jueves, 13 de julio de 2006

Mis personajes favoritos (I). Lou Andreas-Salomé


Empiezo hoy una serie de artículos en los que voy a hablar de mis personajes históricos preferidos. Porque me gusta la historia y porque hay una serie de individuos que me parecen muy interesantes. Intentaré no hacer artículos de enciclopedia (no sería original), ni exponer biografías completas. Mi intención es contar cuatro datos interesantes y la impresión que en mi causan y porqué me parecen dignos de mención. Algunos son personajes en cierto modo marginales, poco conocidos o con cierta "mala fama", y otros son de sobra populares.

Para empezar he elegido a una mujer. Una mujer que, si hubiera sido un hombre, estaría entre los más importantes de los últimos tiempos, pero que, al nacer con el par de cromosomas XX, quedó apartada de la corriente de la historia oficial. Ni siquiera las feministas la reivindican (bueno, algunas sí, pero pocas), a pesar de que, sin serlo, podría haberse convertido en un modelo para las mujeres de su tiempo. Se trata de Lou Andreas-Salomé.

Más conocida por los hombres que la amaron (cómo no) que por sus logros, nació en San Petersburgo en 1861. En 1882 compartió piso en Suiza junto a Paul Ree y Nietzsche (los dos le pidieron matrimonio, y a los dos los rechazó, y finalmente, sin poder superarlo, Ree se suicidó en 1901). Se hacían llamar "la trinidad pagana", con el consiguiente escándalo, ya que una muchacha al parecer no podía vivir sola con dos hombres. Fruto de aquellos meses de convivencia y del desamor, Nietzsche dio a luz su Así habló Zaratustra. Lou frecuentaba ambientes intelectuales, y estaba en contacto con las gentes más sobresalientes del momento. Su belleza y su inteligencia cautivaban a los hombres, y se llegóa decir que todo hombre que la conocía, al cabo de nueve meses paría un libro. Pero la que paría libros fue ella. Escribió unos veinte libros y múltiples ensayos y artículos de revistas. Su interés principal fue el psicoanálisis, lo que la llevó a conocer a Freud y entrar en su cŕiculo más cercano (de hecho, fue la única mujer que el vienés aceptó como discípula).

Se casó con el orientalista Carl Andreas, que había intentado suicidarse tres veces para convencerla, y que consiguió su objetivo tras clavarse un cuchillo en el vientre delante de ella. Pero ella aceptó con la condición de que entre ellos no hubiera sexo. En el pueblo donde vivieron se ganaron fama de brujos (ella tan independiente y él orientalista, era fácil que se hablara mal).

El poeta Rainer Maria Rilke tampoco pudo resistirse a sus encantos, y fruto de ello es una intensa relación epiostolar entre ambos. Como se ve, muchos fueron los que la tomaron como musa, y sólo por eso merece un hueco en la historia. Pero también supo ganárselo gracias a su producción, no menos extensa e interesante que la de sus compañeros. Por citar una de sus contribuciones, fue una de las primeras perrsonas en estudiar la sexualidad desde una perspectiva psicoanalítica, antes incluso que el propio Freud.

Murió en 1937, pero dejó tras de sí una profunda huella en la cultura de finales del XIX y principios del XX. Su atractivo no ha mermado a lo largo de las décadas, y muchos han sido los que han escrito sobre ella y a los que, aún después de muerta, ha servido de inspiración. Lou Salomé fue una mujer de esas que no pasan desapercibidas, que marcan una época, y con su vida abrió el camino para que muchas otras mujeres se animaran a seguirlo, a pesar de las dificultades y de que los hombres sólo iban a ver en ellas una posible esposa (como hicieron todos con ella, que sólo eran capaces de pedirla en matrimonio, a pesar de que ella sólo veía en ellos sus capacidades intelectuales, que era lo que más la motivaba).

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