jueves, 15 de diciembre de 2011

Estetica alternativa

Se dice habitualmente que nuestra cultura es fundamentalmente visual. Lo que entra por los ojos tiene cierta primacía. Ya Platón identificó su trinidad (Bien-Saber-Belleza) con el sol. Más recientemente, todo lo que ha tenido que ver con lo divino ha tenido alguna relación con la luz. Por contraste, lo relativo al Mal nos lo hemos representado con tonos oscuros.

Aunque nuestro tiempo acusa una severa miopía respecto a muchos asuntos que otrora fueron más fundamentales, el escaso riachuelo en que nos hemos convertido bebe de aquellas fuentes (sin ir más lejos, y como muestra un botón, dos líneas más arriba he hecho referencia a una patología de la vista), por lo que la prioridad de lo visual perdura en muchos fenómenos, que tomamos de la manera más natural. Uno de ellos es el relativo a la estética (en el sentido más común de la palabra: el relativo a estar más o menos guapos). Nos  atrae una belleza que entra por los ojos, y los cánones que se van creando abundan en ello. No en vano, la forma por la que accedemos a ellos son mayoritariamente audiovisuales (que sí, que son audio, pero sobretodo, y el acento de la palabra va en esa dirección, son visuales), quedando el círculo cerrado. Buena parte del tinglado estético va dirigido a la mirada: maquillajes, peinados, vestidos...

Sin embargo, cabe pensar en la posibilidad de darle mayor protagonismo a otros sentidos (de hecho, el término "estética", deriva del griego aisthesis, que significa sensibilidad, en general). Ciertamente, también se cuidan: perfumes (y, dénse cuenta, dichos perfumes vienen en envases atractivos, en primer término, para la vista, que vemos antes de oler su contenido), tratamientos para tener una piel suave..., pero en un segundo plano muy distante. ¿Qué ocurriría si se pusiera más énfasis en ellos, en conjunto o en general?¿Qué cánones de belleza surgirían? Suena raro. Precisamente por el predominio visual, se nos hace inconcebible. A pesar de ello, creo que todos tenemos cierta experiencia, ya que nos ha ocurrido en alguna ocasión en que de alguien tenemos aprecio por su voz o por su olor, por ejemplo, y si es especial para nosotros en buena medida es por eso. 

De forma habitual, solemos decir: "tiene una voz bonita" o "su tacto es especial", pero es sólo un atributo más. Si hablamos de Belleza, nos vienen a la mente imágenes, no voces u olores. La cuestión es pensar en la posibilidad de que, al decir que alguien es "guapo", lo que acuda a nuestra cabeza sea un olor, por ejemplo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

Vías del progreso

El mito del progreso nos ha hecho confiados en exceso: todo va mejorando, sin remedio. Hoy estamos mejor que ayer, mañana estaremos mejor que hoy, y así ad infinitum. Pero en realidad son las técnicas, conocimientos y maquinarias las que van avanzando. No nosotros. Cualquiera de nosotros no es muy distinto de un humano de hace 10000 años. Aunque el saber más cosas nos dé un abanico mayor de posibilidades, lo cierto es que el conocimiento no es lo único que nos mueve, y hay impulsos y motivos que no han avanzado nada, ni tienen un potencial progreso.

Ni siquiera eso, porque han sido numerosas las líneas de conocimiento que no se han desarrollado y ampliado, las tecnologías que, por hache o por be, no han tenido el impulso suficiente y han quedado en vía muerta o directamente han sido rechazadas y desplazadas por otras. ¿Que es porque las que han triunfado resultaron más útiles o más "ciertas"? Habría qué ver a dónde nos habrían llevado las desechadas, qué utilidades y posibilidades nos habrían brindado, aunque ahora ya no sirva de mucho.

Al final, el panorama es el de un edificio que se levanta a duras penas en un mar de ruinas, como en ciertas instantáneas de catástrofes. Porque el único progreso real es el de la desolación.

jueves, 8 de diciembre de 2011

El silencio que no calla

Cuando irrumpe el silencio, lo no dicho alza la voz. Puede llegar a ser ensordecedor, elocuente, opresor. Y doloroso. Te arrepientes entonces de no haber hablado cuando hacía falta. Pero también es cierto que, en la gran mayoría de ocasiones, no alteraría mucho el resultado.  Y sí lo haría hablar ahora que lo que se impone es callar.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hilo conductor

Es tan grande el impulso a la novedad, a la ruptura, que se hace precisa la ligazón de los fragmentos, el hilo conductor, la hoja de ruta. Ir hacia adelante mirando hacia atrás, más atrás que adelante. Salvar algo de la ruina. Y entonces, se deshace el quiebre. 

O disolución radical o continuidad. No hay tercera vía, así que atengámonos a las consecuencias.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Volubilidad bursátil

Me he enganchado a las evoluciones de la bolsa y la prima de riesgo. Tanto hablar en la prensa de que si suben o bajan, que he querido seguirlas sin que me lo cuenten. Es un vicio. Cada dos por tres refresco la página. Ahora ha subido dos puntos. Pero luego baja cinco. Apasionante. Y eso que no entiendo ni papa ni me juego nada de forma directa en ello. Si tuviera que ganar o perder dinero, entonces entiendo la obsesión que se puede llegar a tener con la bolsa y las inversiones. 

Además de la cuestión puramente material, que es la más evidente y por tanto la que la grandísima mayoría aduciría para entender y explicar la pulsión bursátil, pienso que hay otro impulso más fundamental en el trasfondo: el del control. A menudo se compara la bolsa con los juegos de azar, en los que se gana o se pierde sin sentido. Aquí de lo que se trata es de prever, de domeñar ese azar, de adelantarse a las circunstancias. Y esto es lo que nos trae de cabeza a los humanos, escapar al azar y al sinsentido. Aunque sea a costa de crear una ficción autocumplida que en última instancia no logra sus objetivos.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Punto de fractura

Acostumbrado a la presión, acumulas una cosa sobre otra, hasta que llega el día en que, a veces por una tontería, por algo que en otras circunstancias podría hasta pasar desapercibido, alcanzas tu punto de fractura, y entonces sobreviene la caída más brutal, el desplome de lo que parecía irrompible, el estupor, el dolor y la desolación. La ruina.

La cuestión es procurar causar las menos víctimas posibles. Y que la reconstrucción sea factible.