viernes, 12 de diciembre de 2008

Nietzsche, Wittgenstein y el silencio


En mis lecturas nietzscheanas, me sorprendo al leer en la primera frase del prefacio a la segunda parte de Humano, demasiado Humano (que comprende sus obras Opniones y sentencias varias y El caminante y su sombra) lo siguiente:
"No se debe hablar sino cuando no cabe callar"

Lo cual, inevitablemente, me lleva a recordar a Ludwig Wittgenstein (1889-1951) y la famosa sentencia final del Tractatus logico-Philosophicus:

"De lo que no se puede hablar, mejor es callarse"

Ambas sentencias, de muy similar estructura, apuntan a un ámbito, a un algo del cual no se puede decir nada, ante lo único que cabe hacer es callarse. Los dos pensadores señalan la inasibilidad de ese algo, y la imposibilidad de ser volcado al lenguaje (a cualquier lenguaje, en tanto que sistema de signos simbólicos). Sin embargo, el no poder decirlo no quiere decir que no podamos tener un acceso a ello, si bien este acceder no sería comunicable de ninguna manera. ¿O sí? Porque parece que una parte importante del pensamiento que viene desde finales del XIX intentan, si no hollar el territorio del silencio, sí al menos rodearlo, tantearlo, buscar resonancias o ecos en él, sospechando que ahí se esconde alguna clave. La poesía ha sido planteada como un medio lingüístico de acceso, o al menos como la forma de abrirnos a la experiencia del silencio. Y el arte, por otras vías, también ha intentado a veces acceder ahí.

La cuestión es hacer un hueco al silencio, al ámbito del callar, porque tan habituados al ruido, a la interferencia del lenguaje y las músicas de la cotidianeidad, que no concebimos al silencio más que como una Nada, como ausencia de y vacío, cuando se trata más bien de un vacío pleno, sobre el cual se desliza el lenguaje. Y con él, todo lo demás.

8 comentarios:

PENSADORA dijo...

Bonito post, ¡si señor!.

El Pez Martillo dijo...

Danke!

Horrach dijo...

Es curioso que nunca hubiéramos leído, usted y yo, ninguna referencia sobre ese paralelismo nietzscheano-wittgensteiniano. Una de dos: o leemos poco, o simplemente poca gente se ha dado cuenta de esa relación.

A muchos autores se les suele atrubir alguna reflexión que no es enteramente original. Por ejemplo, se le atribuye a Hobbes el famoso 'el hombre es un lobo para el hombre', cuando en realidad la frase textual procedía creo que de Plauto.

Es tan vasto ya el conocimiento en nuestro mundo que uno podrñia escribir un libro lleno de citas y costaría cierto tiempo desenmascararlo.

El Pez Martillo dijo...

No estoy demasiado puesto en trabajos sobre autores, como buen vermaliano que soy, intento acudir a los textos originales, sin intermediación de comentaristas. Ahora bien, me extrañaría que nadie se haya enterado de esta sospechosa similitud.

Un día de estos tendría que acudir a los originales en alemán, a ver si en VO la semejanza se mantiene (tal y como está el patio podría ser que las dos frases se parecieran únicamente en la traducción castellana, hecha por dos personas distintas). Por cierto, ¿no hay una ediciṕon bilingüe del Tractatus?.

Horrach dijo...

Sí, yo la tengo a esa edición bilingüe (es que el Tractatus es tan breve, que si no sale en los dos idiomas se queda el nada), creo recordar que es de Alianza.

El Pez Martillo dijo...

Bueno, pues ahí van las frases en Alemán.

Primero la de Nietzsche:

"Man soll nur reden, wo man nicht schweigen darf."

Y la de Wittegenstein:

"Wovon man nicht sprechen kann, darüber muß man schweigen."

Se me ocurren algunos matices que señalar, como que el "muss" wittgensteniano es mucho más fuerte que el "darf" nietzscheano (implica una fuerza mayor, algo así como un deber fuerte, mientras que el darf sería algo más laxo, como un "tener permiso"). Así a bote pronto y con el limitado alemán que sé no se me ocurre mucho más que decir.

Horrach dijo...

Para estar seguros, mañana le podríamos consultar al Tiger, no le parece?

Kaniechna dijo...

Si me permiten la intromisión "sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas..." Borges, de El inmortal....quizá alguno de ustedes haya tenido la virtud de recordarse siendo Wittgenstein