jueves, 22 de febrero de 2007

Identidades


En el ansia de dominio de la realidad que cada uno de nosotros desarrolla a lo largo de la vida, y que se prolonga en forma de Ciencia, Religión o Filosofía, existe el fenómeno del secuestro. La alteridad intenta secuestrarnos de forma continua, hacernos suyos, meternos en su mundo. Que los objetos se vean sometidos es comprensible (por decirlo de forma sencilla e imperfecta, están a otro nivel de dominación). Pero con las personas es muy distinto. Lo que las hace especiales es la resistencia, el hecho de que se revuelven ante los asedios. En nuestra voluntad de tener un mundo cerrado, completo y en el que nada escape a nuestro dominio, nos bastamos con unos pocos fenómenos atribuidos a alguien, y a partir de ellos construimos, mirándonos en nuestro espejo, una imagen, una personalidad. De este modo los introducimos en el mundo, los hacemos nuestros. Pero ellos también portan en sí mismos un mundo, y escapan a nuestra tenaza, y se definen ante nosotros (pero claro, es una definición no-nuestra, por lo que no es válida para la pulsión dominadora) en una lucha por no caer en nuestras redes. Siempre hay algo que se nos escapa de los demás, algo inasible, que por mucho que los persigamos, nunca llegaremos a encontrar. Esto constituye el origen de la sociedad, la continua persecución de todos por todos, que nos lleva a juntarnos con los otros para mejor dominarlos, al precio de que nunca se alcanzará ese dominio, pero sin poder dejar de quererlo. No se trata de una guerra de todos contra todos, ni mucho menos la sociedad se forma por un pacto que atenúa esa guerra, sino que se trata más bien de un juego del gato y el ratón, en el que la persecución de los demás nos impulsa a seguir corriendo, a correr tras ellos. También aquí se puede rastrear el origen de la identidad. En nuestra huida (que a la vez es caza) nos identificamos, elaboramos una personalidad (de la cual una parte es fruto del secuestro por parte de los demás) para oponerla a todo aquél que quiera hacernos suyos. La labor de identificación es ardua, compleja, agotadora, por eso a veces nos abandonamos y nos dejamos atrapar (siempre de forma parcial, pero más completa que en otros casos), caemos en las redes de los demás, que nos otorgan una identidad, que nos la ponen desde fuera. Me estoy refiriendo a esos casos en los que nos hablan de la "identidad" para vendernos naciones (con o sin estado, piénsese que el estado nos da un documento de identidad), ideologías, opciones sexuales... En estos casos el abandono es más o menos completo, la dejación de la labor de huida e identificación es mayor, y por eso hay una cierta beatitud en todos los que han sido secuestrados (el proselitismo es habitual en ellos, hablan extasiados de su "identidad"). Hay otros casos en los que la dejación se da con la contrapartida de que la otra parte también se abandona, hay algo así como un abandono mutuo que potencia la serenidad de las dos partes. Me estoy refiriendo al amor, en todas sus posibles variantes (erótico-romántico, familiar, amistad...). Sólo que siempre hay una parte que se da más que la otra, que se deja atrapar más, de modo que en uno el placer y el bienestar de la relación viene dada por el abandono, mientras que en la otra es por el dominio.

3 comentarios:

jarttita dijo...

Precioso su post de hoy!! y el de ayer...Gracias por escribir cosas así: de las que una se queda rumiando siempre.

Sobre el de la identidad,y sin tiempo para nada, pero no me resisto:

art 29 CCivil: "el nacimiento determina la personalidad.". Y añadimos el art 30: " para los efectos civiles, sólo se reputará nacido el feto que tuviere figura humana y viviere 24 horas enteramente desprendido del seno materno".

El Pez Martillo dijo...

No me diga usted estas cosas, que me sonrojo con facilidad, jartitta. Me alegro de que le haya gustado lo que he escrito.

Muy interesante lo que expone del Código Civil, sobretodo ese artículo 29, que es más que discutible. ¿Se supone que es derecho natural? Porque no me parece que lo que se dice tenga mucho que ver con la naturaleza.

Sobre el artículo 30, también muy curioso. O sea, que hay un limbo de unas 24 horas en el que no eres nadie. Debe ser triste morirte en esas horas y que a efectos legales no cuentes como muerto (ya que no eres nacido). Ocurre algo parecido con los accidentes de tráfico, en los que sólo cuentan como muertos en accidente de tráfico los muertos en el accidente o en las primeras 24 horas (con lo cual resulta que en realidad hay muchos más muertos de los que nos dicen las estadísticas).

Saludos.

jarttita dijo...

Bueno, la prueba del nacimiento es la inscripción en el registro civil, así que si no hay prueba tampoco tienes personalidad jurídica ni capacidad de obrar: no puedes comprar, vender, casarte, votar...esas cositas:).

A ver qué pasa con la ingeniería genética.