jueves, 20 de septiembre de 2018

Arte de protesta

Hay entre muchos artistas un exagerado prurito de estar concienciados y que sus obras de arte sean un acto de protesta: "épater le bourgeois", sacudir conciencias y "yo soy rebelde porque el mundo me hizo así". De este modo puede que se ganen algunas portadas si logran el escándalo, y también el aplauso de algunas instancias que les otorgarán algo de fama y, quién sabe, igual les cae algún carguito desde el que seguir jugando el juego de la revolución (comisario de exposiciones, la dirección de algún museo, y en el peor de los casos puertas abiertas para sus trabajos...). Pero seamos sinceros, este tipo de obras tan pegadas al mundo vienen con su propia fecha de caducidad, como cualquier producto de supermercado. Más que arte, son crítica más o menos estéticamente apañada, que muy probablemente llegue un día que nadie entienda (si es que hay alguien que las entiende ahora) y sean o una curiosidad o simplemente hayan desaparecido en el sumidero del tiempo. 

El verdadero arte, creo, expresa los grandes conflictos y anhelos de la humanidad, y eso es lo que lo hace intemporal (atemporal más bien). Habrá que ver cuántas obras actuales se disfrutarán dentro de 2500 igual que hoy disfrutamos las tragedias griegas, por ejemplo. Evidentemente, el elemento crítico está ahí y es un recurso a la mano (lo hay en grandes obras inmortales), pero no debe resultar demasiado estrepitoso. Debería ser una lluvia fina de esa que llaman calabobos. Pero en los tiempos lapidarios del usar y tirar, el zasca tuitero y las grandes imposturas, me temo que es demasiado pedir. 

viernes, 14 de septiembre de 2018

El eterno retorno de lo mismo

Dice el tópico que la historia se repite, pero hasta anoche no he sido consciente del grado en que esto es cierto hasta en los más mínimos detalles. Da vértigo y asusta. Mientras lo vives no eres consciente, pero a posteriori es un shock. 

jueves, 13 de septiembre de 2018

De los falsos doctores

Estoy a menos de unsa semana de defender mi tesis doctoral y estalla todo el escándalo de los políticos con dudosos másteres y doctorados. Todo este asunto es muy sintomático: en primer lugar, de la titulitis que padecemos. Hay que sumar diplomas y abultar currículums, de cualquier forma. Hay que hacer puntos en las bolsas de trabajo, y todos se han apuntado a sacar diplomitas y titulitos (universidades, sindicatos, fundaciones...) para aumentar ingresos. Lo veo en mi trabajo, hay una auténtica competición por hacer postgrados que faciliten escalar puestos en las listas. 

Por otra parte y como consecuencia, los estudios ya no son lo que eran. Entre pitos y flautas habré estado más de veinte años vinculado a la universidad, y el bajón en el nivel (tanto de contenido como de exigencia) es notable. Todo revestido de bonitas y modernas palabras, adaptado a las cosas de la eficiencia, la eficacia y todo eso. 

Pero vayamos al caso de nuestros políticos falseadores de currículum. Nos hemos tragado el anzuelo de la tecnocracia, y creemos que han de gobernarnos técnicos. De ahí que se esfuercen en malabarismos para hacernos ver que saben mucho. Y no. Los técnicos han de estar en los cargos intermedios y algo más arriba quizás. Los dirigentes, los que salen en la tele y a los que votamos, esos han de saber captar el pulso de la calle, darle cauce, valorar, ponerlo en manos de los técnicos y darles impulso. Aliviar tensiones, contrapesar, establecer criterios directores y marcos generales. Y eso no se enseña en ninguna institución ni lo otorga ningún diploma. 

 

martes, 11 de septiembre de 2018

Volver al cole

Estamos en fechas de inicio del curso escolar, y no ha podido evitar recordar con cierta nostalgia (quién nos lo iba a decir) todos aquellos cursos que empecé. La memoria se entreteje en torno a sensaciones: por un lado la tristeza de acabar las vacaciones y el verano, y por el otro las ganas de reencontrarte con tus campañeros, y una cierta incertidumbre por los nuevos contenidos que las asignaturas nos traían (¿serían fáciles o un hueso?). La cuestión se agravaba cuando teníamos que iniciar alguna asignatura nueva (música, inglés...), nos cambiaban profesores o pasábamos a otro ciclo diferente. Recuerdo con cariño aquel verano que se hizo tan largo pensando en aquella chica de la clase de A, que quizás ahora ande preocupada por el paso de los años, pero que en mi memoria sigue en plena pubertad y no lo sabe. También del día de ir a comprar los libros, la semana antes de empezar, que era como un aperitivo de lo que tenía que venir (y lo que pasaba en los días siguientes: el ceremonial de explorarlos, y sobre todo el de forrarlos). O esos primeros días que refrescaba y había que empezar a abrigarse un poco, que solían ocurrir en las primeras semanas de clase. 

Pero si hay algo que sigue ahí y no se borra, que siempre asociaré a la vuelta al cole son los olores de los nuevos materiales escolares: lapiceros, gomas, los propios libros, los cuadernos, la mochila, la clase limpia y vacía durante unos meses (a veces aprovechaban para pintar), el polvo de la tiza... Todo eso es lo que me evoca la vuelta al cole. 

viernes, 17 de agosto de 2018

Que cambien los demás


Es muy fácil mantenerse en la queja y esperar que sean los demás quienes hagan los cambios que a ti te convengan. A costa de terceros, te sientes fuerte y poderoso. Pero en no pocas ocasiones basta con dar el paso nosotros mismos, claro que en ese caso, nadie se percata y no has conquistado nada (no te has impuesto). Y quién sabe, quizás eso es lo que haya tras tanto vociferante. 

domingo, 12 de agosto de 2018

Mi cuestionario Proust


A Marcel Proust, cuando era joven, una amiga le envió este cuestionario con el que supuestamente se puede conocer algunos rasgos íntimos de las personas. Algunas revistas lo han rescatado para que gente famosa lo responda. Y como ando bajo de inspiración (más bien es pereza de volcar y dar forma a lo que en mi mente revolotea), pues ahí va para rellenar un poco. A nadie le interesa, lo sé, pero al menos es una forma de descubrirme a mí mismo algunas cosas que ni siquiera me había planteado nunca, así que adelante:

1. ¿Principal rasgo de tu carácter?
    Una muy segura inseguridad
2. ¿Qué cualidad aprecias más en un hombre?
    La inteligencia
3. ¿Y en una mujer?
    La inteligencia
4. ¿Qué esperas de tus amigos?
    Amistad (lo cual incluye lealtad, sinceridad...)
5. ¿Tu principal defecto?
    La tendencia a hacer chiste de todo y a atropellar al hablar. 
6. ¿Tu ocupación favorita?
    No estar ocupado: dolce far niente. 
7. ¿Tu ideal de felicidad?
    No tener interferencias para que mi mente vuele libre. 
8. ¿Cuál sería tu mayor desgracia?
    No tener nada que leer ni escuchar
9. ¿Qué te gustaría ser?
    No tengo grandes aspiraciones
10. ¿En qué país desearías vivir?
     En todos y en ninguno
11. ¿Tu color favorito?
      El rojo
12. ¿La flor que más le gusta?
      La amapola
13. ¿El pájaro que prefieres?
      El periquito (tuve varios de niño)
14. ¿Tus autores favoritos en prosa?
      Camus, Poe, King
15. ¿Tus poetas?
      Poe, Bécquer, Hölderlin
16. ¿Un héroe de ficción?
      Roland de Gilead, protagonista de La torre oscura, de Stephen King.
17. ¿Una heroína?
      Alicia, la del país de las maravillas.
18. ¿Tu músico favorito?
      En clásica: Beethoven o Wagner. En "actual": Bob Dylan, Leonard Cohen, Nick Cave. Imposible decidirse por uno. 
19. ¿Tu pintor preferido?
       El Bosco
20. ¿Tu héroe de la vida real?
      Mi abuela materna, a quien le pilló el inicio de la guerra de viaje en Barcelona, y se fue sola a pie hasta Francia. 
21. ¿Tu nombre favorito?
      Leire
22. ¿Qué hábito ajeno no soportas?
       Cerrar las puertas de un portazo
23. ¿Qué es lo que más detestas?
       Los ruidos de obras, me desquician de un modo que a veces me asusta
24. ¿Una figura histórica que te ponga mal cuerpo?
       Hitler, Stalin. 
25. ¿Un hecho de armas que admires?
      El desembarco de Normandía. 
26. ¿Qué virtud desearías poseer?
      La superposición cuántica: poder estar en todos los estados posibles a la vez. 
27. ¿Cómo te gustaría morir?
      De alguna manera en la que me entere de que estoy muriendo, a ser posible sin sufrir demasiado. Siempre he pensado que ya que no estuve cuando nací, quiero estar cuando muera. 
28. ¿Cuál es el estado más común de tu ánimo?
      Una melancolía con sorna
29. ¿Qué defectos te inspiran mayor indulgencia?
       Por lo general soy indulgente. Creo que no hay que juzgar ni condenar a nadie. Más bien intento comprender sus motivos. 
30. ¿Tienes una máxima?
      Auocomplacencias, las justas. 

Nota final: estas mismas preguntas, en épocas distintas de la vida, seguro que han de recibir respuestas distintas. Habrá que ir haciéndolo de tanto en tanto. 

martes, 31 de julio de 2018

El arte molesto

El otro día leí a alguien que en tono elogioso se refería a un artista (no recuerdo quién) diciendo que "molestaba a quien tenía que molestar". Curioso. En primer lugar porque no me queda claro que un artista, ni nadie, tenga que dedicarse a molestar (contra la retórica de quienes piensan que el arte ha de escocer, y si no lo hace, no vale la pena). Y en segundo lugar porque puestos a molestar, seamos molestos de verdad e incordiemos a todo quisqui. De lo contrario no se es rompedor ni revolucionario, tan sólo un adulador de aquellos a quienes no se molesta, que se regodean en la picazón de los otros. Además, la molestia debería ser un efecto secundario del arte (haz lo que te apetezca, y a quien no le guste, que no mire), no su fin. 

En cualquier caso, aquí valoramos a aquellos personajes que en una guerra pudieran acabar fusilados por cualquiera de los bandos en combate. Para qué tomar partido si podemos aspirar a todo.