jueves, 7 de abril de 2011

La aniquilación al fondo

Metidos en nuestra escala humana, andamos preocupados por cosas como la fama, el progreso, la carrera y demás entretenimientos. Pocas veces nos paramos a ir un poco más allá. Pero es que más allá está la aniquilación. No quedará nada de nosotros. Ni siquiera ruinas, huellas que otros puedan estudiar y a partir de ellas deducir nuestras vidas. Inquieta, da vértigo. Pero al mismo tiempo es tranquilizador.

miércoles, 6 de abril de 2011

Videando series: Hermanos de sangre

Se comenta por ahí que hoy en día las series televisivas tienen mejor nivel que el cine, por norma general. Y sin ser un gran entendido, como simple espectador, tendré que asentir. El cine tiende al gran espectáculo, en el sentido visual. De cada vez más se explotan los efectos especiales, en progresiva grandilocuencia, hasta el punto de llegar a ocultar la historia. Supongo que el formato de la gran pantalla y la breve duración invitan a ello: "abrumemos visualmente al espectador".

La pequeña pantalla, en cambio, al disponer de más tiempo (aunque sea fragmentado, y tal vez ahí esté una de sus virtudes), hace que se puedan explorar más y mejor las tramas y sus personajes, dotando a las series de una profundidad mayor (al menos a nivel narrativo). Y esto, cuando las historias son buenas, se agradece mucho. 

La cuestión es que ando aficionado a ver series. Algunas las sigo desde hace tiempo y no las abandono por aquello de la costumbre (como ocurre con House). En general prefiero esperar a verlas cuando han terminado, y disfrutarlas del tirón. En los últimos meses he revisitado Expediente X (las políticas de programación de cierto canal me impidieron seguirla hasta el final). Hace ya casi dos años cayeron los Soprano. Hace unas semanas fue el turno de Treme. Y ahora estoy disfrutando con fruición la dupla Hermanos de sangre/The Pacific. En ellas se nos narran las historias (reales) de varios soldados norteamericanos de la segunda guerra mundial en los frentes europeo y pacífico, respectivamente. Siguiendo la estela de Salvar al soldado Ryan (Spielberg está detrás de las dos series, y el tratamiento visual es el mismo), nos meten en la crudeza de la guerra, las muertes sin sentido, la cotidianidad, el dolor, la locura, el heroísmo y la mezquindad que se mueven en todo escenario bélico. No aptas para místicos de la guerra ni para pacifistas irredentos, merecen perder algo de tiempo en su visionado. Y en ello estoy.

martes, 5 de abril de 2011

Amor ansioso, amor cauteloso

Hay quien no sabe estar solo, sin emparejarse. Eson les lleva a precipitarse, a no sopesar bien las oportunidades y lanzarse en brazos de la primera persona que pase y que muestre algo de interés. Eso les hace presa fácil de oportunistas y les puede conducir a una espiral de rupturas peligrosa. 

Sin embargo, también hay quien se pasa de calculador, de retener su soledad en espera de esa persona supuestamente ideal que busca infructuosamente. Entonces el peligro es el contrario, el de aferrarse a su soledad y a sus expectativas, no sabiendo o no queriendo dejar que nadie entre en su vida. 

Si los primeros se decepcionan, los segundos decepcionan. Y nadie está satisfecho, aunque los unos por exceso y los otros por defecto, crean que están en el buen camino.

lunes, 4 de abril de 2011

Lenguaje como estorbo


A menudo hemos oído eso de que las palabras no bastan para describir algo. Ciertamente, en ocasiones el lenguaje se ve desbordado y aparece como insuficiente. O eso es lo que nos queremos creer. Pero, ¿y si hay "algo" para lo que el lenguaje sea, no ya insuficiente, sino una traba, un estorbo? Un estorbo, cabe decir, pertinaz e insalvable. Habría que contar con él (teniendo en cuenta que el lenguaje no es sólo el uso de la palabra, sino que hay muchas formas de lenguaje). Pero, ¿de qué manera, si cabe la pregunta?

sábado, 2 de abril de 2011

Bodas y funerales

A muchos les habrá pasado. Van a una boda familiar. Alí, alguien, por lo general con un parentesco más o menos lejanos (esas tías abuelas, primos segundos...), que para intentar hacerse los simpáticos y ante la dificultad de establecer una conversación con alguien con quien no se ha tenido demasiado trato, te espetan el poco original "¿Y para cuándo iremos a tu boda?". Es una situación algo incómoda, por aquello de que a nadie le gusta tener que dar explicaciones sobre asuntos personales a semiextraños. Y más si no hay bodas en perspectiva (ni nada que se le acerque). 

Por eso, y por devolverles la pelota de la incomodidad, hay que ser implacables, no dejarles opción a respuesta y mucho menos a volver a preguntar en el futuro (porque siempre, en otra boda, volverán a preguntar). En esta situación, lo ideal es mencionarles su funeral  y las ganas que tienes de ir. Tal vez es poco elegante. Pero funciona. Certificado.

viernes, 1 de abril de 2011

Autoconocimiento


De tanto buscarse así mismos, hay quien se olvida de los otros. Y es en esos otros donde puede encontrarse a su yo más propio. En los otros uno se encuentra en buena medida. Pero hace falta el viaje de regreso, ni sólo Yo ni sólo los demás. Es un continuo vaivén. 

Y al fondo, puede que haga falta lo Otro.