miércoles, 6 de octubre de 2010

Good bye, Son Dureta

Un hospital forma parte del tejido de la sociedad donde está ubicado. Es un lugar esencial, casa de salud y enfermedad, de vida y de muerte. Todos saben dónde está, lo conocen y es probable que hayan estado alguna vez en él (como pacientes o de visita). Y si ese hospital acompaña a su sociedad durante unas cuantas décadas, adquiere un carácter especial, inseparable y hasta entrañable. Por eso, cuando llega el momento de abandonarlo, se apodera de todos un cierto aturdimiento, la sensación de que no nos vamos a saber desenvolver sin su cotidianeidad. 

¿A qué viene todo esto? Pues resulta que el Hospital Universitario Son Dureta, hospital de referencia para las Islas Baleares y en el que tengo la oportunidad de trabajar (diría que tengo el gusto, pero no siempre es así), va a echar el cierre en unos dos meses (si se cumplen los plazos, y parece que por ahora se van cumpliendo). No es que nos vayamos a quedar sin hospital, es que nuestros gobernantes han hecho construir uno nuevo y nos mudamos, con todo el follón que ello implica. 

Líos a parte, Son Dureta lleva 55 años dando servicio a las islas, tiempo en el que ha visto de todo y se ha ido ampliando poco a poco hasta llegar al punto de saturación y obsolescencia en el que hoy en día se encuentra. Miles de profesionales han desarrollado su carrera entre sus paredes, miles de personas han padecido dolor y enfermedad, han tenido alegrías, y también muchos han muerto y muchos somos los que hemos nacido en sus salas de partos. En resumen, 55 años de vida continua e ininterrumpida, con sus más y sus menos. 55 años que han hecho de Son Dureta todo un referente para los baleares, ese lugar amado y odiado, criticado sin piedad, pero al que casi todos acuden cuando se ven apurados. Ahora, hasta que se le encuentre un nuevo uso y lo adapten a él, va a quedarse vacío. Sus largos pasillos quedarán a oscuras y solos, con la única visita de, imagino, los guardas de seguridad en sus rondas. Temo que rápidamente se verá decrépito, que el desgaste al que estos años se ha visto sometido dará la cara de la forma más cruel. Será triste hablar de nuestro hospital en pasado, y los que vengan a partir de ahora sólo sabrán de él lo que nosotros les contemos, como ocurre con los lugares emblemáticos al desaparecer. La huella de Son Dureta es profunda, no será fácil de borrar. Por lo pronto, las comparaciones con el nuevo hospital serán inevitables, y de entrada serán favorables al vetusto Son Dureta. Luego nos adaptaremos y ya no querremos otra cosa, pero siempre llevaremos al viejo hospital en el recuerdo (y porqué no, un poco también en el corazón). Por eso, si algún amable lector ha tenido alguna experiencia referente al hospital (como trabajador, como paciente, como visitante), algo digno de reseñar, me gustaría que lo compartiera, sea lo que sea: anécdotas, nombres, mitos y leyendas (que también se generan en los hospitales). Háganmelo llegar en los comentarios o al mail.

Para empezar, contaré que lo más destacable de Son Dureta es el emplazamiento. En la parte alta del barrio de Son Armadams, en las faldas del monte de Bellver. Esto hace que las vistas sean espectaculares: por un lado está el bosque de Bellver y en lo alto del monte, el famoso castillo homónimo, por el otro, Palma entera (de la vista destacan la Catedral, el Paseo Marítimo, el puerto...), a sus pies, subrayando el papel de centinela y guardián sanitario que en el fondo es el hospital. Puede que el nuevo centro sea más moderno, más amplio y todo lo que quieran, pero esas vistas no las tendrá, y en eso ya juega en inferioridad de condiciones. Me encanta, si me he de mover de algún lado a otro, y si puedo, pararme en alguna ventana a contemplar el espectáculo. Como pequeña muestra, y para ir acabando, comparto este video tomado en las últimas semanas en el que se ve uno de los últimos amaneceres que se van a ver desde Son Dureta (la toma está hecha desde la séptima planta del edificio de adultos, en frente se ve la mole del edificio materno-infantil y, más pequeñito y con una escalera de caracol, consultas externas): 



5 comentarios:

Horrach dijo...

Tampoco es que vayan a ser feos los amaneceres desde Son Espases, aunque a los chalets de los vecinos de El Secar no sé si los podrá ver, por esa mariconada de tierra que ha montado nuestro maravilloso govern para evitarles a los simpáticos 'secarenses' un impacto visual desagradable...

De Son Dureta apenas puedo aportarle muchas historias, lo visité poquísimo (si habláramos de La Rotger-Marenostrum podría contarle novelones enteros), pero sobre Son Espases sí tengo alguna historia. ¿No le he contado que todos esos terrenos que rodean la desvencijada posesión de Son Espases (que queda en un parquecito con columpios en La Real) eran propiedad de la familia de mi novia? Las típicas peleas entre hermanos por la herencia provocaron la pérdida de todos los terrenos (un hermano dio por muerto al abuelo de mi novia cuando éste se fue a Grenoble para poder malvender los terrenos a un millonetti). Y pensar que ahora podría ser Johannes Antonius von Horrach, Conde de Son Espases y Duque del Vermalódromo.

ereignis

El Pez Martillo dijo...

Permítame la broma, pero al final se ha quedado en Secretario del Vermalódromo (aunque a ratos le damos poderes de Führer). No conocía la relación de su novia con los terrenos de Son Espases, me vuelvo a admirar de su capacidad de dar con la gente que directa o indirectamente está "en el ojo del huracán". De todos modos, me temo que aunque todavía fueran de la propiedad de su familia, unos meses antes del plan de obras hubiera ido algún empresario (hotelero, para más señas) avisado por Matas, los hubiera comprado por cuatro perras como terreno rural, y al poco, oh milagro y qué suerte, tierras recalificadas y expropiadas por más de lo que se compraron.

De lo de la montañita en cuestión, la cosa tiene su coña, porque en realidad lo que se ha hecho ha sido plantarle los escombros delante (en algún sitio había que poner toda la tierra removida, así que ¿porqué no ponerla delante de los que tanto protestaron diciéndoles que se les hace un favor?).

Ereignis!!

PENSADORA dijo...

¡Que iniciativa tan bonita Pez!. No podré mandarte nada porque, por fortuna o por desgracia, es aquí en Güeskonsin donde he vivido todas mis anécdotas hospitalarias, como paciente, como acompañante e, incluso, como trabajadora en mis tiempos de viajante de material médico.

Despídase usted a lo grande del lugar y, no se preocupe, seguro que pronto habrá allí algo: una residencia, un centro de día... ¡algo!. Espero que la administración sepa administrar bien sus recursos... ¡ajajaja!.

Saludicos!

Conchita " la de las úlceras" dijo...

Bueno hoy es un dia especial, nos dan la llaves del pisito.Yo afortunadamente puedo contar esperiencias como personal casa( PC) y como paciente,
Como PC, de las muchas que puedo contar destacaria una noche de guardia como supervisora de enfermeria el 09/05/1999 cuando los titulares del periodico al dia siguiente decián, "Una mujer dió a luz, por primera vez en el hospital , a cuatro bebés" y yo estaba en ese momento, esperado pero por que no decirlo temido,fue una experiencia maravillosa, lloré lo que no esta en los escritos, pero esa noche no la olvidare en toda mi vida.
Y como pacinte pues algo mas triste el diagnostico de una grabe enfermedad en el año 2000, incluso pense "yo no me trato total me voy a morir", pero no, no me he muerto ,gracias al saber hacer, de todos mis compañeros, y esa esperiencia me enseño una cosa, no es igual estar en un lado del pasillo que en el otro, pero solo recuerdo lo bien que se portaron todos los compañeros, del primero al ultimo, me hicieron sentir como en casa, como en mi Son Dutera

El Pez Martillo dijo...

Pens, lo que temo es que vaya a quedar medio abandonado. De momento ya están empezando las administraciones a titubear y a decir cosas contradictorias. Miedo dan cuando empiezan así...

Conchita, gracias por el comentario y el testimonio. Efectivamente, no es lo mismo estar a un lado o al otro del pasillo. Deberíamos de tenerlo muy en cuenta, pero a veces se nos olvida (la rutina, los agobios de la masificación, la comodidad...), y sería conveniente no tener que pasar al otro lado para darnos cuenta. Por cierto, ¿qué tal la experiencia docente con el Millennium?

Un saludo.