lunes, 14 de julio de 2008

Jeff Buckley. Lover, you should've come over

Hay días en los que, vaya usted a saber porqué, músicas que uno está harto de escuchar, le golpean con toda su fuerza, como si fuera la primera vez. Entonces el impulso es oírlas una y otra vez, sin parar. Sin embargo, yo intento no hacerlo, sino que mi deseo es dosificarlas, no abusar de ellas, en un intento por mantener su magia, para que no se desgasten.

Algo así me está pasando con Jeff Buckley. Su voz y sus melodías constituyen todo un tsunami de melancolía, a pesar de su contundencia, y uno no puede hacer otra cosa que rendirse a ellas. Sobretodo si se tiene en cuenta la historia que hay detrás. Y es que con un único disco Buckley sorprendió a propios y extraños con su música, y esas escasas diez canciones editadas en 1994 se convirtieron en una gran influencia desde entonces (tal vez una de las más grande de los últimos años). No le dio tiempo a Buckley a demostrar al mundo todo su potencial creativo, ya que cuando preparaba su segundo álbum murió ahogado en el río Wolf, un afluente del Mississippi, en Memphis en 1997 cuando contaba con 30 años (su cuerpo fue encontrado en el Mississippi, al final de Beale Street, lugar mítico dentro del mundo del Blues). Como dato morboso, cabe apuntar que su padre, el también músico Tim Buckley, también murió joven, a los 28 años, en 1975.

Y tras el rollo contextual y pseudobiográfico, ahí va la joya, intensa y en directo, como debe ser:

domingo, 13 de julio de 2008

La próxima guerra


Dicen los entendidos que vivimos uno de los períodos de estabilidad y paz más largos de la historia. Ciertamente hay guerras, pero no se dan entre las grandes potencias, o al menos no directamente (todos sabemos, o sospechamos, que los países poderosos andan metiendo cizaña aquí y allá). Ello ha permitido una cierta estabilidad y el mantenimiento de un determinadfo status quo. Bien. Me temo que la próxima convulsión bélica va a ser proporcional a esta fase de "tranquilidad".

sábado, 12 de julio de 2008

Final


Cuando me senté al borde de la cama para ponerme los calcetines, de espaldas a ella, aprovechó para sorprenderme con un "te quiero". Sin molestarme en mirarla, le espeté:

-Eso también se lo debes decir a tu novio.

Calló. No me importaban sus sentimientos para conmigo. Ni a ella los míos, que eran de muy baja intensidad.
En ese momento decidí que ya era hora de dejarnos de ver.

viernes, 11 de julio de 2008

15-XI-1790


"La tarde más importante de mi vida, ya que experimentéel pensamiento de la muerte: que no hay absolutamente ninguna diferencia si muero mañana o dentro de treinta años; que todo proyecto y todas las cosas se diluyen ante mí, y que debo amar a los pobres hombres, que tan rápidamente se van al fondo con su brizna de vida; el pensamiento se transformó en el de la inutilidad de todo quehacer. Me encontré ante mi futuro lecho de muerte, pasando los treinta años, me vi con mano de difunto, abandonada, con cara de enfermo, deshecho, con los ojos de mármol, oí cómo en la última noche mis fantasías combatían entre ellas... Oh, vosotros, hermanos míos, quiero amaros más, quiero daros más alegrías. ¿Cómo podría atormentar el par de días invernales que os quedan de vida plena, vuestras imágenes, plenas de colores mundanos, que se decoloran en el trémulo reflejo de la vida? Nunca olvidaré aquel 15 de noviembre. "

Jean Paul (1763-1825)

jueves, 10 de julio de 2008

La marca y yo


La otra noche sufrí un serio varapalo a mi autoestima. Intentando impresionar a una chica, un amigo y yo empezamos a desgranar una pequeña muestra de nuestros conocimientos en numerosos ámbitos (que nadie se asuste, parecía que a ella le interesaba, así que a por ellos). Así, entre sorbo y sorbo de cerveza y tontería y tontería, surgió el concepto de "élite cognitiva del reino animal" y el experimento llamado "prueba de la marca" (de LA marca, no DEL marca). Éste consiste, simplemente, en poner a un animal frente a un espejo de cuerpo entero y dibujarle una marca en la frente. Si el animal en cuestión intenta borrarse esa marca, ello quiere decir que posee cierta consciencia de sí mismo, y por lo tanto esto le permitiría realizar ciertas inferencias sobre el comportamiento de los demás (eso que los antropólogos llaman "teoría de la mente", o la capacidad de suponer que los demás tienen una mente similar a la propia y actuar en consecuencia). De momento sólo cinco especies han superado la prueba: chimpancés, bonobos, delfines, elefantes y humanos.

El varapalo vino cuando pensé en mi. Y es que no sólo paso por delante de los espejos sin mirarlos, sino que además, llegado el momento de tener que usar uno, no atino conmigo mismo, y nunca acierto con la zona en la que he de actuar. Eso frustra, porque provoca una sensación de extrañeza difícil de explicar. Se supone que el que me mira desde el cristal soy yo, pero yo quiero llegar al grano y el otro se empeña en tocarse el otro lado de la cara. Ahora me explico porqué siempre voy tan mal afeitado.

Visto lo visto y mi relación con los espejos, tendré que cambiar el nombre del blog (se admiten sugerencias, pero yo opto por "el velo de la realidad" o "el espejo del idiota").

miércoles, 9 de julio de 2008

Días con vocación


Debido a la distribución de nuestras tareas a lo largo de la semana, cada día tiene un carácter distinto. Aunque en realidad todos los días sean iguales, no es lo mismo un lunes que un domingo o un viernes. Sin embargo, a veces algún día abandona su forma de ser y muestra su vocación por ser otro. ¿Cuántas veces nos hemos plantado en un martes pensando que ese día parece un viernes y nuestra mente se va hacia el fin de semana?

martes, 8 de julio de 2008

Pareja y comodidad


Del mismo modo que hay gente nocturna y gente diurna, hay personas que se sienten más o menos cómodas en pareja o solos. Así, hay quien, cuando está emparejado, se le ve apagado y distinto, como si en el fondo no estuviera a gusto con sus situación. Y otros que, si no tienen pareja, están tristones y no parecen los mismos que cuando están con alguien. Supongo que todos conocemos casos de estos, y a buen seguro que en mayor o menor grado formamos parte de alguno de estos grupos.