domingo, 15 de abril de 2018

viernes, 13 de abril de 2018

El cauce del pensamiento

Escribir ayuda a ordenar pensamientos. Les otorga un cauce por el que discurrir al que debemos cuidar. No conviene desbordarlo, y los distintos aportes hay que hacerlos cuidadosamente. No vale el aluvión (aunque las riadas también sirven para depositar sedimento en las orillas, haciéndolas más fértiles). 

En su origen, las ideas son impetuosas, quieren liberarse de forma explosiva. Por eso los primeros apuntes son vertiginosos y caóticos. Es fácil ahogarse en ellos. Pero poco a poco se van remansando, recibiendo aportaciones, engrosándose, formando meandros. Y finalmente llegan al mar, y si se les ha otorgado un buen recorrido, pueden acabar formando un delta y penetrar con su dulzura en el salado mar más allá del límite de la costa. 

miércoles, 11 de abril de 2018

Un escalón por debajo

Saber que todo es cuesta abajo. Que formas parte de la decadencia, que tú eres un escalón inferior. Y aún así esforzarse en mantener con dignidad ante los que están por encima. Tal vez sea lo único a lo que podemos aspirar. Caer con estilo, que al menos, si en algún momento alguien vuelve a estar arriba, no pueda sentir lástima de nosotros.

A nivel colectivo ya estamos desahuciados. Sólo queda optar a un mínimo de salvación personal.

sábado, 7 de abril de 2018

Diarios

Me encantan los diarios. Los periódicos no, sino esas reflexiones que casi todos los días algunas personas van consignando en cuadernos. Tampoco los simples relatos de lo ocurrido durante la jornada (a modo de diario adolescente tipo "querido diario"), sino esos en los que se vuelcan reflexiones y esbozos varios, a veces sugeridos por lo ocurrido, sí, pero sin ser una crónica. Supone todo un arte y requiere de práctica esta labor escrutadora y reflexiva de la vida que de alguna manera pasa por encima de sí misma para asomarse a nuevas cotas. Tal vez deberíamos dedicar todos algún rato al final del día, antes de acostarnos, a escribir unas líneas acerca de lo vivido en las horas previas, dejar volar la mente. Quizás sea una forma de soltar lastre y de dormir mejor, o de ponernos en una disposición adecuada para que el sueño sea más propicio. 

Nietzsche con sus fragmentos póstumos (aunque no sé si son un diario en sentido estricto, ya que se trata más bien de esbozos), las magistrales Radiaciones de Jünger, los Carnets camusianos... todos los he disfrutado, y estoy dispuesto a leer todo lo que pueda caer en mis manos (siempre y cuando tenga un mínimo interés). 

Por lo demás, a veces he intentado llevar mi propio diario, pero lo he abandonado a los pocos días. Tal vez este blog a su manera sea un diario, pero le falta la ligazón con mi vida, ser una reflexión inspirada directamente en ella (aunque algunas entradas sí que lo son). Guardo cuadernos en blanco que han ido cayendo en mis manos que podría ir rellenando día a día, pero no encuentro la suficiente inspiración para ponerme a la tarea. O no tengo nada de interés que sacar de la vida cotidiana. 

martes, 3 de abril de 2018

Hiperestimulados

Vivimos en un continuo estado de hiperexcitación. Los estímulos son tantos que no sabemos ya dónde mirar. Además, lo que nos mueve cada vez es más fugaz: un fogonazo nos basta. Captamos un fogonazo y creemos que ha habido un disparo y que hay una lucha que librar. Pero puede que sólo haya sido fogueo y además dirigido desde la tramoya para despistarnos. 

Cuesta esfuerzo no dispersarse entre tanta llamada de atención, pero tal vez nos convenga centrarnos en algunas pocas cosas y sacarles bien el jugo, sin despreciar nada de todo lo demás. Que los fuegos artificiales no nos impidan ver el cielo y sus estrellas.  

lunes, 2 de abril de 2018

Ni víctimas ni verdugos

Hoy en día hay víctimas de todos los pelajes. Cualquiera se presenta como víctima y pretende que por ello se le perdone todo. Hay bastante impostura en ello, una impostura perversa que banaliza a las auténticas víctimas, provocándoles más perjuicio que beneficio. Además, si hay una víctima hay un verdugo, con lo que en realidad se está promocionando a los verdugos, eso si no se trata en realidad de un afán señalador y acusatorio, tras el cual a lo mejor no hay un espíritu justiciero, sino más bien vengador (la línea que separa justicia de venganza a veces puede ser muy sutil). En este caso, hay algo de verdugo también en la víctima. 
Sea como sea, no se rompe el círculo, lo cual se logra no permitiendo ser víctima sin llegar a ser verdugo. Tan fácil y tan difícil.