sábado, 10 de febrero de 2007

Arte


A lo largo de la historia se han emprendido varias clasificaciones de las artes. La que más ha calado es la canónica de las seis artes mayores (pintura, escultura, arquitectura, música, literatura y danza, a las que luego se añadiría el cine) y todas las artes menores. Esa es la clasificación que más ha calado y la que tenemos asumida como la verdadera. Dentro de ella se podría distinguir entre artes estáticas (aquellas cuyo producto está acabado, que se pueden captar de un vistazo, como serían la pintura, escultura y arquitectura) y dinámicas (las que tienen un desarrollo, que, por decirlo de algún modo, se despliegan ante el espectador, como sucede con la música, la literatura, el cine o la danza). Las artes estáticas están ligadas al espacio, y las dinámicas al tiempo, por lo que también podríamos llamarlas espaciales y temporales.

Algo de eso debe haber, porque en mi caso personal, todo lo insensible que soy hacia las artes estáticas, lo tengo de atracción hacia las dinámicas. Reconozco que soy un zote en lo que a artes fijas se refiere. No me gusta nada la pintura, ni la escultura. La arquitectura me gusta un poco más, bastante más (me encantan los excesos del modernismo, y la Barcelona de Gaudí es una gozada, sin desmerecer las muestras modernistas que tenemos en Mallorca, que no son pocas). Entrar a un museo es una tortura (una de las mañanas más aburridas que he pasado en mi vida fue cuando estuve en el Prado, menos mal que las pinturas negras de Goya me revitalizaron un poco). Si he de elegir algún estilo me quedo con las imágenes oníricas de los surrealistas o las angustias de Munch, pero no voy mucho más allá. En general me interesan más las vidas de los pintores que sus obras. Qué le vamos a hacer, debo de tener muerta mi área del cerebro para la experiencia estética plástica.

En cambio, la música me fascina, no pierdo ninguna ocasión de ver alguna película, y tengo lista de espera en los libros de mi estantería. La que se lleva la palma es la múscia. Me encanta descubrir nuevos estilos, grupos, intérpretes, veriosnes. Siempre tengo música puesta, y si no, hay algo sonando en mi cabeza. En broma, siempre digo que mi vida es un musical. No sé que tiene, acompaña, potencia estados de ánimo, incluso un cierto poder terapéutico. A lo mejor es que soy más dinámico que estático, que prefiero el movimiento, el despliegue a las cosas ya hechas. Supongo que debe ser así, puesto que en una de mis vertientes, la filosófica, también me decanto más por pensadores que destacan la fluidez y el cambio (empezando por Heráclito y terminando por..., no sé). O puede ser que en cuestión de gustos no hay razones que valgan y me gusta y me atrae lo que me atrae, y no hay que darle más vueltas al asunto.

Puestos a clasificar, alguien debería intentar las siguiente división de las artes: artes femeninas y artes masculinas.

6 comentarios:

Horrach dijo...

Muy 'sensuales' veo sus criterios artísticos, amigo Pez, se nota cuáles son sus prioridades más íntimas, jejeje.

Por cierto, el doctor H ya ha cumplido con su parte del trato y ha colgado en su blog la cuarta entrega de La Mujer Ctónica, así que ahora le toca a usted cumplir con su parte.

ahh, y no olvide ponerme a los pies de su deliciosa Musa a quien ya tengo el gusto de conocer. les tengo presentes en mis oraciones.

saludos

El Pez Martillo dijo...

Es que en el fondo soy muy sensual, a pesar de toda la fachada racional y formal de que me doto.

No se preocupe, que habrá respuesta a su asunto sobre las ctónicas, pensaré algo al respecto y ya lo pondré. Prometido está.

Y lo de la Musa, también por descontado. Nosotros también le tenemos presente en nuestros sacrificios.

Horrach dijo...

¿Sacrificios? No lo pillo. ¿Me está diciendo que usted es la víctima propiciatoria de su musa? ¿Me está ofreciendo el rol de brujo oficiante del sacrificio?

El Pez Martillo dijo...

Lo de los sacrificios era por darle un aire más pagano a la cosa. En lugar de oraciones, sacrificios a los dioses.

Anónimo dijo...

Quien es el autor de esa pintura?

El Pez Martillo dijo...

La firma es de Dalí, pero sabiendo lo que hacía a veces (firmaba lienzos en blanco y luego otros pintaban los cuadros), vaya usted a saber si lo pintó él.

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