domingo, 18 de noviembre de 2007

Lecturas kantianas


Siempre tuve la sensación de que el auténtico Kant, el que más le interesaba a él se esconde fuera de la Crítica de la Razón Pura, que ésta no es más que una propedéutica para sus auténticos intereses, un mero (pero importantísimo y necesario) preparar el terreno. Por decirlo de forma rápida y suave, tengo la impresión de que la obra mentada está sobrevalorada, mientras que las otras dos críticas (sobretodo la del Juicio), están ingfravaloradas, cuando a lo mejor debería ser al revés. La cuestión se acentúa si tenemos en cuenta que cuando se trata de enseñar a Kant la labor se centra casi exclusivamente en la primera crítica, dejando a las otras dos (y al resto de la obra kantiana) en un plano secundario. Tal vez la cosa se deba a la complejidad conceptual y la aridez en su lectura, que provocan admiración y repulsión a partes iguales, así como el sentimiento de encontrarse ante algo grande por difícilmente comprensible (cuando no directamente incomprensible). La Crítica de la Razón Práctica y la Crítica del Juicio son más asequibles, al menos por ser más breves. Y no digamos ya las otras obras que dejó el de Königsberg, que han quedado ensombrecidas por la granmdiosidad de la primera crítica, que exige ingentes cantidades de tiempo y de neuronas para ser desentrañada (y ni siquiera sí). El caso es que desde que tengo conocimientos sobre Kant, me parece que todo el pensamiento kantiano corre a desembocar en el mar de las segundas críticas, y mis lecturas de él y sobre él me lo van confirmando.

Hace unos meses cayeron en mis manos, gracias a un amigo que por una mudanza se tenía que deshacer de libros, la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y las Lecciones de ética (que, en realidad, son dos textos complementarios y que he hecho bien de leer uno detrás del otro). Tardé un tiempo en decidirme a atacarlos, sobretodo tras el trauma de la Crítica de la Razón Pura y algunos fragmentos de las otras críticas (que tuve que leer por obligación y en un contexto que dejaba bastante que desear). Pero me puse a ello. Y debo decir, para mi asombro, que me gusta, que me parece muy interesante y que incluso lo estoy disfrutando. No pensaba que llegaría a decirlo, pero sí, estoy disfrutando con Kant. Pero con un Kant muy distinto al que me enseñaron y que aprendí. Mucho más fácil de leer y más comprensible, más sencillo, e incluso más entusiasmado con lo que está escribiendo. Más a la mano, y que hace que cambie muchas cosas de las que pensaba sobre él.

Puede que incluso me anime y me lancé a una relectura de la Crítica de la Razón Pura. Aunque con todo lo que tengo que leer será difícil. Pero la verdad es que el viejo Immanuel se ha ganado un hueco y tal vez se lo haga.

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