sábado, 10 de noviembre de 2007

Vivencias valencianas

Eran casi las 2 de la tarde...

Valencia, es una ciudad de contrastes. Es un tópico, porque supongo que todas las ciudades grandes (800000 habitantes en el municipio y más de millón y medio en el área metropolitana) lo son, ya que en ellas se acumula de todo. Pero es que lo que más me llamó la atención de Valencia fue eso, un contraste enorme y sorprendente entre unas zonas y otras de la ciudad. La convivencia entre lo grandioso y lo miserable es muy estrecha. Al lado de centros gubernamentales se podía encontrar uno con un edificio semiruinoso, o un solar abandonado desde hace años. Todo esto junto la espectacularidad (un tanto pretenciosa, todo hay que decirlo), de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, que da la impresión que ha hecho olvidar a las autoridades que hay otra ciudad, la de la gente, que en algunas partes daba la impresión de estar a punto de derrumbarse. También llamó mi atención la sencillez y simpatía de sus gentes que comparada con lo faraónico de lo que emprenden sus gobernantes y la imagen que proyectan al exterior, es más que sorprendente.

Pero tal vez lo que más me chocó fue el tráfico. Una ciudad que es grande (la tercera de España), tiene un tráfico muy fluido, escaso incluso. Acostumbrado a lo infernal de la circulación palmesana (y mallorquina), que es una de las regiones del mundo con mayor densidad de vehículos, la fluidez y calma de Valencia ha sido todo un hallazgo, y la constatación de algo que he discutido largamente con mucha gente y que casi todo el mundo por aquí cree imposible: que se puede vivir con menos coches. También llamativo es el uso de la bicicleta como medio de transporte, y no como un mero instrumento deportivo (que es como lo usamos aquí).

El aspecto relacional me ha parecido también distinto. La gente es más abierta (la naturaleza cerrada en sí misma de las islas parece producir personalidades también cerradas), y se relaciona con mayor desparpajo, sin tantos complejos. Las mujeres, en general muy bellas, te miran al pasar, haciendo no difícil que tú les respondas con otra mirada o un acercamiento más claro, y no como aquí, que muy a menudo generan cierto rechazo o ponen barreras entre ellas y los demás. Lo que allí es naturalidad y espontáneo, aquí es señal de descaro (o de una belleza física espectacular).

En este pequeño apunte de sensaciones valencianas, quiero destacar una cosa, la comida. Aunque como en todas partes hay bueno y malo, la sensación es que he comido bien y en abundancia. En algunas ocasiones (como la cena del lunes o la comida del miércoles), exquisita, y compensa con mucho otras comidas más flojas. Y si a alguien le interesa, no comí paella (bueno, sí, pero en el aeropuerto de Palma, mientras esperaba para irme).

5 comentarios:

Horrach dijo...

Comparto gran parte de lo dicho. Tal vez algún día deberíamos hablar seriamente sobre el tema automovilístico en Mallorca, que, creo yo, ya ha alcanzado niveles de enfermedad. Y pensar que a a nuestra Roqueta la llamaban no hace mucho tiempo "la isla de la calma"...

Una duda que me asola desde hace horas: ¿¿¿no le llegó a hacer alguna foto a las noruegas del Rosenborg???
(que sea que sí, que sea que sí,...)

Una última cosa: ¿me llevará mañana al vermalódromo el cd prometido? Gracias anticipadas.

El Pez Martillo dijo...

Desgraciadamente, no lleve la cámara a nuestras aventuras nocturnas, y no queda constancia de esas aficionadas vikingas que tanto nos alegraron esa noche. Me arrepiento públicamente de ello, y me fustigo si es necesario. Quedan en nuestra memoria (de momento no me las he podido quitar de la cabea, a ellas y a las brasileñas...), y tendremos que conformarnos con evocarlas (o eso u organizar una colecta masiva para comprar los partidos del mallorqueta y que así se clasifique para la champions, y amañar el sorteo y que el año que viene venga el Rosenborg y podamos hacer de guías a esas vikingas).

El CD lo grabo ahora mismo.

Horrach dijo...

A mí las brasileñas me gustaron bastante menos. No suelen entar en mi canon estético las sudamericanas (salvo excepciones), como tampoco las chinitas escuálidas, las negras o las ibicencas.

Y muchas gracias por el cd.

Musa dijo...

En nombre propio y de las ibicencas en general agradezco no estar en su canon estético.
Doktor, un consejo, ándese con ojo al hacer ciertas afirmaciones...

Stones dijo...

Me alegro que Valencia dejara buenos recuerdos en usted. Yo las veces que he ido siempre han sido para olvidar. Que distinta es la ciudad que yo podría describirle