lunes, 29 de agosto de 2011

Ladran, Sancho

De un tiempo a esta parte, se oye mucho el falsamente atribuído al Quijote (en realidad es una expresión grecolatina) "ladran, luego cabalgamos" como argumento en favor de los propios planteamientos y actitudes cuando éstos provocan contestación. Aunque pueda ocurrir que quien está seguro de su camino y tenga la razón de su parte choque frontalmente con la jauría, no conviene lanzarlo irreflexivamente a los cuatro vientos, como si tener oposición fuera automáticamente un signo de estar en lo cierto y actuar de forma correcta. Se cae así en un vicio muy común: el de estar más pendiente de los demás y sus reacciones que de lo que uno hace. Del mismo modo en que el otro día decía que hay quien aprovecha el mal comportamiento de los demás para excusar el suyo, parece que importa más la reacción que se provoca que la fuerza interna de las ideas y los argumentos, y que al final el peso lo tiene la reacción contraria provocada. 

Es más cómodo proferir lapidarias frases que examinar nuestros argumentos, que tener que defenderlos, no frente a tribunales ajenos, sino ante nosotros, escrutándolos, buscándole sus puntos débiles, reforzándolos. Cambiándolos si es preciso. Y si ladran, no ignorarlos del todo, que a lo mejor en medio de la jauría algún ladrido es más que razonable.

3 comentarios:

Horrach dijo...

Es muy 'girardiano' esto de apuntalar las propias posiciones a partir de las resistencias ajenas. Izquierdistas que ven Intereconomía o escuchan a Losantos, carpetovetónicos que leen Público, todos siempre buscando la 'patita fascista' del otro para justificarse.

Y sí, se oye mucho últimamente, y tal vez se deba a un serio aumento del sectarismo.

PD: la foto parece tomada en son Gotleu.

El Pez Martillo dijo...

Al final, se critica lo de los demás denostándoles, aunque el resultado sea que se acaban pareciendo mucho a ellos.

A un aumento del sectarismo y de la mediocridad insulsa y totalmente acrítica. Es muy cómodo convencerse con un "ladran, luego cabalgamos", sin pararse a cuestionar ni los propios argumentos ni los de los demás (que quedan reducidos a meros ladridos), con lo que se queda uno más ancho que largo y encantado de haberse conocido.

PD: Son Gotleu es más "elegante".

Horrach dijo...

No se entran en la valoración de argumentos, porque lo prioritario en estos casos es el puro mecanismo de oposición, es decir, la importancia que se le concede al obstáculo (al hecho de que exista un oponente). La dinámica, y eso es paradójico para los contendientes, es precisamente lo que usted dice: que en la refriega se realiza un proceso de igualación en el que todos se acaban pareciendo.

PD: estos días Emaya ha dejado son Bronxleu como la Pasarela Cibeles. Ya está todo listo para el tiroteo final.

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