viernes, 19 de enero de 2007

Salud


Más sobre la salud. A vueltas con la definción de salud, uno de esos conceptos en apariencia claros pero que encierran en ellos mucho más de lo que se espera. En cualquier profesión sanitaria se enseñan unas cuantas definiciones, siendo la aportada por la OMS la que siempre se sitúa como la estándar: "el estado de perfecto bienestar físico, psíquico y social, y no sólo la ausencia de lesión o enfermedad". La cosa tiene mucha tela que cortar, y espero poder hacerlo en entradas futuras. Hoy quiero apuntar en otra dirección. Y es que, en nuestra concepción habitual en torno al lenguaje, nos pensamos que las palabras son unívocas y que siempre han estado ahí, como instrumentos para la comunicación, fijados de una vez para siempre. No hace falta ser muy avispado para ver que las cosas no son tan sencillas. Las palabras, y los conceptos que, de forma imperfecta ellas cargan sobre sus espaldas , tienen historia. Y muy a menudo nos llevamos sorpresas si acudimos a esa historia de las palabras. Y también muy a menudo (casi siempre) se nos escamotea dicha historia.

Hoy se me ha ocurrido indagar acerca de la etimología del término salud, y la búsqueda ha resultado muy fructífera. He ido al simple origen de la palabra castellana, sin ir a otros idiomas ni remontarme a antigüedades pretéritas. La palabra salud deriva directamente del latín salus, que, literalmente, significa a salvo. Así, pues, tener salud, estar sano, es estar a salvo. Es fácil adivinar de qué se está a salvo: de la enfermedad. Lo dicho puede interpretarse como una descripción de un estado, como un corte transversal. Pero la vida no es un estado ni es transversal, sino, en todo caso, una sucesión de estados, una longitud. De este modo nos encontramos con el cambio y la fluidez de la existencia. El estado se convierte en un proceso, y el "estar a salvo" en un "poder estar a salvo". La salud, desde esta perspectiva, es más una capacidad, una potencialidad que una situación dada. Por eso se puede perder, pero también se puede mejorar, o, al menos, ser sometida a nuevas pruebas. Las enfermedades, es evidente, suponen obstáculos para ese estar a salvo al que se refiere la salud, pero sólo eso. No serían un opuesto, sino una prueba que se plantea a la capacidad de salvación de cada uno. Así, las enfermedades no serían un mero contratiempo a ser eliminado, sino un banco de pruebas, una oportunidad para acrecentar la salud. Entre eliminar y superar hay un abismo.

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