sábado, 31 de marzo de 2007

En la espiral del preguntar

Entrada de urgencia, un aquí-te-pillo-aquí-te-mato, falto de tiempo:

¿Porqué los todoterrenos, furgonetas, camiones, contenedores y demás trastos voluminosos se colocan en las esquinas en las que más cortan la visibilidad para poder pasar (no ves ni a los otros coches ni a la gente que te pueda salir de por detrás)?

viernes, 30 de marzo de 2007

Misantropía


misántropo, pa.

(Del gr. μισάνθρωπος).

1. m. y f. Persona que, por su humor tétrico, manifiesta aversión al trato humano.


Si se quiere conocer y estudiar al ser humano, o algunos aspectos de él (en el fondo, es lo que estamos haciendo todo el tiempo, aunque nos escudemos en un supuesto "ya lo sabemos"), hay que tomar distancia, separarse de todo lo humano. Porque sólo la perspectiva nos puede dar una imagen más o menos real del asunto. Es difícil tomar esa distancia. Pero más difícil es tener que volver luego. Porque no basta con separarse y ver las cosas de lejos, hay que reingresar en el juego del que salimos y al que pretendemos describir, comocer e integrar. Sólo por amor a lo humano se puede rechazar su trato.

miércoles, 28 de marzo de 2007

Las tres M de la enfermería II: Monjas


Tampoco somos monjas. Es curiosa la asociación que se ha hecho entre la enfermería y las monjas. Porque resulta que no es algo tan antiguo como pudiera parecer. Es cierto que en un principio, lo de cuidar a los enfermos debía ser cosa de mujeres, por eso de que las que se quedaban en la cueva eran ellas, y por la cuestión de los cuidados maternales. Sin embargo, la cosa cambió pronto, y al empezar la civilización poco a poco los cuidados fueron cosa de hombres, en concreto de los sacerdotes. Bajo la concepción mágico-animista de la naturaleza, la enfermedad tendía a ser vista como un desequilibrio, una influencia de algún espíritu maligno o las consecuencias de los pecados del sujeto, por lo que el más adecuado para reconducir la situación era el chamán de turno. La tendencia se acentuó en los lugares en los que el desarrollo de la amedicina permitió el surgimiento de la cirugía y de una medicina más o menos evolucionada (en estos casos, la mujer, al quedar apartada de estos ámbitos, era poco idónea). Con la irrupción del cristianismo se produce algún cambio, sobretodo relacionado con la visión de la enfermedad. Ahora ya no se trata de expulsar espíritus malignos, ni reequilibrar el organismo, sino que lo que hay que hacer es redimir al enfermo, ayudarle (por la vía de la caridad) a que supere la prueba que Dios ha puesto en su camino (debida a sus pecados o a la volunhtad divina). Los sacerdotes siguen siendo fundamentales en esto, pero de momento siguen siendo los hombres los que llevan la batuta (entre otras cosas porque las monjas estaban recluidas en sus conventos, y porque el hombre ha tenido un papel más activo en la Iglesia). Durante estos siglos aparecieron numerosas órdenes religiosas que se encargaban de cuidar a los enfermos, sobretodo a partir de el aumento de las peregrinaciones y de las cruzadas.

El papel de la mujer en el ámbito de los cuidados volvió a ser fundamental a partir del Renacimiento, momento en el que la Reforma y las guerras de religión mantuvieron a los hombres demasiado ocupados en otros asuntos. Además, en paralelo a estos procesos, se estaba desarrollando la revolución científica, que estaba empezando a dar sus frutos en el terreno de la anatonía y la patología, permitiendo que se introdujeran nuevas técnicas y tratamientos a la enfermedad. Ésta era de cada vez menos un asunto divino, y se estaba convirtiendo en un asunto del cuerpo que se podía arreglar desde el cuerpo mismo. A partir de aquí se produjo la segregación entre hombres y mujeres. El hombre se dedicó más bien a la investigación y a los aspectos más racionales (diagnóstico, cirugía...), mientras que se dejó a la mujer el aspecto más "sucio" de la labor médica. Hay que señalar que hasta ese momento, las autopsias y el mutilar cadáveres estaba prohibido por la Iglesia, y no fue hasta entonces cuando se fue bien consciente de lo es un organismo (una mezcolanza de fluidos varios y de viscosidades, muy bien enmarcados y protegidos por la piel). No es de extrañar que en cuanto esto se mostró a las claras, se dejara el puro contacto con el cuerpo para las mujeres, que, por motivos harto conocidos era considerada como algo sucio (el tema de la serpiente, su naturaleza viscosa y algunas peculiaridades de sus ciclos lo ponían muy fácil). De todos modos, el ambiente en el que todo esto se desarrolló, era profundamente cristiano, por lo que la caridad todavía era un motor muy importante a la hora de lanzarse a cuidar enfermos. Por eso las mujeres religiosas resultaban ideales para la labor del cuidado de los enfermos, entre otras cosas porque con ellas se escamoteaba el aspecto lúbrico del contacto con el cuerpo.

Desde entonces y por un par de siglos, la enfermería estuvo muy asociada a las monjas, hasta que en el siglo XIX se empezó a poner en marcha la profesionalización con unos estudios y un ámbito de actuación propios (es decir, que ya no valía cualquiera con intenciones piadosas). La situación dura hasta nuestros días, creo que todos conocemos hospitales en los que trabajan monjas, incluso que los gestionan. Pero la cosa ya ha cambiado, porque ahora para ejercer se debe tener un título que nada tiene que ver con el monasterio. Lo que pesa son loos criterios científicos y racionales, no los de una voluntad piadosa que pretenda con el desempeño de una labor caritativa radimir a los demás y redimirse a una misma. No hemos de salvar a la humanidad, ni hemos de entrar en contacto con ninguna divinidad merced a nuestra dedicación a los demás mostrando que nuestros pecados quedan amortiguados por todo el bien que hemos hecho en el mundo. Por supuesto que puede haber gente que tengo estos motivos, y son muy legítimos, pero quedan en el ámbito de las decisiones personales y no son el motor de la profesión (que es más bien la de observar, identificar problemas y necesidades no cubiertas y planificar un tratamiento adecuado a ellas, todo ello con criterios lo más científicos posibles y de forma más o menos unificada).

martes, 27 de marzo de 2007

When the saints go marchin' in



Me pasaría horas oyendo esta música. Es una especie de mantra. Basada en el Apocalipsis de San Juan y las procesiones de almas que habrá en el Juicio Final para entrar en el cielo. En Nueva Orleans, de donde es originaria, se utiliza a menudo en los funerales típicos de por allá (aunque la melodía es alegre, la letra habla de subir al cielo, y por eso es muy apropiada).

sábado, 24 de marzo de 2007

Recuerdos


Ayer por la tarde salí a pasear. Por mil cosas tengo pocas oportunidades (y ganas) de darme una vuelta relajada por mi ciudad, recorriendo callejas y lugares más que conocidos. Intento asombrarme siempre y estar atento a cualquier pequeño detalle, para ir viendo cómo la ciudad va cambiando poco a poco. Un edificio restaurado, una plaza en obras, un nuevo bar, un comercio que ha cerrado... Me gusta estar al tanto de todo. Pero lo que más me llamó la atención ayer fue el pasar por el Borne y la Plaza Juan Carlos I. Esta plaza se encuentra en pleno centro comercial de Palma, y es uno de los pocos lugares en los que turistas y lugareños nos entrecruzamos. Allí se congregan algunos bares, paradas de autobús, una conocida franquicia de hamburguesas y un establecimiento británico de ropa con sucursales por todo el mundo. Como ya he dicho, pleno centro. Hay en el centro de la plaza una fuente (la fuente de las tortugas, que hace que para nosotros la plaza sea la plaza de las tortugas) en la que se celebran los triunfos del RCD Mallorca o del equipo que sea (sí, cuando el Madrid o el Barça ganan algo, también se sale a celebrarlo).

La cuestión es que al pasar por allí me he dado cuenta de un a cosa. El lugar estaba lleno de grupitos de púberes en plena efervescencia hormonal, exhibiéndose y haciendo sus cosas (hablar, reir, montar en monopatín, fumarse sus primeros cigarros, algunas parejitas acarameladas, en fin, las cosas de esa edad). Los grupos, como sucede en esos años, muy numerosos (los jovencitos tienen un impulso gregario muy fuerte), y estaban por todos lados. Era viernes por la tarde, y claro, a la salida del colegio van a merendar alguna hamburguesa y a ver lo que se cuece por ahí. Lo llamativo no es esto, sino que yo, a su edad, hacía lo mismo. Y en los mismos sitios. Me he visto reflejado en ellos, y he recordado aquella época de las primeras salidas en grupo con los amigos, y los intentos de acercarnos a algún que otro grupo de chicas, y me he puesto un pelín nostálgico.

Y me he dado cuenta de que aunque las modas son distintas (ni hablamos igual, ni oímos las mismas músicas ni vestimos del mismo modo, ni siquiera la plaza tenía el mismo nombre) en el fondo no hemos cambiado tanto. A muchos de ellos les doblaba la edad, y la mayoría posiblemente ni hubieran nacido cuando yo iba por allí con su misma actitud. Para ellos seguro que yo era un carroza que paseaba por allí. Y para mi ellos eran unos críos. Pero me he sentido muy cerrcano a ellos. Nos separan más de una década, en realidad hemos estado allí en siglos distintos. Pero somos iguales. Tan lejos y tan cerca.

viernes, 23 de marzo de 2007

Las tres M de la enfermería I: Madres


Cuando empecé a estudiar enfermería, no recuerdo bien si fue el primer día (en cualquier caso, fue uno de los primeros días), una profesora nos lanzó una frase que no he podido olvidar, que ha marcado algunmos aspectos de mi desarrollo profesional y sobre la que he reflexionado en numerosas ocasiones. La sentencia venía a decir algo así como que hemos de borrar las tres M que han marcado la enfermería a lo largo de la historia: no somos madres de nadie, no somos monjas y no somos médicos. Con el fin de aclarar un poco las cosas y de aclararme a mi, he decidido pensar en voz alta lo que me plantea esta frase.

Vayamos por partes. No somos madres de nadie. No debemos de intentar sustituir los cuidados maternales. Supongo que la confusión viene de una cierta reminiscencia de nuestros días de infancia, cuando eran nuestras madres las que nos cuidaban cuando estábamos enfermos. De aquella época y de la abnegación y celo que las madres suelen mostrar a la hora de cuidar a los suyos nos queda la imagen de que nadie como una madre puede cuidar. Aunque en parte es cierto, no debemos dejarnos llevar por esta idea. En primer lugar porque lo que se supone que debe guiar vnuestra labor profesional es toda una serie de criterios más o menos científicos y basados en la evidencia entre los que no caben aspectos irracionales, sentimentales o intuitivos (que es lo que ocurre con los cuidados maternales, más movidos por un impulso instintivo que por el reconocimiento frío de las situaciones). Y en segundo lugar porque la emotividad y los aspectos sentimentales de una situación no deben de ser nuestra guía.

No estamos en el hospital para acariciar a la gente y decirle "pobrecito", y dejar caer una lagrimita en el momento dado. Nuestra labor es cuidar, y hacerlo de la forma más adecuada a las necesidades del individuo que acude a nosotros. Los abrazos los hemos de reservar a la gente a la que queremos, y normalmente a los pacientes (por llamarlo de alguna manera) no los queremos. Por supuesto que a veces lo que necesitan es precisamente eso, y un gesto de comprensión y de apoyo pueden ser muy útiles y bien valorados. Pero eso entra en otro plano más o menos ajeno a los cuidados. Del mismo modo en que un abrazo puede venir bien, también puede hacerlo una bronca (a modo de bofetada psíquica). Puesto que concibo los procesos de enfermedad como retos a la salud, muy a menudo lo mejor que se puede hacer es azuzar al enfermo para que intente saltar la enfermedad. Unos cuidados en exceso maternales pueden conducirlo a un estancamiento, a una especie de condescendencia con la situación, con lo cual poca gente sale reforzada en su salud, que se supone que debería de ser el objetivo último de todo el tinglado sanitario (lo cual, dominado como está por el paradigma anatómopatológico médico, es lo menos frecuente).

En cualquier caso, el actuar como si fuéramos madres de los demás, además de ser una mentira (nadie mejor que una madre puede actuar como tal, y sólo en el caso de sus hijos), supondría un sufrimiento que nos impediría llevar a cabo nuestro trabajo de forma eficiente (sólo hay que ver el grado de padecimiento que algunas madres son capaces de soportar). Y reconozco que algunas veces las emociones nos pueden y hay casos en los que es difícil no conmoverse (somos humanos, y hay situaciones en las que es difícil mantener la máscara de la profesionalidad y de la ciencia). Por eso es muy frecuente que se adopten barreras psicológicas para mantener una cierta distancia entre el enfermo y nosotros. Distancia que nos permita actuar mejor sobre él. Y la barrera más efectiva tiende a ser el humor negro, lleno de sarcasmo y algún toque cínico. Al menos entre nosotros, funciona. En parte porque despersonaliza al enfermo y porque hace que todo parezca más leve. Pero que no se me malinteprete, no es una falta de respeto, todo lo contrario, porque valoramos al paciente y queremos lo mejor para él, nos ponemos en una posición algo despiadada respecto a él. Porque no somos su madre, y para llorar ya están ellas.

Una vez, en mi hospital se anunciaron unas sesiones informativas bajo el título "Con humor se trabaja mejor". Se pusieron carteles anunciándolas por todo. Y alguien (juro que no fui yo), se acercó a algunos de esos carteles con un rotulador y perfeccionó la frase, completándola hasta un expresivo "Con humor negro se trabaja mejor". Hubo muchos que estuvimos de acuerdo con ello.

jueves, 22 de marzo de 2007

Yann Tiersen & Neil Hannon

El otro día colgué un video de Tiersen con los Têtes Raides perteneciente a la Black Session (una especie de Unplugged version francesa) que registró en 1999. Como estoy muy tierseniano últimamente (sobretodo con la Black Session), sigo poniendo buenos momentos de aquel concierto (casi todos lo son), en el que Tiersen se rodeaba de sus amigos y colaboradores habituales parea firmar una gran actuación. Uno de estos colaboradores es Neil Hannon, voz de Divine Comedy, y él, con su presencia y su voz, protagonizó uno de los mejores instantes al interpretar dos breves temas que pongo a continuación.

El primer tema se llama Geronimo, y es una versión de una canción de los propios Divine Comedy que apareció en su álbum del 94 Promenade.



La segunda canción que interpretaron juntos, también es una versión, esta vez de Bowie. Se trata de Life on Mars, con unos deliciosos y minimalistas arreglos de cuerdas y un genial Tiersen al toy piano.



Que ustedes lo disfruten. Y si les gusta, amenazo con poner más videos de la Black Session.