sábado, 20 de diciembre de 2008

Philia


Me doy cuenta de que he hablado poco de la amistad en el blog, y me extraña, ya que es algo que valoro de forma excesiva. Tener buenos amigos es vital. Es casi una relación sagrada entre los seres humanos (casi más que las relaciones de pareja, que implican servidumbres que nunca toleraríamos respecto a los amigos, sin que por ello los tengamos en menos estima). Ahora bien, el título de amigo se otorga muy a la ligera, confundiéndose con simples "relaciones cordiales". Un amigo es alguien especial y distinguido, no un mero cualquiera con el que te llevas bien. Tampoco es alguien con quien solo sales de marcha. Ni algo que coleccionar, en una estúpida competición con los demás por ver con cuanta gente se relaciona y superarlos en número. Por norma general, valoro más a aquel que tiene unos pocos amigos que el que presume de amistades en todas partes. Si tendemos a tener pocos enemigos (y para la enemistad vale lo mismo que para la amistad: no basta con que nos caiga alguien mal o haber tenido algún roce), lo mismo debería ocurrir respecto a la amistad. Pocos amigos, pero buenos. Lo cual, por supuesto, no es menoscabo para llevarse bien con el resto del personal, claro, ni para estar abierto a nuevas incorporaciones al grupo de amigos.

3 comentarios:

Horrach dijo...

Esto es como todo, mejor la calidad que la cantidad, y sí que es cierto que el personal (sobre todo en nuestro ámbito mediterráneo, que tanto tiende a la sociabilidad) suele presumir de cantidad de amigos como si eso indicara que uno es mejor que los demás. Si de alguien podemos llegar a saber más de lo que aparente en sí mismo cuando conocemos a su pareja, más podemos llegar a conocerlo con el tema de sus amigos.

El Pez Martillo dijo...

No sólo respecto a su amigos podemos saber cómo es alguien, sino a como vive y expresa la amistad, y en como los trata, claro.

PENSADORA dijo...

Aquí estamos de acuerdo también.

Amigos, los cuento con menos dedos de los de una mano. Conocidos, muchos.

Besicos!