miércoles, 28 de febrero de 2007

Mis músicas favoritas IX. Quimi Portet.


Jo ja m'entenc

"Pues no hay nada que se escape
a mi comprensión
sobretodo tras el cambio
a la nueva medicación.
Ni los conflictos más obtusos
de la política local,
ni los enigmas psicológicos
de las disfunciones sexuales"
Aparteu les criatures

Aprovechando que tiene nuevo disco recién salido de la fábrica y que se encuentra en plena fase de propagando, el departamento de Audiovisuales y Emotividad Anal que lleva los asuntos del Astro que hoy nos ocupa me ha encargado una entrada que lo ensalce como él se merece. Ya śe que de estas cosas la plebe no entiende ni debe entender, pero la propaganda es la propaganda y de algo han de vivir las estrellas, por lo que ni siquiera Portet (aka, Astro Intercomarcal, El guapo del Último de la Fila, o, sencillamente, El Otro) se libra de estos asuntos.
Bajo el sugerente y hermético título Matem els dimarts i els divendres (literalmente, matamos los martes y los viernes), nos presenta una colección de temas que completan y redondean su iluminadora discografía (de los cojones). La cosa empezó allá por el 87, cuando aún estaba unido a Manolo García, con el título Persones estranyes (del que el propio Portet dice que "es bastante malo"), i continuó con Hoquei sobre pedres (1997), Cançoner electromagnètic (1999), Acadèmia dels somnis (2001), y La Terra és plana (2004). En todos ellos agrupa canciones que hablan de forma extraña de la vida y de la cotidianeidad, pero tras un filtro de surrealismo (ya salió la palabrita, pero es que no hay una forma mejor de definir lo que hace Quimi Portet) que las hace incomprensibles e incoherentes. Se mueve entre la experimentación con los sonidos electrónicos y las más sencillas canciones acústicas de guitarra y voz, y muy a menudo se sale conn la suya. A veces denso, otras sencillo. Por momentos absurdo, agresivo y tierno. Admirador del filósofo catalán Francesc Pujols (uno de los que aportaron algo de marco conceptual al surrealismo), lo deja traslucir en algunas de sus canciones (de hecho, hay una que lleva su nombre por título).

No sé que más decir, sólo que me gusta de cada vez más (es de esos que van entrando a medida que uno lo va escuchando más y más, porque su estilo a veces es monótono y lleva una onda que no siempre es fácil de captar), y que este último disco suyo sí que entra a la primera, a pesar de que tiene un cierto aire triste y acústico.

En fin, que en el margen tenéis los enlaces a su página web y a su blog. Tienen una pequeña pega, que están en catalán, lo cual no los hace comprensibles a todo el mundo (pero bueno, tampoco todo el mundo entiende el inglés o el español). Tal vez sea esto, el hacer sus discos en catalán, lo que le hayan restado interés más allá de las regiones más o menos catalanoparlantes (España es un país extraño, donde una canción en rumano puede ser canción del verano, pero una en catalán es vista con recelo e incluso rechazada).

Dejo un videoclip (él los llama peliculitas de propaganda) de una de las canciones de su último disco.

martes, 27 de febrero de 2007

Johnny cogió su fusil


Basada en el libro de Dalton Trumbo, y dirigida por él mismo en 1971, pretende meternos en la mente de un herido en la Primera Guerra Mundial al explotarle un obús muy cerca. A consecuencia de la explosión, el joven pierde los brazos y las piernas, así como la vista y el oído. Además, su rostro queda completamente desfigurado y se ve forzado a respirar mediante una traqueostomía (un agujero hecho en el cuello, por el que se mete una cánula). A lo largo de la película no le vemos en ningún momento (sólo cuando él recuerda el pasado, donde lo vemos entero), sólo podemos ver un bulto cubierto por una sábana y una cara tapada por una máscara. La relación con el medio de este herido es más que deficiente, pero poco a poco puede afinar sus sentidos para captar algo de lo que pasa a su alrededor gracias al tacto y a que llega a sentir las vibraciones de los pasos y movimientos que se producen en torno suyo. Incluso llega a poder comunicarse en morse moviendo la cabeza (los movimientos que hace son muy deasosegantes). La película está hecha desde la perspectiva del herido, enfrentado a sí mismo, a sus temores, recuerdos y angustias. La soledad es absoluta en una situación así, y el pensamiento se va deslizando poco a poco en una pendiente delirante y obsesiva.

La película nos la han vendido como un alegato antibelicista (se rodó en la época de Vietnam) y proeutanasia. Pero a mi, como sanitario, me llamó la atención por la relación que se establece entre él y una enfermera, que llega a ser la única persona que le entiende y que lo ve como algo más que un tullido inútil (hay una escena, en la que gracias a ella los médicos militares descubren que puede comunicarse, y en la que ellos intentan negar esa realidad, porque no encaja en sus prejuicios, y porque les parece increíble que alguien así pueda llegar a expresar algo). La relación entre ellos llega a extremos perturbadores (por ejemplo, cuando ella le masturba, o cuando está a punto de matarlo, tal y como él le ha pedido), pasando de una mera relación profesional de enfermera-paciente, a algo más personal y profundo (sobretodo para ella, que se ve implicada personalmente en el asunto).

El interés que para mi tiene no es tanto el de la cuestión antimilitar como la de la problemática sanitaria que se plantea y sus implicaciones a todos los niveles (el del papel del profesional, el de la ética, y sobretodo el de ponerse en el lugar del paciente). La primera vez que tuve noticia de ella fue en un curso de cuidados paliativos que hice hace unos años, en el que nos pusieron unas cuantas escenas. Desde entonces me ha rondado por la cabeza por temporadas, la he visto entera, y me ha impactado y dado bastante que pensar. No es recomendable para espíritus sensibles, a pesar de que no se ve nada (aunque a lo mejor eso es lo más inquietante, que no se llegue a ver nada), pero yo la recomiendo a todo el mundo.

Para ilustrar la entrada he escogido un videoclip de Metallica basado en la película, que recoge algunas escenas y que perfectamente puede funcionar como trailer, y que además viene con subtítulos y una explicación al final muy esclarecedora sobre la correcta traducción del título de la película. Más que interesante.

lunes, 26 de febrero de 2007

En soledad


El otro día encontraron en Palma a un hombre que llevaba ocho años muerto en su casa. La noticia es macabra y curiosa. Lo primero que todo el mundo ha comentado es cómo nadie se dio cuenta de que ese hombre faltaba y cómo nadie notó el mal olor del cuerpo descomponiéndose (al parecer sí que se denunció unas cuantas veces, pero no se hizo gran cosa). El suceso saca a la luz el fenómeno de la soledad en nuestra sociedad. Hay gente que vive muy sola. Y no creo que sea cosa excepcional. Ciertamente, hay gente más solitaria que otra, incluso llegando a los extremos de la noticia, en que el fallecido no tenía amigos ni familiares que pudieran echarle de menos. Pero el hecho es que estamos de cada vez más aislados. Resulta paradójico que en esta época de aldea global, en la que numerosos cachivaches tecnológicos nos permiten estar conectados a todo el mundo en todo momento, apenas conozcamos a nuestros vecinos o a nuestros compañeros de trabajo. Porque sí, es verdad, todos tenemos amigos y nos escudamos tras una fachada de intensa vida social, pero ¿realmente conocemos a la gente con la que nos relacionamos y a la que muchas veces llamamos amigos?. Muy a menudo nos aprovechamos de ellos (y ellos de nosostros) para tener algo de compañía y hacer cosas juntos, para no aburrirnos. Pero todo dentro de unos esquemas que no dejan traslucir más que una pequeña parte de nosotros, y a demás una parte que es común, que es moldeada desde fuera, que viene marcada por las formalidades sociales (se organiza una cena, hay que ir vestido de una forma, se tiene que hablar de unos determinados temas...). Sí, estamos con otros, pero de modo muy diferente a como lo estamos con las otras gentes con las que nos cruzamos. Muy a menudo pienso que la mayoría de lo que llamamos amigos son simples contigüos, gentes con las que hacemos cosas juntos, sin que exista un sentimiento de fondo (porque no olvidemos que la amistad, la philía, es un sentimiento), tan sólo un consuelo por la compañía (que, es verdad, ya es algo). No me suelo creer a la gente que va por ahí presumiendo de muchos amigos, porque tienden a llamar amigo a cualquier persona que les cae bien. Evidentemente, tampoco hay que ser un antisocial, pero creo que la amistad es algo más que ir de copas y compartir fiestas. Amigos no hay más que unos pocos, y con los demás nos encontramos por la calle. La cuestión es que me parece que las relaciones humanas de cada vez se van volviendo más fugaces y superficiales, como es de esperar en una época vertiginosamente rápida y cambiante. En la que a pesar de toda la velocidad, uno puede pasarse ocho años muerto sin que nadie se entere.

sábado, 24 de febrero de 2007

Janis Joplin. Summertime

Después de Morrison, otro de los malditos, de aquellos que murieron a principios de los 70 y que con sus muertes mostraron que el sueño hippy tenía mucho de pesadilla y de abismo. Se trata de Janis Joplin, y aunque no le he seguido mucho, sí que tiene algunas canciones interesantes. Una de ellas es esta versión del Summertime de George Gershwin. A pesar de hablar del verano, la voz agrietada de la Joplin transmite la tristeza inherente a esa estación (siempre he sospechado que el verano es triste, que tiene algo de melancólico, y por eso nos afanamos en buscarnos modos de disfrutar).

viernes, 23 de febrero de 2007

The Doors. When the music's over

Una de mis favoritas de uno de mis grupos favoritos (ya les dedicaré una entrada, pero hoy me apetece poner esta canción). Una canción como me gustan a mi, larga, densa, con un no-sé-qué que la acerca a lo ritual, a lo orgiástico y dionisíaco. No pienso añadir nada más. Disfrutad.

jueves, 22 de febrero de 2007

Identidades


En el ansia de dominio de la realidad que cada uno de nosotros desarrolla a lo largo de la vida, y que se prolonga en forma de Ciencia, Religión o Filosofía, existe el fenómeno del secuestro. La alteridad intenta secuestrarnos de forma continua, hacernos suyos, meternos en su mundo. Que los objetos se vean sometidos es comprensible (por decirlo de forma sencilla e imperfecta, están a otro nivel de dominación). Pero con las personas es muy distinto. Lo que las hace especiales es la resistencia, el hecho de que se revuelven ante los asedios. En nuestra voluntad de tener un mundo cerrado, completo y en el que nada escape a nuestro dominio, nos bastamos con unos pocos fenómenos atribuidos a alguien, y a partir de ellos construimos, mirándonos en nuestro espejo, una imagen, una personalidad. De este modo los introducimos en el mundo, los hacemos nuestros. Pero ellos también portan en sí mismos un mundo, y escapan a nuestra tenaza, y se definen ante nosotros (pero claro, es una definición no-nuestra, por lo que no es válida para la pulsión dominadora) en una lucha por no caer en nuestras redes. Siempre hay algo que se nos escapa de los demás, algo inasible, que por mucho que los persigamos, nunca llegaremos a encontrar. Esto constituye el origen de la sociedad, la continua persecución de todos por todos, que nos lleva a juntarnos con los otros para mejor dominarlos, al precio de que nunca se alcanzará ese dominio, pero sin poder dejar de quererlo. No se trata de una guerra de todos contra todos, ni mucho menos la sociedad se forma por un pacto que atenúa esa guerra, sino que se trata más bien de un juego del gato y el ratón, en el que la persecución de los demás nos impulsa a seguir corriendo, a correr tras ellos. También aquí se puede rastrear el origen de la identidad. En nuestra huida (que a la vez es caza) nos identificamos, elaboramos una personalidad (de la cual una parte es fruto del secuestro por parte de los demás) para oponerla a todo aquél que quiera hacernos suyos. La labor de identificación es ardua, compleja, agotadora, por eso a veces nos abandonamos y nos dejamos atrapar (siempre de forma parcial, pero más completa que en otros casos), caemos en las redes de los demás, que nos otorgan una identidad, que nos la ponen desde fuera. Me estoy refiriendo a esos casos en los que nos hablan de la "identidad" para vendernos naciones (con o sin estado, piénsese que el estado nos da un documento de identidad), ideologías, opciones sexuales... En estos casos el abandono es más o menos completo, la dejación de la labor de huida e identificación es mayor, y por eso hay una cierta beatitud en todos los que han sido secuestrados (el proselitismo es habitual en ellos, hablan extasiados de su "identidad"). Hay otros casos en los que la dejación se da con la contrapartida de que la otra parte también se abandona, hay algo así como un abandono mutuo que potencia la serenidad de las dos partes. Me estoy refiriendo al amor, en todas sus posibles variantes (erótico-romántico, familiar, amistad...). Sólo que siempre hay una parte que se da más que la otra, que se deja atrapar más, de modo que en uno el placer y el bienestar de la relación viene dada por el abandono, mientras que en la otra es por el dominio.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Constelaciones


Una de las ideas más sugerentes del pensamiento de Walter Benjamin (1842-1940) es la de constelación. Para él, los fenómenos del mundo son completos en sí mismos, al estilo de las mónadas leibnizianas, y tampoco tienen relación directa entre sí. El fenómeno (bajo este nombre cabría englobarlo todo, desde hechos perceptibles por los sentidos como acontecimientos del pasado, incluso pensamientos), analizado desde una perspectiva heideggeriana, pretende una completud ontológica que lo desvincule por completo de los otros entes, del mismo modo que el Ser está desvinculado de ellos merced a la escisión originaria que lo aleje de lo originario. Al igual que el Ser y lo ente se encuentran radicalmente escindidos (no cabe hablar de oposición, puesto que en este caso nos hallaríamos en un mismo plano, y no es el caso), así pretende todo lo ente estar respecto a todo lo demás. Y del mismo modo que el Ser queda oculto por el ente, el fenómeno oculta lo ente que se manifiesta a través de él. De este modo, la verdad, queda oculta tras el fenómeno mediante el cual se manifiesta, tras el velo de todas las conceptualizaciones que pretenden llegar a ella y que sólo llegar a aprehender parte del fenómeno.

Más allá de interpretaciones forzadas, lo importante es la autosuficiencia del fenómeno, que sea único y que no se someta o quede diluido en toda una cadena de fenómenos que siguen a fenómenos. De ahí saca la idea de la constelación. En las constelaciones, las estrellas son independientes, no tienen ninguna relación entre ellas, pero nuestra observación nos ha llevado a establecer líneas de unión que permiten que veamos formas en ellas, a pesar de que las estrellas siguen ahí y las seguimos viendo como tales. Este es el modelo que Benjamin propone para el estudio de los fenómenos humanos, especialmente la historia. Lo que Benjamin pretende es que el estudioso se acerque a los fenómenos, a los hechos, y que a partir de ellos, sin olvidarlos, sin diluirlos en un sistema, muestre a partir de ellos una configuración, un mosaico. Lo importante aquí es que el fenómeno mantenga su independencia, que se vea bien claro que no está en continuidad con otros, que no quede desvirtuado por el todo. Es lo que Benjamin llamó "salvación" o "redención" del fenómeno, consistente es mostrarlo en un todo que no le pase por encima y que pueda incluso prescindir de él.

Benjamin no era muy amigo de los sistemas de pensamiento. Y por eso desarrolló una obra plagada de fragmentos, anotaciones y pequeños ejemplos tomados de la historia, todo muy caótico y sin sentido. Benjamin recopilaba fenómenos. Las constelaciones que se pueden generar a partir de ahí son innumerables, y tal vez cada uno de nosotros construya la suya (cada uno pone su biografía, sus intereses, sus proyectos, su vida, en una palabra, en hacer la constelación), pero lo único que Benjamin pide es que se salve el fenómeno, que siga siendo reconocible, que no quede perdido en la marea de lo ente, ya que si así sucede, los habremos traicionado.