lunes, 1 de septiembre de 2008

Experiencia estética


Hay momentos especiales en los que uno se siente casi feliz. Son momentos del más puro estatismo, en los que uno se deja llevar por los sentidos, como disolviéndose en el entorno. El otro día me ocurrió algo así.

En el paseo marítimo de Palma, en el tramo de vía rápida, justo en frente de la ciudad antigua, entre las Avenidas y la avenida de Antoni Maura hay una hilera de bancos de un par de kilómetros. Allí los paseantes paran a descansar y a admirar las vistas (por delante, la ciudad vieja, con sus campanarios y vetustas construcciones, y por detrás la bahía de Palma). Los bancos terminan, en un extremo, justo en frente de la catedral y la Almudaina. Pues bien, con más de treinta kilómetros de Bicicleta en las piernas, y viendo que aún había luz suficiente y era pronto para retirarse, me senté en el último banco. Allí veía pasar la gente, los coches, y, sobretodo, la luz de la puesta de sol sobre el telón de los dos grandes edificios. Todo se conjuró para hacer de ese momento algo especial: la vista, la luz, la brisa marina, la euforia-cansancio del ejercicio (qué gran invento son las endorfinas), y la música. Porque llevaba mi mp4 y en él estaba sonando el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven (por cierto, con según que músicas el ejercicio no cansa igual que con otras). Por un momento todo adquirió sentido y yo me dejé llevar por él. Y era bello, muy bello. Tanto que no pude evitar sacr el móvil y tomar una fotografía que, aunque no captó la grandeza del momento, sí servirá para recordarlo. Aquí está:

3 comentarios:

Horrach dijo...

No recuerdo ahora mismo la de veces que me habré sentado en esos bancos, querido amigo. Esos días melancólicos en los que se escoge pasear para darle aire al ensimismamiento. La última vez que me pasé por allí, la pasada primavera, escuchaba obsesivamente en los cascos la pieza principal de Popol Vuh para el 'Aguirre, la cólera de Dios' de Werner Herzog. Si no la conoce, aquí le paso una muestra:

http://es.youtube.com/watch?v=bIIgIoNRrhY

PENSADORA dijo...

HAY! que buenos son esos raticos... y hay que ver lo que hace el deporte!, si señor, gran invento lo de las endorfinas.

A mí me pasa muchas veces esto mismo que describes, en mi caso, caminando por las afueras de Huesca, divisando, no muy lejos, la sierra de guara y los colores que va adoptando según la hora, el tiempo, la estación...

El otro día fue genial caminar bajo una tormenta de esas de fin de verano, calada hasta las bragas y contemplando cómo la sierra pasaba de estar tapada y borrosa a mostrarse limpia y en plenitud.

El Pez Martillo dijo...

Herr Doktor, la música la conocía, no está mal. Yo tuve mi btemporada de pasar casi a diario por ahí, ahora ya casi ni me acerco (hay que reconocer que ese paseo necesita una reforma).

Pensadora, sí, sientan muy bien esos ratos de relax contemplativo, aunque si puede ser sin tormentas, que a mi calarme (hasta los gallumbos, jejej) me sienta muy mal...

Saludos