domingo, 14 de noviembre de 2010

El tsunami sónico de Matt Elliott

Hace cosa de año y medio tuve la oportunidad de ver a este tipo en directo. Era una sala pequñea, ideada para conferencias, con un aforo que apenas llegaba a las 200 personas.Fue toda una experiencia. Una orgía de sonido ensordecedora que todavía resuena en los canales smicirculares de mis oídos, que todavía estimula mis nervios auditivos.
MATT ELIOTT Tourcoing,FR 12 fev. 2009
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sábado, 13 de noviembre de 2010

El exorcista y yo

Otro de mis recuerdos cinematográficos es el de la primera vez que vi El Exorcista. Tenía no más de trece años, y me fascinaba el género del terror. Esa película en concreto tenía aura y leyenda, incluso a nivel familiar (mi madre cuenta cuando tiene la oportunidad la impresión que le causó y las noches que no le dejó irse a dormir con tranquilidad). Una amiga me pasó una cinta VHS grabada de la televisión, y cuando llegó el momento me dispuse a disfrutar de su visionado. Me decepcionó, al menos como película de terror. Estaba bien hecha y la historia no estaba mal. Y sí, era algo que debería asustar y mantenerte con el vello erizado. Pero a mí me hizo reír. 
Más adelante la volví a ver, ya sin la risa floja y la tontería de la pubertad, y me dejó bastante frío. Es algo que me extraña, en vista del impacto que tuvo y tiene entre el personal, y de lo mucho que me gusta el género. Menos mal que otras películas consideradas clásicos sí que me gustaron e impactaron, porque si no ya empezaría a dudar de mi sensibilidad para estas cosas. ¿O sí?

viernes, 12 de noviembre de 2010

And the winner is...

Hay algo obsceno en recibir premios. En que otros piensen que eres idóneo u óptimo (hablamos de premios, pero en realidad vale para casi todo en la vida). Tal vez más obsceno todavía sea presentarse a ellos. 

jueves, 11 de noviembre de 2010

La vall de Sóller

Aunque la imagen de Mallorca que ha triunfado y que se ha explotado de forma intensiva es la de la playa, los paisajes isleños que uno más ama son los de montaña. La Serra de Tramuntana, con sus modestas alturas (si las comparamos con otras, aunque están muy bien para el tamaño de la isla), esconde algunos de los rincones más hermosos de nuestra geografía. Uno de ellos es el valle de Sóller, situado más o menos a la mitad de la sierra, tras los muros de la Serra d'Alfàbia (fácilmente reconocibles por albergar en sus cimas el repetidor de televisión y radio). Constituye una especie de isla dentro de la isla, ya que la orografía dificultó durante siglos la comunicación con el resto del territorio, tanto que hace cien años se hizo un tren que atravesaba las montañas y ponía un poco más fácil el acceso (tren que se mantiene hoy en día tal y como era entonces). Hace apenas dos décadas, se hizo un túnel para la carretera, permitiendo que los sollerics y el resto de mallorquines pudieran visitarse sin tener que usar el mítico y temido Coll de Sóller (la tortuosa y complicada carretera que durante años era el único vínculo entre el valle y el resto de la isla).

Al estar embutido entre las montañas, el paisaje del valle es soberbio, y sirve de arranque para muchas excursiones por el monte, en las que se puede disfrutar de bellos rincones y vistas. Y si no, se puede uno dar una vuelta por el pueblo, con sus edificios modernistas, su calle de la luna, su iglesia. O coger el tranvía y acercarse al puerto. O ir a las vecinas poblaciones de Biniaraix y Fornalutx, también en el valle, pequeños pueblos de montaña con sus casas de piedra y callejas llenas de encanto. 

Aunque lo ideal es acercarse en mayo, cuando se celebra el Firó, fiesta en la que se recuerda la invasión sarracena  de 1561 y la feroz resistencia del pueblo. Las calles se llenan de moros y pagesos, de trabucos que se disparan en todas partes, se recrean batallas y se riega todo con licor de hierbas. Toda una experiencia en la que conviene no llevar sombrero (acaban destrozados a trabucazos) ni ir demasiado bien vestido, ya que todo el mundo acaba pringado del betún que los "moros" llevan en la cara. Eso cuando no eres mujer y los sarracenos te raptan...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Colgador automático

Ahora, además de contestadores automáticos, hay llamadores automáticos. Te suena el teléfono, respondes, y tras unos instantes de silencio, te habla una voz enlatada que te ofrece algo. Si no resulta agradable dejar mensajes en los contestadores, que te llamen las máquinas es, directamente, iritante. Pero admito que una cosa buena sí tienen: les puedes colgar sin que te parezca una falta de educación.

martes, 9 de noviembre de 2010

Más sobre los negocios de la música

Prosigiuendo con el asunto discográfico, no sólo es que las tiendas hayan hecho en buena medida dejación de lo que se supone que es su labor. Las discográficas y los artistas también tienen su buena parte de culpa en los supuestos problemas. En primer lugar, se dedican a reeditar en bonitas cajas cosas que hace años que están en el mercado con la excusa de peregrinas mejoras tecnológicas (remasters, mono, estéreo...). Ciertamente, puede que a los coleccionistas y fans locos les encante, y también que sirva para revivificar cosas interesantes del pasado. No me parece mal en algunos casos, pero cuando se acaba convirtiendo en norma, la cosa cambia. Un caso especial son esas ediciones de coleccionista de discos de éxito que salen a posteriori (o sea, una vez han visto que la cosa puede vender), y que se reducen a lo mismo de antes, pero con una caja vistosa y alguna canción más (que a lo sumo será una remezcla, una demo, o una versión alternativa de otra).

Capítulo aparte están los que se dedican a regrabar sus grandes éxitos. Así parece material más nuevo, y como son versiones distintas, la gente pasa por caja. Eso cuando no lo hacen en plan sinfónico, lo cual ya es la repanocha. De nuevo, en algunos tiene gracia, pero en todos, cansa. 

Luego están los sobredimensionados (legión hoy en día): gentes que no aportan prácticamente nada que no sea una repetición de lo que se ha hecho toda la vida, pero que van crecidos (por ellos mismos o por toda la publicidad que se les pone detrás) y parece que son los más rompedores y vanguardistas. No se trata de que todos los grupos y artistas tengan que ser revolucionarios y cambiar los esquemas, pero que al menos no se lo crean. La tradición no está tan mal. 

Viendo este panorama (a todos nos vienen unos cuantos nombres en cada caso), a veces dan ganas de reír cuando se ponen estupendos con la cosa de las descargas "ilegales". Que hagan algo digno, y ya veremos si nos decidimos a comprarles su disco. Que esa es otra, quieren hacernos creer que cada disco que nos bajamos es un disco que no compramos (hasta parece que ellos se lo creen).

lunes, 8 de noviembre de 2010

Menos (y peores) tiendas de discos

De unos años acá, el número de tiendas de discos ha ido disminuyendo de forma alarmante. Incluso la sección dedicada a ellos en las grandes superfícies se ha reducido. Se le echa la culpa a la cosa de las descargas de Internet y a la piratería. Y en gran medida debe serlo. Pero no debemos perder de vista el hecho de que de todas las tiendas de discos que había y que quedan, tan sólo unas pocas pueden llamarse así.

Y es que no se puede tener un mostrador de "novedades" en el que aparezcan CDs que llevan más de dos años en circulación. Ni preguntar y que no sepan nada. Ni dedicar cada vez más espacio a muñequitos, chapas, camisetas y demás parafernalia accesoria del mundo musical. Eso, y luego acusar a los clientes que dejan de acudir a sus establecimientos sin ninguna clase de autocrítica. Sabemos que Internet ha dado un vuelco en la relación que tenemos con lo audiovisual, es cierto. Pero ellos tampoco han hecho nada por mejorarlo.