domingo, 7 de junio de 2009

Votar o no votar


Cada vez que hay elecciones, tengo la lucha interna de si tengo que ir a votar o no. Durante muchos años fui abstencionista. Luego empecé a ir a votar, sin mucho convencimiento, la verdad. En realidad sólo he acudido ante las urnas en cinco ocasiones (y, para que quede constancia, nunca he repetido mi voto), y apegado a las más egoístas razones. Y como hoy no se cumple el principal motivo que me llevó hasta el colegio electoral en anteriores ocasiones (al estar de vacaciones, no voy a disfrutar esas cuatro horas electorales en el curro), pues como que no voy a ir. Además, está el factor resaca, importante a la hora de ir con las ideas claras. Si no fuera por la previsible reacción de nuestros próceres (que se tirarán los trastos a la cabeza echándose la culpa de todo, sin una pizca de autocrítica), la también previsible enorme abstención tendría que movilizar a algunos. Pero me temo que no va a pasar nada. En cualquier caso, en la tesitura en la que nos encontramos, uno no sabe qué es más irresponsable, si ir a votar o quedarse en casa...

En estos casos, entono los versos de Javier Krahe:

Y por no echar mi voto
en cualquier saco roto
me abrazo a la quimera
que no lleva bandera.
Un viejo residuo
tengo de individuo
que, en vez de hacia a la cola de ir a votar
me lleva al bar.

Ojalá mi ausencia
colabore en conciencia
con la papeleta
que cada cual meta
y que haya mejores
administradores
y que María Cristina sea ejemplar
al gobernar.

Ya que, Dios mediante
no me veo de votante,
vaya por delante
que le pido a mi abstención
campo de acción.



sábado, 6 de junio de 2009

Día D


La casualidad ha querido que, hace unos minutos, recién empezado el día, leyendo la segunda parte de las Radiaciones Jüngerianas, haya leído la entrada correspondiente al 6 de junio de 1944. Por si no lo saben, les recordaré que se trata del conocido día D, el día en que los ejércitos norteamericano y británico desembarcaron en las playas de Normandía para liberar Francia del yugo nazi. Unos meses antes, los norteamericanos ya habían desembarcado en el sur de Europa, y avanzaban con rapidez a través de Italia. Los rusos, a su vez, avanzaban desde el Este, acercándose peligrosamente a territorio alemán. Más o menos asegurados los frentes sur y este, quedaba el lado occidental por asediar. Y eso pretendieron los aliados con el famoso desembarco de Normandía. La cuestión es que hoy hace 65 años de eso. Y el azar me ha hecho un guiño, queriendo que leyera las impresiones de un militar alemán emplazado en el París ocupado acerca del acontecimiento:

"Ayer velada en la residencia de Speidel en La Roche-Guyon. El viaje resultó complicado a causa de la destrucción de los puentes del Sena. Emprendimos el viaje de regreso hacia París hacia las doce de la noche y eso hizo que por una hora no nos encontrásemos en el Cuartel General en el momento en que llegaron a él las primeras noticias del desembarco. En París se ha conocido por la mañana; ha cogido por sorpresa a muchos y especialmente a Rommel, que ayer no se hallaba en La Roche-Guyon porque había marchado a Alemania para el cumpleaños de su esposa. Realmente, una nota falsa en la obertura de una batalla de tal envergadura. Las primeras fuerzas que saltaron en paracaídas fueron detectadas después de medianoche. En las operaciones han participado numerosas flotillas y once mil aeroplanos.
Se trata sin duda del comienzo de la gran ofensiva, que hará que este día pase a la historia. Yo mismo he quedado sorprendido, precisamente porque se habían hecho tantos vaticinios sobre esto. ¿Porqué aquí y ahora? Son preguntas sobre las que seguirá hablándose en un futuro lejano"

Unos días más tarde, el 24 de junio, Jünger nos da algunos detalles que muestran la magnitud de la imprevisión alemana:

"He hablado con el almirante Ruge de las circunstancias en que se produjo el desembarco. Parece ser cierto que en la noche decisiva no había salido de puerto ni un solo patrullero alemán "porque el mar estaba demasiado agitado". Los ingleses desembarcaron con bajamar, durante la cual quedaban visibles en la playa los obstáculos submarinos. Estaba previsto instalar obstáculos para la marea baja, pero aún no se los había colocado".

Resulta difícil imaginar la magnitud de aquella batalla, a pesar de que el cine, con mayor o menor acierto haya intentado reflejarla. Un detalle, sin embargo, puede ayudarnos: conocí a un francés nacido en aquella zona, que me contó que aún hoy en día es fácil encontrar restos de la batalla (cascos, armas, balas...) por los bosques de Normandía, como si en lugar de 65 años hubieran transcurrido tan sólo unos pocos meses.

viernes, 5 de junio de 2009

Las 1001 entradas


Un blog puede llegar a ser algo errático, por lo que no es conveniente en él conmemorar los aniversarios cronológicos. Si hay algo que conmemorar, es el número de entradas, auténtico signo de la vitalidad de un blog. Por eso, hoy toca hacer patente que este modesto blog llegó ayer a las mil entradas. Ya veremos si llega a las dosmil.

jueves, 4 de junio de 2009

My generation

En los últimos decenios han habido hitos que han marcado a generaciones enteras, de modo que cada dos o tres décadas había algún acontecimiento crucial que movilizaba y estimulaba a grandes masas de gente. Los hijos de los que combatieron en la primera guerra mundial lo hicieron en la segunda. Los hijos de éstos vivieron en primera persona la revolución de los años sesenta, simbolizada en los múltiples sucesos del 68 (España no siguió las mismas fechas ni estuvo en los mismos acontecimientos, pero tiene acontecimientos históricos paralelos). La siguiente fecha, la que algunos ya recordamos y que tal vez debería haber sacudido nuestros cimientos, es el año 1989. Reconozco que servidor era muy joven para "participar" en todo aquello, pero ya era lo suficientemente mayor para darme cuenta de que algo se estaba moviendo en la historia. Recuerdo a la perfección aquel telediario de las 9 empezando con la noticia de la caída del muro de Berlin, y la excitación que se vivió en aquellas horas-jornadas. Como si el mundo se estuviera sacudiendo al mismo ritmo que mi joven cuerpo (sometido entonces a varios avatares biográficos y hormonales que, veinte años más tarde, considero vitales). Sin embargo, todos esos hechos históricos ocurrieron al otro lado del muro, y nosotros tan sólo fuimos espectadores de aquello (en realidad, sospecho que algo parecido pasó en el 68, pero la leyenda lo acrecentó en demasía, como, también sospecho, hicieron nuestros padres con un montón de cosas más). Y tampoco se trata del hecho crucial de mi generación, que puede pasar a la historia como la primera que no hizo nada, que no le aportó nada al mundo, ni positivo ni negativo en muchos años, al menos en el tramo de nuestra juventud.

Y, si quieren que les sea sincero, casi mejor así. Para ilustrar la entrada, siguiendo la tónica de mi generación, que ha crecido a la sombra de los que nuestros padres creyeron (o nos han hecho creer que hicieron), una canción que es más suya que nuestra, pero que no desmerece nada. Evidentemente, los Who:

miércoles, 3 de junio de 2009

Darwin y Russell Wallace en Kiliedro


Los fastos en torno al “año Darwin”, con los cuales se pretende celebrar el bicentenario del nacimiento del naturalista británico, y al mismo tiempo el 150 aniversario de la publicación de su obra capital, El origen de las especies, ocultan -o, en el mejor de los casos, ensombrecen- el hecho de que Darwin no fue el único en llegar a la teoría de la evolución de las especies. Aunque es cierto que él había desarrollado la teoría con anterioridad, sus escritos permanecieron sin publicar varios años y nadie más que él sabía de sus ideas, dejando campo de actuación para que otros pudieran llegar a sus mismas conclusiones.

martes, 2 de junio de 2009

Al huerto


No pude llevarte al huerto, pero me llevaré la calabaza que gentilmente me otorgaste. Allí la regaré con mis lágrimas. Y la abonaré con toda la mierda que expulse mi boca cada vez que me acuerde de ti.

lunes, 1 de junio de 2009

Etilofilia


Quizá porque me crié en una familia no demasiado bebedora. O porque la época de mi adolescencia no fue muy desaforada. O vaya usted a saber porqué, no soy un gran bebedor. No entiendo esa ansía que le entra al personal los fines de semana. Ni tampoco la moda cultureta con el vino (tengo un paladar totalmente insensible al vino, no sabría distinguir un Vega Sicilia de un Don Simón). Pero que nadie crea que no bebo, que sí lo hago, aunque sin mucho convencimiento.

Puedo presumir de no haberme emborrachado nunca, y de saber cuándo he de parar con el alcohol. Por todo esto, mi sensibilidad es muy baja, y un simple botellín de cerveza ya me hace flotar. A lo más que llego es al famoso "pedete lúcido", al momento ese en que los sentidos empiezan a embotarse (un amigo mío lo expresa de modo muy gráfico: cuando te notas los dedos acartonados), el de la risa floja y el mareíllo agradable (aunque a veces no lo es tanto). Cuando llego a esto, sé que debo parar, por el bien de la gente que esté por ahí cerca. Además, está la cuestión de lo que uno puede llegarse a divertir siendo el único sobrio en medio de borrachos.

A pesar de ello, tengo mis bebidas favoritas. La que más consumo, como casi todo el mundo, es la cerveza. Heineken o Guinness a ser posible. Casi no bebo combinados, pero cuando lo hago, sin dudarlo, es para tomar pomada (ginebra de Menorca con limonada). Y recuerdo especialmente la hidromiel, un licor nórdico dulce hecho a base de agua y miel fermentadas, que sólo he bebido en dos ocasiones (no se ha dado la oportunidad de más), y, que yo sepa, sólo se sirve en un local de la ciudad (servido a la vikinga, dentro de un cuerno).

En resumen, que no soy un devoto del alcohol, y me gustaría seguir así.