martes, 15 de septiembre de 2009

Kiliedro: Enriqueta Martí


Cuando los niños se portan mal se les amenaza con el hombre del saco. En apariencia, se trata de una figura imaginaria con la cual corregir el comportamiento de nuestros infantes metiéndoles miedo. De este modo, poco a poco, hacemos que interioricen el temor y la previsión de las consecuencias de los propios actos, estableciendo resortes psicológicos que nos serán de mucha utilidad en el futuro. Pero se trata tan sólo de una apariencia, porque la historia nos habla de varios hombres del saco. Obviamente, no se dedicaban a perseguir a los niños traviesos, sino que se trataba por norma general de mendigos y gentes humildes que raptaban criaturas, a menudo por encargo, con el fin de extraerles la sangre y los untos con el fin de elaborar ungüentos y bebedizos de supuestas propiedades curativas.

España cuenta con varios hombres del saco (o sacamantecas, como eran conocidos popularmente), que vivieron una edad dorada en el siglo XIX e inicios del XX. Todos ellos tienen un aura siniestra e historias rocambolescas sobre las que se podría escribir mucho. Sin embargo, por extremo , el personaje que pretendemos evocar es una mujer, una auténtica hechicera y psicópata que sembró el terror en la Barcelona de principios del siglo XX (cometió innumerables crímenes y el sólo hecho de ser una mujer ya le otorga una luz especial, por ser menos frecuentes las féminas en la nómina de los asesinos).

Prosigue aquí

4 comentarios:

Julio dijo...

Estimado Pez

Interesante la historia esa del 'hombre del saco' con la que me trataron de amedrentar de pequeño, no se si con eficacia o no.

En lo que no estoy muy de acuerdo es que esos métodos de asustar e inculcar el miedo ante la comisión de supuestos actos, llámemoslos 'malos' o peligrosos, sea un método aconsejable para educar a los niños.

Un saludo

El Pez Martillo dijo...

Pues, que yo recuerde, a mí no me intentaron asustar con el hombre del saco.

Lo de la educación venía sencillamente porque de lo que se trata es de hacerse conscientes de que los actos tienen consecuencias. A los niños, que son más bien impulsivos e irracionales, hay que ponerles "consecuencias" que puedan superar esos impulsos e irracionalidad.

En mi experiencia con niños (trabajo con ellos) he aprendido que lo más eficaz es asustarlos, al menos de forma temporal y para fines concretos. Aunque bueno, ahora que lo pienso, con los adultos pasa tres cuartos de lo mismo...

Douce dijo...

Estimado Pez,

Yo también he trabajado, durante más de 40 años, con niños y adolescentes. He tratado de corregir o indicarles las consecuencias de sus actos procurando razonar. No siempre lo he conseguido, es cierto, pero al menos lo he intentado.

Nunca he tratado de 'asustarles' y sobre todo no engañarles ni con 'hombres del saco', ni 'premierles' con 'reyes magos'.

Pero, en fin, cada cual tiene su pedagogía.

Un saludo

El Pez Martillo dijo...

Es que, Douce, por mucho razonamiento que se aplique, al fin y al cabo, si se quieren evitar las consecuencias de las cosas, es porque las tememos. En último término siempre hay un resorte de miedo, por mucha retórica que le queramos poner.

Y por supuesto, no se trata de engañar ni nada de eso (a mi no me gusta engañar a los niños, de hecho, algunas veces me han reprochado precisamente el decirles las cosas sin rodeos y tal como son, sin dulcificar ni tratarlos como si fueran tontos).

Por otra parte, como demuestra el texto, lo del "hombre del saco" no es una mentira, sino una prevención, porque es evidente que hay gente que se ha dedicado y se dedican a estos menesteres (y habría que usarlo, no para evitar que se porten mal, sino para que no se vayan con extraños).

Saludos.

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