domingo, 11 de febrero de 2007

Matar y morir


Una de las diferencias entre hombres y mujeres que más sorprende es la que se da a al hora de quitar vidas, ya sea la propia o la ajena. Los estudios estadísticos indican que los hombres tienden a utilizar más la violencia: tiros, golpes, puñaladas, fuego... Las mujeres, en cambio acuden a medios mucho más sutiles y menos evidentes: sobredosis, envenenamientos... Por supuesto, hay de todo en la viña del señor, y se pueden encontrar mujeres que asesinan a tiros, y hombres que envenenan, pero las estadísitcas nos muestran que la mayoría se decanta por lo que he dicho. Los hombres optan por la física, las mujeres por la química.

En seguida surge la pregunta por el porqué de estas diferencias. En último término todo se reduce a biología. La mujer, por norma general posee un tamaño menor al de los hombres, y posee un porcentaje menor de masa muscular. Por lo tanto, es mucho más fácil que un hombre alcance la fuerza necesaria para clavar una puñalada o asestar un golpe mortal que una mujer. Si a esto añadimos la cuestión de la testosterona (hormona masculina que juega un papel nada desdeñable en los fenómenos violentos), entendemos con facilidad porqué los hombres son más agresivos y "escandalosos" a la hora de matar o suicidarse. Una mujer tiene todas las de perder si se enfrenta a un hombre (entre mujeres la violencia es más franca, pero tiende a manifestarse de forma verbal), y por eso ha desarrollado toda una serie de estrategias para, en primer lugar, evitar el enfrentamiento directo, y, en segudo, para salir victoriosa si llega a producirse. Elabora estrategias, hace preparativos, agudiza el ingenio, actúa en la sombra, siembra, desgasta, observa... Todo ello, con el paso de los siglos ha llevado a las mujeres a ser buenas observadoras de la psicología humana, y también a poseer cierto refinamiento en su inteligencia.

Desde un punto de vista menos biológico también podemos explicarnos las estadísticas. Por su impulso vital, la mujer es más quieta, más volcada en sí misma, y es capaz de esperar, de actuar poco a poco, desde la tramoya de la realidad (en la química, en la estructura íntima de las cosas, más cerca de ella). Capaz de gestar nuevas vidas durante meses, puede llevar en sí misma la semilla de la muerte de otros seres por tiempos enormes. El veneno es femenino. O la mujer es venenosa (manejar con precaución).

Ya dije que el hombre posee un impulso inercial mayor, y ello se manifiesta en sus formas de matar, proyectando hacia adelante, disparando, siguiendo ese impulso. La mujer, más quieta, con una huida más atenuada, prefiere métodos más calmados, menos inmediatos y ansiosos. No le importa esperar un tiempo, esperar está en su naturaleza, sabe que hay cosas que deben madurar. Muchas veces se acude a los "arrebatos" para explicar las acciones asesinas de un hombre, algo así como una enajenación momentánea que le ha llevado a perder los filtros de la razón y entregarse al impulso asesino. En cambio, en una mujer envenenadora (que envenena a otra gente o que se suicida a base de pastillas), no hay enajenación alguna, salvo que se trate de una locura más o menos permanente. En cualquier caso, no se trata de un arrebato. Envenenar a alguien implica planificar, conseguir la sustancia en cuestión y luego aplicarla. Salvo en el caso del suicidio, los envenenamientos no son cosa de una única sobredosis, sino que el truco está en ir poco a poco, impregnando al otro de la sustancia venenosa, que lo vaya matando despacio, normalmente con el fin de que todo parezca natural y así escurrir el bulto.

Al fin y al cabo las mujeres están desde siempre (sean cuales sean las causas, eso no es lo importante ahora) más familiarizadas con los asuntos de las mezclas de sustancias (cocinar es un buen ejemplo, otro muy bueno es el de ser capaces de engendrar nuevas vidas) y del enmascaramiento (perfumes, maquillajes, vestimentas...). Por algo la imagen clasica de la bruja es femenina.

4 comentarios:

Cvalda dijo...

Aparte de las razones que das,yo también pienso que las mujeres son, por regla general, más perversas,con un lado más mezquino quizás, capaces de mostrar una cara a la gente y ocultar muchas cosas, mientras que los hombres son más "evidentes" por decirlo de alguna manera...

Pero está claro que generalizar en ningún caso es la mejor opción.

Horrach dijo...

Sólo un matiz, amigo Pez: también existe la figura del 'brujo'.

Por otra parte, decir que su entrada se complementa bastante bien con la que hoy mismo ha colgado el doctor H. Sobre todo esto recuerdo una frase del Holmes de 'La vida privada de Sherlock Holmes' de Wilder, cuando el superdetective afirma sobre la naturaleza femenina: "el guiño en los ojos y el arsénico en la sopa".

shalom!

El Pez Martillo dijo...

Cvalda: ciertamente, generalizar a veces es un poco arriesgado, pero tendemos a hacerlo siempre. Ya lo he dicho varias veces, al hablar de mujeres me pongo siempre en el plano abstracto e intento acercarme a eso que se ha dado en llamar "eterno femenino", que es tan inexistente como cualquier otra cosa "pura". Por supuesto que hay grados y no todo es así. Hay mujeres más transparentes que otras, por suepuesto que no todas sois iguales. Si no sería muy aburrido.

Por otra parte, eso de saber ocultar y retirarse, el estar y no estar a la vez, todo esto os da un aire de misterio que os hace irresistibles.

Doctor H: era consciente de que existe la figura del brujo cuando lo escribí, pero está más asociado a aspectos de sabiduría. El brujo es el anciano sabio que conoce muchos secretos de la naturaleza y que puede llegar a manipularlos. Es más masculino. La bruja, en cambio, es más terrenal y ambigua, trabaja más con los elementos de la naturaleza, hace pócimas y venenos(lo que decía de la química). La bruja se pringa más, está más en contacto con la naturaleza (contacto físico, se entiende, tiene hierbas, animales, puede transformarse ene ellos...), incluso siempre se las ha representado en lugares húmedos y pantanosos. Todo muy femenino.

Horrach dijo...

umm... bueno, los brujos africanos siempre han sido muy telúricos, que de sabiduría más o menos objetiva poca cosa...