jueves, 22 de julio de 2010

Reflexiones caniculares

Calor. Calor que funde los sesos, que licúa las ideas, que evapora cualquier posibilidad de concentración. Con el calor como trasfondo, la vida se convierte en un puro vegetar, un mero estar ahí sin más, improductivo y con la única meta de llegar a épocas mejores en las que poder hacer algo de sí misma en mente. 

No hay mucho que hacer cuando hace calor. Por eso le gusta el verano a una gran parte de la gente, porque pueden abandonarse a la vida pobre, hipoactiva y anémica del que no tiene nada que hacer: tumbarse en las playas, o gastar el tiempo ante bebidas refrescantes. El impulso hacia el mínimo esfuerzo se ve satisfecho en la canícula. Cualquier cosa cuesta el doble de fuerza de voluntad y de energías. Y como no andamos muy sobrados de eso, pues vacamos a una nada nada interesante. 
A veces estos páramos veraniegos se enmascaran en cierta hiperactividad. La vida social se multiplica, se sale, se alterna. Pero no es más que el autoengaño de los que no quieren ver el vacío del verano, que se niegan a experimentarlo, que no van a sacar nada de ello, algo que cuesta mucho más que cualquier otra cosa. 

En verano, la vida es más pesada, o se adquiere otra perspectiva de la carga vital, más onerosa y presente que nunca. Por eso todo se aligera: el trabajo, las relaciones, el ambiente... Pero la carga sigue ahí, no conviene olvidarlo, no sea que nos arrastre y nos ahogue.

martes, 20 de julio de 2010

Turismo fetichista

Hay un cierto fetichismo en eso de visitar los lugares en los que personajes más o menos conocidos e importantes desarrollaron parte de sus vidas. Como si pisando el mismo suelo que pisaron, o contemplando las mismas vistas, fuera a pegársenos algo de su inspiración y genialidad. Y allí vamos, no sin ilusión, y hacemos fotos y recogemos folletos, rellenamos el hueco por un rato, autoconvenciéndonos de que con una pequeña tangencialidad respecto a vidas supuestamente interesantes hacemos de la nuestra algo más digno. 

Pero en cuanto el entusiasmo se pasa, caes en la cuenta de que en realidad no has visto nada. Sí, se ha estado en el mismo lugar que X, pero en realidad no quedaba nada suyo allí. O bien la posible huella ya no existe, o se ha redibujado para que cuadre mejor con el relato y la imagen que nos hemos creado del personaje. Pura fantasmagoría.

Y sin embargo, seguimos buscando lugares que visitar, a veces con toda la intención, organizando viajes casi para ir a verlos, y otras por seguir la corriente (por ir a visitar lo que todo el mundo visita), no vaya a ser que la epifanía nos espere en la siguiente visita.

sábado, 17 de julio de 2010

Tom Petty and The Heartbreakers. Mojo: Jefferson Jericho Blues

Si siguen este ya viejo blog, sabrán ustedes que gusto de la música con un aire añejo. Y si tiene raíces norteamericanas (en esa corriente que viene del sur de los Estado Unidos y que directa o indirectamente alumbró buena parte de la música popular de las últimas décadas), tanto mejor. Por eso no puedo dejar de celebrar que los artistas se miren en esos espejos y nos regales soberbios trabajos en los que se solazan en la tradición. A veces es en estos discos en los que dan lo mejor de sí, en los que demuestran de dónde viene su música, como una especie de autorecordatorio del camino que no quieren perder.

Esto es lo que han hecho Tom Petty y sus Heartbreakers con su último trabajo, titulado Mojo (el título nos lleva a la Louisiana, a Nueva Orleans y a la ciénaga, en un anticipo de lo que nos espera en las quince canciones de que consta). Buen disco de uno de esos viejos rockeros que se resisten a abandonar. Tal vez algo difícil de escuchar para quien espere canciones al estilo de sus grandes éxitos de hace 20 años (o de cuando estuvo con George Harrison, Roy Orbison y Bob Dylan en los Travelling Willburys), pero muy interesante si les gusta la músic acon raíces. 

Les dejo con la primera canción del disco, una poderosa forma de empezar: Jefferson Jericho Blues.

viernes, 16 de julio de 2010

Orgullo y calabazas

Cuando te dan calabazas, sobre todo si se trata de las no demasiado dolorosas, el primer impulso es tirar de orgullo y proferir un grandilocuente "ella se lo pierde" (o él si es el caso, aunque intuyo que se dice más en femenino que en masculino). Y en gran medida es así. Pero hay breves momentos de debilidad y flaqueza, y, porqué no, de lucidez, en los que por debajo de este pensamiento se cuela otro más ácido: "sí, vale, pero también te lo pierdes tú"

viernes, 9 de julio de 2010

Espectáculo a pedales

Si por algo me gusta el ciclismo, además de la por la estrategia y el espectáculo, es porque se juega en espacios abiertos. He llegado a la conclusión de que mi falta de interés por la mayor parte de los deportes tiene que ver con que se desarrollan en estadios, gimnasios, circuitos, canchas... Todo en ambientes que me resultan claustrofóbicos. Por eso, ver a los ciclistas correr por carretera durante kilómetros, poder contemplar el paisaje y ver de pasada al público, es un soplo de aire fresco, le añade belleza y espectáculo al espectáculo.

miércoles, 7 de julio de 2010

El valor de la traición

Conviene, de tanto en tanto, traicionarse a uno mismo. Defender lo que nunca defenderíamos, ser incongruentes. Sólo así podemos seguir en la senda de cierta coherencia. Que las cosas las hagamos no por la mera inercia, sino por decisión libre.

jueves, 1 de julio de 2010

El sindicalismo living la vida loca.

Nunca he creído en eso de las reivindicaciones festivas ni las manifestaciones que parecen más una cabalgata que otra cosa. Más que nada porque de lo que se trata al manifestarse, no es sólo de manifestarse (manifestar cosas lo hacemos todos los días), sino que es una demostración de fuerza relativa a determinados puntos lo que está en juego. Y cuando hay que demostrar fuerza, se enseñan los dientes, no se baila. 

Todo esto viene a cuento de la situación que he podido contemplar hace unas horas. Por lo visto, había convocada una manifestación para protestar por las medidas anticrisis del gobierno, con vistas a ir cogiendo músculo para esa fantasmagórica huelga general de dentro de unos meses (digo yo, suponiendo que la situación sea mala como para convocar esa huelga, es ahora y no tan lejos que hay que moverse, eso por no hablar de la conveniencia de haberse pronunciado con anterioridad, pero claro, las vacaciones ni tocarlas). Y yo, que estaba en la calle por otros motivos, me he dado de bruces con la protesta. Por un lado estaban los sindicatos y organizaciones más "radicales" (anarquistas e independentistas, que me pregunto yo qué puñetas hacían juntos, pero ya se sabe, vivimos tiempos en los que la velocidad y el tocino son casi lo mismo) haciendo su propia manifestación, apartados de los sindicatos mayoritarios, que estaban concentrados en la plaza de España arremolinados en torno a un pequeño esc.enario donde unos bafles atronaban a la concurrencia con ¡¡Ricky Martin!!

En estas circunstancias es cuando se comprende aquello de la vergüenza ajena. He acelerado el paso para huir de allí, no fuera que alguien conocido me viera y pudiera llegar a pensar que estaba mezclado en semejante reunión. Mientras tanto, pensaba que si esto era la revolución que tan en la sangre dicen llevar estos sindicalistas de botellón, nos la podríamos haber ahorrado. Y también confirmando que la crisis es mucho más que económica. Ojalá sólo fuera económica.