jueves, 26 de junio de 2008

Rompimieto


Prosigamos. Ayer lo dejé con lo de las épocas "gruesas" y las "finas", por llamarlas de alguna manera. En todas domino el mismo pathos cluasurador de la realidad, pero en las primeras se lleva a cabo a la defensiva, mientras que en las segundas es al ataque. En éstas, la angustia de la indeterminación promueve el ir en busca de nuevos hechos, de nuevas construcciones que esxpliquen las cosas de forma pormenorizada. En las épocas gruesas sucede al contrario, se tiende a adoptar generalizaciones cada vez menos refinadas y más bastas (es decir, se ciegan al matiz y a todo lo que se salga de la generalización establecida). Estos dos extremos son teóricos, puesto que siempre se está en una posición mixta. Ahora bien, siempre escorada hacia uno de los dos lados. Y pienso que nuestro tiempo está bastante dominado por el grosor, por la angustia. Esto resulta paradójico, porque vivimos una época en la que tenemos datos de sobra acerca de la realidad y en la que las ciencias (en todos los niveles, no sólo los científicos) han alcanzado un desarrollo envidiable. Lo que ocurre es que la avalancha de información es tal que no ha habido más remedio que especializarse, perdiendo la persectiva global. Un físico puede ser toda una eminencia en mecánica cuántica, pero ser una nulidad en muchos otros aspectos tal vez más vitales y esenciales. Y no es que se tenga que saber todo de todo, pero sí tener una visión un poco más amplia. Vivimos tan metidos en nuestros microscopios que la vista se nos ha gastado y no alcanzamos a ver demasiado cuando alzamos la cabeza. Así, nos encontramos ante sabios necios. Además, adoptamos cosmovisiones demasiado burdas y generalizaciones gruesas que muy a menudo nos sirven de filtro a la hora de acercarnos a las realidades, deformando nuestra visión a priori.

Estamos en un mundo fácil, en el que todo nos es dado y en el que hay una solución rápida para casi todo, lo cual, en lugar de hacernos la vida mejor, nos ha atrofiado y nos ha puesto en la paradoja de, cuando más conocemos (en tanto que humanidad) sobre la realidad, mayor es la angustia y por lo tanto la tendencia a la huida. Pero también está el otro impulso, que es imparable, el de avanzar, el de proseguir en nuestros avances. Las dos fuerzas son muy potentes hoy en día. Y son en sentidos contrarios, con el riesgo que eso implica de ruptura.

1 comentario:

PENSADORA dijo...

Interesantes post, ambos, ayer y hoy.
Fíjate que incluso me inspira una semejanza con el tema de la sensibilidad, me refiero a que cuando estamos bien informados, cuanto mayor es nuestro conocimiento de la realidad que nos rodea, más sensibles somos.
De todas formas, estoy de acuerdo contigo en el asunto de la especialización, cada vez me veo más rodeada de eruditos sosos a los que sacas de su contexto y parecen caerse de un guindo. Esperemos que no vayan por ahí los derroteros de nuestros hijos (si algún día los tenemos)porque el tema supervivencia lo van a tener crudo.

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