jueves, 11 de enero de 2007

En torno a la enfermería


Pertenezco a una profesión que hace llamarse enfermería. Tradicionalmente ha consistido en estar con los enfermos, atendiéndolos. Hace ya décadas que nos ha quedado claro que nuestro trabajo son los cuidados. No el diagnóstico, ni siquiera el tratamiento. La predominancia y el prestigio que la medicina ha tenido durante siglos han hecho que todo lo que ocurre en un hospital gire en última instancia en torno a los médicos. Incluidas las enfermeras. Así, se nos ha convertido muy a menudo en meras secretarias de los médicos. Durante muchos años ha sido así, girando nuestro foco de atención del enfermo al médico, quedando relegadas a la labor de auxiliares médicos (la antigua denominación ATS -Asistente Técnico Sanitario- aún usada por algunos, lo pone de manifiesto) o a realizar tareas delegadas. Poco a poco las enfermeras del mundo entero hemos ido reclamando nuestro nicho en todo el tinglado sanitario, y hemos reivindicado para nosotras el área de los cuidados. Pero claro, aún arrastramos viejas costumbres y tics de nuestro pasado auxiliar. Pero hay una cosa muy clara, la gente necesita cuidados.

Los cuidados son casi siempre aplicados autónomamente, es decir, que cada uno de nosotros se cuida a sí mismo (nos lavamos, comemos, mantenemos nuestro aspecto, nos curamos pequeñas heridas...). Pero hay situaciones en las que, bien por incapacidad física o por falta de conocimiento, la gente necesita cuidados especiales o distintos a los habituales. La enfermedad es una de estas situaciones que podríamos llamar de crisis. Y ahí es donde entramos en juego las enfermeras. Primero, identificando las áreas de cuidados cubiertas y las no cubiertas, y luego sustituyendo a la persona en los cuidados que no puede realizar. Pero tampoco somos chachas del enfermo. En última instancia, lo que hemos de lograr es que el paciente retorne a la situación del autocuidaddo en la medida de lo posible. No siempre se puede hacer, por supuesto, ya que hay enfermedades que conllevan un deterioro cognitivo o físico importante, imposibilitando el autocuidado. En este caso se puede instruir a la familia, que mejorará así la sensación de control de la situación y verá en cierto modo aliviada la angustia que estos procesos conllevan.

Extendiendo un poco la mira de los cuidados, entramos en el terreno de la prevención. Porque nada mejor que adoptar medidas adecuadas a tiempo para evitar problemas irreversibles que produzcan la pérdida de independencia y la necesidad de cuidados profesionales. La educación es fundammental en esto. Y también es tarea de la enfermería. Enseñar buenos cuidados preventivos. De este modo minimizamos la incidencia y el impacto de las dolencias, lo cual evita mayores cuidados.

Poco a poco nos vamos separando del paradigma médico y de la enfermedad (médicamete entendida). Ahora llega el turno de preguntas: ¿Nos importa a las enfermeras la enfermedad?¿Hemos de prestarle la atención que le prestamos?¿Debemos ser expertas en ella? En caso afirmativo, ¿nos quedamos en un simple cuidar enfermos?. Parece que no, que casi es más importante y debemos reforzar los aspectos docentes y de refuerzo de salud. Pero para ello hemos de dejar claro qué debemos entender por salud y qué por enfermedad. Tal vez ese debe ser el principio, y hemos empezado la casa por el tejado. Pero eso es, como diría Javier Krahe, otra canción. A lo mejor otro día os la canto.

2 comentarios:

Horrach dijo...

Hola, 'enfermera'. ¿Hay algo que quieras decirnos? Tranquila, los Vermal boys nunca te daremos la espalda :-)

El Pez Martilllo dijo...

Ya le intenté explicar lo de usar el femenino como término general y pretensión neutra para una profesión que tradicionalmente ha sido femenina y que creo que tiene un fundamento ctónico que la hace especialmente adecuada para las féminas (tengo en mente escribir algo sobre esto).

Eso de que los Vermal boys no me vayan a dar la espalda es más bien por miedo que por darme apoyo. ¿Me equivoco?. Si es así, tengan cuidado, que mientras protegen su retaguardia de mi, es posible que venga otro y... ZAS!!! (se me ocurre algún candidato)