jueves, 1 de diciembre de 2011

Punto de fractura

Acostumbrado a la presión, acumulas una cosa sobre otra, hasta que llega el día en que, a veces por una tontería, por algo que en otras circunstancias podría hasta pasar desapercibido, alcanzas tu punto de fractura, y entonces sobreviene la caída más brutal, el desplome de lo que parecía irrompible, el estupor, el dolor y la desolación. La ruina.

La cuestión es procurar causar las menos víctimas posibles. Y que la reconstrucción sea factible.

4 comentarios:

Otto dijo...

Claro, de eso se trata, de ir luchando. Nuestras pequeñas victorias y derrotas. Pero de repente sobreviene un cataclismo y sale todo lo que acumulamos lentamente, aquello que andábamos rumiando en silencio...todo estalla. Como bien dices, hay que controlar la demolición para evitar daños colaterales y facilitar en la medida de lo posible una reconstrucción que conlleve la menosr frustración posible, y la alegría eso siempre.

PENSADORA dijo...

A esto venía mi entrada del otro día, a que, aunque duela, el "estallido" es necesario. Si uno acostumbra a la presión (lo que para mí son "problemas"), el no sufrirla puede resultar de lo más aburrido.

Es bueno "estallar" de vez en cuando. Como cuando te tiras a una piscina: hay que llegar al fondo para coger impulso y salir a la superficie.

Salud!

El Pez Martillo dijo...

Sí, pero cuando te rompes, cuando estás abajo, siempre piensas que no hay solución, que te ahogas. Ves que has tocado fondo cuando empiezas a remontar el vuelo.

Saludos.

PENSADORA dijo...

Exacto! es que sólo cuando se llega a tocar fondo se tiene conciencia de la fractura. Desde el fondo siempre es más fácil tomar impulso.

En fin, no nos ahoguemos pues!