martes, 30 de septiembre de 2008

Jean Paul en Kiliedro


Muchas vidas experimentan un corte brusco en algún momento. Determinadas vivencias, situaciones o circunstancias nos ponen en encrucijadas en las que hemos de tomar decisiones. Y a menudo la elección da un giro radical a nuestra existencia, marcando un antes y un después muy claros. Incluso sin que haya una decisión consciente, sino más bien un hecho que nos pone en una nueva situación, ante una perpectiva distinta es suficiente para que se dé el cambio. Estamos familiarizados con historias de este tipo, el santoral está lleno de vidas monótonas o desviadas que, un buen día, pasan a ser otra cosa muy distinta por obra y gracia de la mano divina. Pero tampoco hace falta acudir a casos tan extremos, puesto que es posible que todos podamos citar a conocidos que, en una escala menor, puedan contar historias parecidas. Como es lógico, en sentido estricto, ningún cambio es tan brusco como para poder señalar el momento exacto en el que se produce, ya que en realidad se trata más bien de un punto de inflexión que de un viraje radical. De este modo, existe una tendencia, un ambiente, una progresión que poco a poco va llevando a estos personajes hacia el cambio, acelerado o precipitado por determinados acontecimientos que actúan de catalizadores. Lo que suele ocurrir es que se pone como causa total a dichos aconteceres, quedando, en apariencia, como los únicos responsables de la inflexión, cuando no son más que un punto en el que hay un cambio de tendencia.[texto completo]

2 comentarios:

Horrach dijo...

Mi enhorabuena por su biodiapositiva, muy interesante y escrita con pulso vigoroso.

Lo que veo en esta cuestión de los cambios o rupturas es el típico problema de la causalidad, es decir, de pretender ver como causa lo que en sí no es más que una relación o vinculo de significado difuso. Que A nos conduzca a B no quiere decir, automáticamente, que A sea la causa directa de B. Pero ya sabe, amigo Pez, que la voluntad de dar sentido a todo lo existente en ocasiones nos juega malas pasadas.

shalom

El Pez Martillo dijo...

Gracias, querido Horrach, usted que me lee con buenos ojos.

Totalmente de acuerdo con lo que dice sobre la causalidad.