martes, 4 de marzo de 2008

En torno a mi bilingüismo


El asunto del blingüismo puede dar lugar a escenas extrañas. Vivir en una región con dos lenguas oficiales permite que, si bien no todo el mundo sabe una de ellas (en general pasa con el catalán, pero es posible encontrar gente con grandes dificultades con el castellano), sí que la grandísima mayoría comprende bastante bien las dos. Y así se puede encontrar uno con conversaciones en las que cada uno de los interlocutores se expresan en lenguas distintas y a pesar de ello se entienden (aunque no es lo más habitual, sucede con más frecuencia de lo que parece). Hay gente que toma la opción de expresarse al máximo en una lengua, y procura no pasarse a la otra (a pesar de que puedan hacerlo perfectamente). En general es la opción más saludable, porque mantener dos idiomas puede llegar a resultar estresante. Porque sucede una cosa muy curiosa, como empieces a relacionarte con alguien en una lengua, será muy difícil cambiar a la otra si la situación lo requiere. Ahí van algunos ejemplos:

Al ser mis padres un matrimonio mixto (mallorquina-castellano), tuve la suerte de que desde la cuna aprendí los dos idiomas, y siempre me he expresado indistintamente en uno u otro. Mucha gente (de regiones monolingües, por supuesto) cuestiona esto, porque para ellos es complicarle la vida al niño y "hacerle un lío". Nada más lejos de la realidad, porque los niños lo viven con total naturalidad, y no tienen ninguna dificultad. La época en la que empecé a ir al colegio aún no se había sometido a estatutos varios y normalizaciones lingüísticas, así que todo era en castellano (salvo una exigua asignatura de catalán). Y claro, en ese ambiente, los niños nos hablábamos en castellano, aunque supiéramos perfectamente el mallorquín. Te acabas acostumbrando a eso y resulta imposible cambiar de idioma. Si, por alguna cosa tenías que hacer algún diálogo en mallorquín, resultaba de lo más extraño. A pesar de ello, poco a poco me adapté a hablar el mallorquín con algunos de ellos (la presión ambiental influía, ya que hacer reuniones con los familiares, donde todo el mundo se hablaba en mallorquín y los dos niños hablándose en otro idioma era como raro, y te presionaban para que hablaras la otra cosa). Porque en general, si sabes que la otra persona es mallorquina, por defecto le hablas en mallorquín. Es lo más habitual, y se llega a desarrollar una especie de sentido capaz de identificar en qué idioma le has de entrar a alguien. Pero ya digo, cuando empiezas a hablar con alguien en uno de los dos idiomas, es muy difícil cambiar.

Lo mismo sucede a la inversa. Hay gente con la que no me sale hablar en otra cosa que no sea mallorquín. La familia, algunos amigos... Y la cuestión es que algunas veces hay que cambiar, porque se está en un grupo en el que hay gente que no lo entiende tan bien (en el trabajo hay mucho peninsular que lleva poco tiempo, y aún no entienden bien) y hay que hacer el esfuerzo de hablarse en castellano para que se puedan integrar (cuando coincidimos un turno de mallorquinoparlantes lo tienen difícil los pobres). Con lo que sí que no transijo mucho es con la familia. Porque a mi madre no sé hablarle en castellano, aunque tenga familiares de fuera delante, si me he de dirigir a ella, lo hago en mallorquín. Porque resulta perturbador usar otra lengua, es como si le hablara a otra persona.

Todo esto, visto desde fuera, es extraño, y parece un foco de conflictividad y de lío permanente. Pero lo cierto es que se vive con toda naturalidad y sin ninguna clase de problemas (siempre puedes topar con un energúmeno, pero son las menos de las veces).

7 comentarios:

Stones dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Horrach dijo...

Sí que hay mallorquinarros, payeses, a los que les cuesta un güevo hablar en castellano. Fíjese en el presi Antich, que habla peor el castellano que ZP/Rajoy el inglés.

A esta entrada le falta sólo una cosa: la de aquellos (alguno conozco) que es unilingüe en castellano y ni castellano se le entiende.

PENSADORA dijo...

Peróóó!!
Sí que resulta, a veces, complicadillo para los peninsulares cuando os ponéis a hablar en mallorquí, pero ¡don't worry! que algo se va entendiendo... que no es pa'tanto.
A mí me parece estupendo que se críe a los niños en el bilingüismo y puedes considerarte afortunado de haber aprendido dos idiomas de una manera tan natural.
Siempre he pensado que si algún día tengo un hijo, le hablaré en inglés y que el padre le hable en castellano, así se va educando en los dos idiomas, amos! bilingüe desde el primer día... la de dinero que me ahorraría en clases particulares.
Un saludete.

El Pez Martillo dijo...

Horrach, sí que es verdad lo que dice sobre los castellanosparlantes a los que no se les entiende (últimamente me las he tenido que ver con un cliente así, y cuesta un esfuerzo enorme).

Pensadora, algunos creerán que es cerrazón o radicalismo esto de no querer o poder girar la lengua en según que momentos, pero es una cuestión más bien psicológica (cuesta mucho cambiar cuando has estado toda la vida hablando de una manera con alguien). De todos modos, en el caso del catalán con un poco de esfuerzo se entiende bien (me consta que hay gente que no tiene demasiada dificultad en pillarlo en cuestión de días). Supongo que con otros idiomas no pasa lo mismo (el euskera, por ejemplo).

PENSADORA dijo...

Exacto, yo creo que es más cuestión de cabeza dura y poco desarrollo del seso que de entendimiento.
Claro que me cuesta cuando al rededor mío se habla mallorquí, catalán, inglés... pero afino más el oído y siempre voy pillando.

Borboleta dijo...

Me gusta leer tu reflexión sobre el bilingüismo. Mi amiga Anna, catalanoparlante de toda la vida se enamoró de su marido, David y empezaron la relación en castellano, y es con el único que emplea éste idioma,y así le ocurre a otras parejas que conozco que empezaron en inglés... es normal, ...en éste pais creo que hay mucho complejo, mucha tontería y demasiada política alrededor del idioma.

El Pez Martillo dijo...

Hola, Borboleta, bienvenida al espejo.

Tienes razón, hay mucha tontería con esto de los idiomas. En las dos partes, aunque creo que hablar de partes ya es viciar un poco el asunto.

Saludos.