viernes, 10 de noviembre de 2006

Dialéctica


Hubo un tiempo en que me gustaba ver debates en televisión. No esos sesudos y profundos (cuando se vive rodeado por el mar, se huye de las profundidades), sino los populares. Me refiero a esos que hablan de temas absurdos e inútiles, como los curanderos, si es mejor alquilar un piso o tenerlo en propiedad, o si hoy en díua es más difícil encontrar pareja que antes. Recuerdo las broncas y las posturas encontradas. Había veces en las que el presentador tenía que mediar para que la sangre no llegara al río. Seguimos siendo fango, las manos divinas se marcharon al acabar su obra.

El otro día descubrí en nuestro maravilloso canal de televisión autonómico, IB3 (conozco al menos tres canales que pretenden ser el tercer canal), un programa de esos. No pude aguantar más de cinco minutos. Los tiempos en que este tipo de bodrios me gustaban ya han pasado. No descarto que vuelvan, según la hipotética ley no formulada del péndulo. El tema al que dedicaban sus magnbas reflexiones era el de la estética y sus posibilidades quirúrgicas. Había cincuentonas hipersiliconadas y amojamadas que defendían a capa y espada la cirugía estética, porque en la sociedad de hoy en día quien no es guapo no tiene éxito (y ciertamente, ellas no lo tenían, a menos que consideren la cumbre de su vida participar en un debate casposo, y también aceptando acríticamente lo que sea que es el éxito). También había hombres que consideraban la cosa como un autoengaño y fruto de una devaluación de la propia imagen (como si ellos no tuvieran la autoestima por los suelos, como todo buen ciudadano).

Entre estupidez y estupidez, hubo un argumento que me llamó la atención. Alguien dijo que la gente hace lo que hace el vecino, que tendemos a envidiar e imitar a los demás. Hasta aquí bien. Lo curioso vino después. Una señora multiimplantada objetó que eso lo hacen los niños, y que los que allí estaban eran adultos y ellos no se comportaban así. Aquí llegó mi sorpresa. El sobado argumento del infantilismo. Como si con eso la cuestión quedara zanjada. Hay gente que con un "eso es muy infantil" ya lo creen arreglado todo. Puede que sea infantil. Pero adulto también. El culo-veo-culo-quiero es el principio de la publicidad y del consumismo en el que nos vemos inmersos. ¿Porqué se usan famosos para anunciar relojes?. Por dos cosas, o para que la gente se compre el reloj para parecerse-a, o para que el personal piense que el famoso en cuestión tiene muy buen criterio y ha sabido elegir una buena marca, y así no ser menos. Culo-veo-culo-quiero. ¿Cuánta gente hay que si el vecino se compra un todo terreno, al poco se lo compran ellos más grande? (personalmente, no creo que haya otra razón para la proliferación de todoterrenos que tanto me abruma). Vamos, que nos comportamos como niños. Y el argumento se agrava si tenemos en cuenta otra cosa, que no es más que una manifestación del infantil afán por ser mayor, por ser "grande". Si es que somos como niños. Ainsss.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

Tentaciones


"Poder es esa nueva virtud; un pensamiento dominante es, y en torno a él, un alma inteligente: un sol de oro y, en torno a él, la serpiente del conocimiento"
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (De la virtud que hace regalos)

Bien. Tomemos eso de la serpiente del conocimiento. Se me ocurren varios adjetivos que pueden ser atribuidos tanto a la serpiente como al conocimiento: frío, sinuoso, viperino, venenoso, astuto, peligroso... En una palabra: femenino.

Pero también: tentador, atractivo, mágico, independiente, alcanzarlo supone un motivo de alegría (la Gaya Ciencia)... En una palabra: femenino.

No es por casualidad que en la antigüedad se consagrara la sabiduría a una deidad femenina. Porque la Verdad es mujer.

lunes, 6 de noviembre de 2006

Björk. I've seen it all.


No me gustan los musicales y Björk no es que me entusiasme. Pero esta canción y esta película (Bailar en la oscuridad) sí que me gustan mucho. Y reconozco el mérito que la extraña señorita islandesa tiene con su muy peculiar y llamativa forma de instrumentar sus canciones. Y en esta en concreto me parece genial integrar el ruido del tren en la base de la canción.

viernes, 3 de noviembre de 2006

Copying Beethoven



Ayer fui a verla. Últimamente estoy fascinado con la figura de este compositor y su música, especialmente con su novena sinfonía. Y es sobre lo que trata la película. Aunuque la historia principal es ficticia (la copista que mandan para ayudar al compositor sordo nunca existió), el trasfondo es la historia del estreno de esta sinfonía y las posteriores composiciones del músico, con las que abrió un camino hacia el futuro musical que se habría de plasmar un siglo después de él (múscia atonal y demás). La propia novena ya supuso una ruptura, ya que nunca antes se había usado un coro en una sinfonía.

Más allá de las cuestiones de historia musical, la película está excelentemente ambientada en la Viena de 1824, con sus miserias y sus lujos. Y también sirve para un retrato (no sé si fiel, ya que no me conozco demasiado la vida de Ludwig van) del genial y atormentado (por su sorederra, por su soledad, por su pasado) compositor. En general me pareció muy buena, con diálogos profundos y complejos, e interpretaciones muy bien desarrolladas. En especial me llamó la atención cómo integra la directora la música de Beethoven en las escenas, haciendo que imagen y sonido casen casi a la perfección. Lo más destacado de toda la película es la escena del estreno de la novena sinfonía, con el teatro lleno, coro, orquesta y director (el propio Beethoven) y la chica ayudando al genio con la dirección entre bastidores. Son casi veinte minutos seguidos de música que suponen un muy buen resumen de la sinfonía.

A pesar de que a muchos les puede parecer lenta e insípida (me han dicho que la película no les ha dicho nada), es altamente recomendable, aunque sólo sea como excusa para oír una música excelente.

jueves, 2 de noviembre de 2006

Sueño y vigilia


Hay momentos en los que se apodera de nosotros cierta sensación de irrealidad. Instantes en los que tienes que pellizcarte para asegurarte de que no estás soñando. ¿Nunca os ha pasao?. Se trata de situaciones en las que te domina la idea de que aquello no te está ocurriendo a ti, como si lo vivieras de un modo menos intenso de lo habitual, como si sólo fueras un espectador.

La historia de la humanidad también ha tenido épocas así. Estoy pensando en el barroco, cuando en distintas aprtes y en diferentes ámbitos surje la necesidad de cuestionarse acerca de la realidad y su naturaleza. Dos ejemplos resultan aclaradores, La vida es sueño de Calderón de la Barca, y el Discurso del Método de Descartes, en los que se plantea la necesidad de reafirmarse sobre un mundo que parece ser una pura invención imaginaria.

Para algunos autores, nos encontramos en una fase de este estilo, en la que nos cuesta distinguir lo real (sea lo que sea, eso es otra cuestión) y lo ficticio. Nuestra época también tiene ejemplos, el más conocido de los cuales tal vez sea la película Matrix (en la que se plantean algunas de las cuestiones hechas por Descartes en el barroco sobre si estamos en una realidad real o en una realidad ficticia). Y la verdad es que hoy en día no sólo tenemos dudas, sino la posibilidad real de meternos en mundos irreales (pero que vivimos de forma tan real como lo que llamamos realidad), tales como los videopjuego o internet y todas sus posibilidades (el sólo hecho de usar un nick ya es una forma de adoptar una personalidad distinta a la del día a día).

Normalmente nos sentimos muy seguros de lo que nos rodea y de nosotros mismos. No solemos tener demasiadas dudas. Pero a veces el velo que separa lo real de lo inventado (que, aunque conozcamos su origen y sepamos que lo es, no deja de ser real) se vuelve tenue, y uno no sabe bien a qué atenerse. Se trata de esos momentos de los que hablaba al principio.

Toda esta parrafada es una reflexión acerca de algo que me ha ocurrido esta noche, y que es un muy buen ejemplo de uno de esos instantes de atenuación del muro entre sueño y vigilia (porque podriamos llamar vigilia a lo real y sueño a lo no real). Me he pasado la noche soñando (o esa es la sensación que he tenido) que, por distintas circunstancias, no podía pegar ojo. Y al despertarme, la sensación que he tenido es la de no haber dormido nada. Estaba tan o más agotado que cuando me fui a dormir. Ha sido muy frustrante, porque sé que he dormido toda la noche, que apenas me he despertado una vez, pero mi cuerpo ha interiorizado las condiciones del sueño (porque, al fin y al cabo, mi cuerpo ha sido el que ha estado soñando) y he tenido más claro que nunca que la separación entre sueño y vigilia puede que no exista o sea menos de lo que creemos.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Requiem


Como hoy estoy vaguete y no me apetece escribir mucho, os pongo un poco de música. Y como además hoy es el día que es, pues he pensado que lo mejor es poner algo fúnebre. Y no se me ha ocurrido ninguna obra mejor que el Requiem de Mozart. Me hubiera gustado poner una buena interpretación, con su orquesta, coro y todo eso, pero sólo he podido hallar esta grabación con el careto del señor Wolfgang Amadeus de fondo. En fin, menos da una piedra. Lo importante es poder escuchar el fragmento, que es de lo mejorcito que uno se puede echar a la cara.
Y en un día como hoy, vaya por todos aquellos que ya no pueden escucharlo.