lunes, 23 de octubre de 2017

La cosa catalana

La gente me para por la calle pidiéndome que trate el asunto catalán. Pues bien, ahí va: 

Aún gustándome la crema catalana, soy más de natillas. El azúcar quemado de arriba no me gusta, es empalagoso, y no se acerca, ni de lejos, a la canela, que es algo que me vuelve loco (en más de un sentido). La butifarra tampoco me entusiasma, me gusta más el butifarrón mallorquín (llamadme localista, pero es así). El fuet, qué queréis que os diga, tiende a endurecerse si no te lo comes rápido, y que sea tan fino no me gusta. De los calçots, sólo diré una palabra: puaj!! (ni la salsa romesco se salva). 

Y para terminar: pa amb tomàquet? pa amb oli!!!

Espero que haya quedado claro. 

sábado, 21 de octubre de 2017

Camus


El acto más importante que realizamos cada día es tomar la decisión de no suicidarnos.
El mito de Sísifo

Ando terminando la lectura de las obras completas Albert Camus, y mientras he estado con ellas, por todas partes me encontraba con su nombre: leyendo artículos, por referencias de amigos... Parece que está de moda, pero no se trata de que me haya puesto con él movido por esas alusiones. Se trata de una sincroncidad, como si hubiera una corriente que nos lleva hacia él. Sin duda, es una figura muy adecuada y hasta diría que necesitamos alguien como él en nuestro tiempo. De origen muy humilde, nacido en la Argelia aún francesa, de antepasados menorquines (por parte de madre), miembro de la Resistènce durante la guerra mundial, se enfrentó desde la izquierda (fue un anarquista lúcido) con el comunismo que la dominaba, amigo primero y luego enemigo de Sartre, premio Nobel de literatura en 1957 (que acogió con una humildad emocionante, recordando al profesor que de niño le enseñó y le brindó la oportunidad de ser algo en la vida)... toda una vida de compromiso que impregna su obra teatral, novelística y de ensayos. Adscrito a la filosofía del absurdo, su ejemplo es cualquier cosa menos absurdo. Se preocupó de lo que agarrotaba a su tiempo: de los totalitarismos a la guerra fría, y todo con un desgarro lúcido y nada apasionado (y siempre del lado de los débiles, como gustaba repetir). Especial interés tuvo en la situación de su Argelia natal, envuelta con el paso de los años en una espiral de violencia entre los colonos franceses y los árabes que deseaban la independencia (que no llegó a ver, pero que tampoco deseaba). 

De todo lo leído, mención especial para Carnets, sus diarios y reflexiones más íntimas, donde mezcla ideas, esbozos de relatos y vivencias. También El hombre rebelde, reflexión en torno a la cuestión de le rebelión, donde azota al comunismo y en lo que se había convertido con Stalin, algo que le enemistó con buena parte de la intelectualidad bienpensante francesa. Y por supuesto El último hombre, novela póstuma que portaba en el momento de su muerte y que se encontró en una cartera entre los restos del accidente automovilista en que perdió la vida en 1960. Aunque no terminada, se trata de una deliciosa autobiografía novelada, en la que relata su infancia pobre, su relación con su madre y su abuela, el profesor que fue el padre que nunca llegó a conocer... En definitiva, todo lo que le llevó a ser el que fue. 

Muchos caminos de hoy parecen confluir en Camus, el que tuvo una sonada bronca pública e intelectual con Sartre, la cual pareció perder. Pero el tiempo ha puesto a cada uno en su lugar, y a día de hoy, la figura de Albert le hace sombra. 

Próxima estación: El archipiélago Gulag. 

viernes, 20 de octubre de 2017

2000

Esta es la entrada número 2000 del blog. Me apetecía hacerlo notar. Espero que no venga acompañada del famoso efecto 2000. 

jueves, 19 de octubre de 2017

Lo que vendrá tras nosotros

Una cosa que me entristece del hecho de ser mortal (y últimamente la cuestión temporal me ocupa, cosa de ir haciéndose mayor) es el tener que perderme todo lo que vendrá después de mí. Me encantaría poder ver los avances tecnológicos que habrá, la evolución de las costumbres, los avatares históricos... Cuando lo pienso siento cierto vértigo. Podría decirse que lo pasado tampoco lo he conocido. Es cierto, pero de alguna manera lo conozco y puedo beneficiarme de él. El futuro, en cambio, es terra incognita. No obstante, lo más probable es que todos esos cambios me produjeran rechazo, como me lo producen algunas de las cosas que han cambiado de unos años acá. Así que mejor vivamos lo que nos haya tocado vivir, absorbamos todo lo que podamos y no nos dejemos nada del banquete, no vaya a ser que por andar tomando perspectiva, nos  tropecemos con lo más inmediato. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Desde la barrera


-Tú esto no lo has vivido, no puedes opinar sobre ello.
-Pues precisamente por eso, a lo mejor mi visión es, si no más objetiva, sí más amplia y matizada.

martes, 17 de octubre de 2017

Las monjas

Aunque la frenología esté desacreditada, uno cae a veces en la tentación de asignar determinados rasgos físicos (sobre todo del rostro) a caracteres interiores. En concreto, creo que puedo detectar la ideología de alguien por su rostro. Porque, ¿soy yo el único que detecta un no sé qué clerical en los gestos de determinada izquierda adanista y el nacionalismo más rancio (si es que es posible un nacionalismo no rancio)? Yo los llamo cariñosamente "las monjas" (así, en genérico femenino, algo que a buen seguro les complace). La cara crispada, la mirada severa, dispuestos a la reconvención en cualquier momento, seguros de su fe, taimados, detectando pecadores por doquier, aprovechando cualquier ocasión para el proselitismo... Incluso el gusto que tiene por los flequillos hace pensar en las tocas de las monjas, y una tonsura no les quedaría tampoco mal. ¡¡¡Si hasta tienen monjas (de las de verdad) mediáticas  entre sus filas!!!!