lunes, 27 de octubre de 2008

Flâneur


A veces me gusta salir a pasear sin más. Sin ninguna clase de objetivo ni dirección concreta. En estas ocasiones, me autoimpongo el no mirar escaparates, sino mirar a las caras de las gentes (en cierta medida también son escaparates, sólo que sin mercancia, ¿o sí?). O puede que me dé por no mezclarme en la masa y busque sitios solitarios, en los que urdir la ficción del encontrarse a uno mismo. También disfruto mirando hacia las fachadas, hacia las ventanas abiertas o iluminadas, hacia las gentes que miran por el balcón o tras los ventanales, componiendo un mosaico urbano (o más benjaminianamente, una constelación). Se descubren de este modo paisajes nuevos, panorámicas insospechadas que habían pasado desapercibidas y siguen haciéndolo para la mayoría de la gente. También surgen callejones y rincones alejados de las rutas habituales, como si sólo se mostraran a quien los sabe mirar (¿hay que recordar a estas alturas que mirar es algo más que pasar la vista por delante de algo?).

Y hay más, mucho más, porque la ciudad, y cualquier realidad, es más que ver. Hay otros sentidos y estímulos. El tacto del pavimento bajo los zapatos. El murmullo de la gente y el tráfico entremezclados, fragmentos de conversaciones y discusiones a partir de los cuales elaborar tramas vitales. Los olores, también heterogéneos que pueden sentirse: el perfume asfixiante de la señora que va cinco metros por delante, el olor corporal de aquel mendigo, los orines de un rincón, los buñuelos y castañas otoñales...

Me gusta, en resumen, dejar de ser sin dejar de ser, estar y no estar, creer que salgo sin ir a ningún lado. No sé si se me entiende.

5 comentarios:

PENSADORA dijo...

Una vez más amigo pez ¡me encanta cuando se pajea! jejeje!.

Se le entiende y es una buena y sana costumbre dejar de ser un poco para estar un mucho como terapia y gran sistema de abastecimiento energético personal.

Uf!

El Pez Martillo dijo...

Pues la verdad es que yo no lo concibo como terapia ni nada de eso. Diría que es mi modo de ser casi siempre: un paso por detrás, pero no muy alejado.

PENSADORA dijo...

¿Quizá te refieres a mantenerse a esa distancia justa que te permite apartar los árboles para poder ver el bosque en su esplendor?.

Yo tampoco me refería a una terapia como tal, si no a una forma de mantenerse en ese punto que nos permite ser objetivos. Mirar, ver, observar las cosas "desde fuera".

El Pez Martillo dijo...

Yo diría más bien que, en mi caso, es un deseo de querer salir, de no sentirme cómodo con nada y no querer estar. Sin embargo, es imposible, y a veces ese movimiento de huida lo que hace es meterme más adentro. Y en cuanto a la objetividad, hace tiempo que dejé de creer en ella.

PENSADORA dijo...

AAAHHHH! VALE.

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