miércoles, 31 de julio de 2019

Chapter 27: el abismo de Chapman

He visto Chapter 27, relato desde la mente de Mark David Chapman de los tres días anteriores a que matara a John Lennon. De sus pensamientos y movimientos en esas horas. De cómo estuvo mordeando el edificio Dakota en Nueva York junto a otros fans, ansioso por encontrarse con su ídolo. De las relaciones que estableció con esas gentes (en concreto con una chica y un fotógrafo, que hizo la foto que ilustra la enytrada, en el momento que el Beatle le firmó su último disco, Double Fantasy), del momento de la firma y el asesinato unas horas después. De El guardián entre el centeno (el libro del que Chapman jamás se separaba) y Holden Caulfield. De su desequilibrio mental. 

Es un retrato inquietante y desasosegante de unos de los crímenes más impactantes e incomprensibles del siglo XX, desde la perspectiva del asesino. No se trata de angelizarlo, sino de mostrar ese lado y arrojar algo de luz (una luz muy oscura). Aunque se peuda hacer pesada por momentos, resulta hipnótica y capta la atención. La interpretación de Jared Leto es inquietante (así como su transformación física, que lo hace irreconocible), pero lo más escalofriante viene en los créditos: el actor que interpeta a Lennon se llama Mark (Lindsay) Chapman. 

Como fan (más de los Beatles que de Lennon en solitario), tenía que verla y estaba en la lista de espera. Aunque sea un tema desagradable que hay quien evita, es preciso asomarse a estos abismos.

lunes, 29 de julio de 2019

De la pérdida temprana

Jóvenes que mueren en los primeros pasos de la vida, justo cuando se empieza a abrir el abanico de decisiones que la van a ir configurando y haciendo única. Son muertes dramáticas que marcan a sus familiares (sobre todo) y amigos. Éstos se harán un hueco en el mundo, encontrarán nuevos amigos y seguirán su periplo vital con mayor o menor fortuna. Pero continuarán. Y será imposible que los progenitores de los desaparecidos no vean en ellos su estela, lo que podrían haber sido, imaginando cómo serían de haber llegado a la misma edad. Igualmente, en los que quedan hay un cierta misión de llevar a cabo y cumplir de alguna manera simbólica esas vidas que se truncaron demasiado pronto. Sobre todo ante esos padres, que puedan enorgullecerse en cabeza ajena, aunque resulte doloroso. 

lunes, 22 de julio de 2019

Hablar de política

En ocasiones, en estas fases de bloqueo/sequía/pereza, me entran ganas de, para dar un poco de vidilla al blog, escribir sobre los asuntos políticos que entretienen al personal. Pero en seguida se me pasa. La política es una actividad ebrutecida y embrutecedora. Al menos la política de escaños y estrados, con sus partidos, adhesiones, consignas y vetos. Ese camino mejor no transitarlo. Habrá quien acuda al lema según el cual todo es política. Y no lo niego, pero de ahí a que todo tenga que pasar por los partidos y sus cuitas hay un trecho bien gordo. Porque de eso viven, de intentar fagocitar la realidad toda, asaltando espacios que sí, son políticos, pero que deberían ir más allá de ellos. Se produce de este modo un empobrecimiento, una tala de matices, una jibarización del mundo. Una cerrazón y un imponerle esquemas, en devinitiva. Y creo que es mejor estar abiertos y receptivos a lo que hay ahí fuera, sin pretender encorsetarlo ni enconrsetarse. Sólo así, y en el juego,  hay libertad. 

En estos momentos se está celebrando un debate de investidura en el congreso de los diputados, pero no esperen que haga ningún comentario al respecto. 

domingo, 23 de junio de 2019

La burbuja del ego

Ego por todas partes. Todo el mundo afirmándose. Porque lo valen. Y porque se han creído que esto es una guerra en la que hay que vencer sí o sí. Todo son afrentas y desafíos. Son tiempo anodinos en los que falta épica y se busca la emoción en cualquier menudencia, a veces hasta extemos grotescos. Cada vez somos más incapaces de tomar distancia de nostros mismos y diluirnos, de desprendernos. Como mucho nos escondemos tras máscaras desde las que nos proyectamos, a menudo movidos por temores impulsados por esa épica a la que parece que apelamos de forma continua. 

Oigo estupefacto a las jóvenes promesas hablar de la creación desde la experiencia, que hay que hablar de lo que se ha vivido y masticado (aunque sea en boca de otros personajes). Y veo cómo a menudo se es incapaz de comprender que lo que antaño se ha creado no es una opinión o vivencia de quien lo haya creado. A mucha gente no le cabe en la cabeza que no se pueda escribir e incluso opinar en contra de las ideas y pensamientos propios. Todo se convierte en catecismo de las creencias y afirmación del ego, que se muestra así débil. Cualquier andamio que sostenga y refuerce ya viene bien, y lo peor es que esa prótesis externa acaba internalizándose y creyendo que es algo íntimo. 

Burbuja egoica. Pinchémosla opinando contra nosotros mismos. Cuestionándonos. Poniéndonos en la picota. No nos achantemos ante la contradicción. Reivindiquémosla. Traicionémonos. Juguemos. Porque esto no es una guerra. Es un juego y no hemos venido a ganarlo, sino simplemente a jugar. 

martes, 11 de junio de 2019

Virgen

Que todas las veces sean una primera vez. Acercarse virgen a las cosas. ¿Cómo es posible, si es que lo es? ¿Imbuyéndose con más intensidad en ellas, sumergiendonos y buceando con los cinco sentidos (y algunos más)? ¿O desprendiéndonos del bagaje previo? La pregunta obvia es el cómo, y si vale la pena deshacerse de lo previo para abrazar mejor lo nuevo (que en realidad no lo es tanto). Sin duda, lo ideal sería retener ambas tendencias. Pero, ¿desde qué instancia es eso posible? ¿Es necesario el esfuerzo, aunque sólo sea para que unas pocas personas, y en unos pocos instantes logren un atisbo de esa intensidad de las primeras veces? 

martes, 28 de mayo de 2019

Mesías

Recoge Nietzsche la vieja leyenda según la cual al morir Buda, su sombra se siguió viendo en una cueva durante siglos. La imagen la usa para advertirnos de que si bien Dios ha muerto, de alguna manera sigue pululando algo suyo por ahí. Vale también la imagen de las estrellas ya extinguidas que seguimos viendo debido a que son tan lejanas que su luz aún nos sigue llegando. 

Puede que en algunos niveles haya quien se haga la ilusión de haberse liberado, de que las divinidades y toda su cohorte de prodigios, fuerzas y poder son cosas del pasado ya superadas. Que se erijan como adalides de una nueva humanidad libre. Pero en alguna región seguimos sintiendo la orfndad. Quizás nunca se deje de sentir y siempre haya estado ahí siempre. Puede que hay sido el impulso que nos haya llevado a creer en dioses. Pero lo que Nietzsche pone sobre la mesa es que el tiempo de los dioses ha pasado, que ya no nos bastan para cubrir ese vacío, que ahora se abre en todo su pavoroso esplendor. Vacío. Nada. Ese es el panorama. Hasta el momento se ha intentado tapar el hueco con ficciones que han funcionado, pero que también han puesto en marcha dinámicas que han conducido al desvelamiento. No parece ser el momento de crearnos un nuevo Dios (no hemos sido capaces de generar ninguno nuevo durante siglos), pero hay cierto impulso hacia ello. Se buscan sucedáneos que no están a la altura. Como tapar la luz del sol con la yema del pulgar, se pretende cubrir esa nada con un tapón de corcho. 

Nietzsche ya advirtió que la ciencia o la política (todos los -ismos que ya surgían en su época, y los que habrían de surgir) eran sucedáneos de este tipo, y que muchos irían surgiendo. Es llamativo cómo se comporta mucha gente, que pareciera que están esperando al Mesías que les llevará al paraíso terrenal. Se ve en la devoción que se manifesta a algunos partidos políticos, a los equipos de fútbol y sus líderes, a tipos populares e incluso a personajes de ficción. Hay mucho vacío que busca ser rellenado, y ya no tenemos ni dioses para rellenarlos, que al menos tenían una grandeza de la que se carece. 

Tal vez sería mejor no dejarse llevar y convivir con la nada, jugar con ella. Morar los desiertos y los abismos de los subsuelos. Deshacernos (violentamente, si hace falta) de todo impulso que nos conduzca a seguir y adorar a alguien como guía. Es la enseñanz de Zaratustra, que se pasa todo el libro apremiando a los discípulos que le van surgiendo para que le abandonen, y al final siempre acaba siendo él el que los rehúye y los deja a su suerte. Y por supuesto, si hay que huir de los mesías que nosotros mismos nos creamos, en mayor medida hay que huir de quienes se nos presenten como tales. 

No. Ya no hay nadie a quien seguir. El horizonte está abierto y la perspectivas son mucho mayores. ¿Y qué hago yo aquí hablando de Nietzsche y su Zaratustra? 

domingo, 26 de mayo de 2019

León Benavente. Como la piedra que flota

León Benavente están de vuelta. Tras dos celebrados LP y algún EP, anuncian su tercer disco y de él sacan este nuevo tema, en el que se reconoce su estilo, pero que tampoco lo es del todo. Hay algo de evolución, pero lo esencial se mantiene: una poética muy suya y reconocible en las letras de Abraham Boba, y un sonido contundente que anticipa un potente directo (que lo es). Y además, cuenta con la colaboración de María Arnal, que enriquece el tema con su voz.