desconozco y tal vez sería conveniente investigar). Del mismo modo, se habrán hecho descubrimientos que tal vez refrenden las hipótesis de Graves (o que las rechacen). Por otra parte, me atrevería a sugerir que lo que hace Graves es actualizar y llevar al terreno histórico (es decir, poniéndola en términos de una lucha efectiva en la prehistoria entre pueblos representantes de ambos principios) la dialéctica de lo apolíneo y lo dionisíaco. En cualquier caso, se trata de una lectura evocadora y sugerente, abierta a interpretaciones y relecturas diversas.