domingo, 22 de abril de 2007

Nietzsche sobre la línea


En el fragmento 5[71], fechado el 10 de junio de 1887, Nietzsche nos habla de un primer y un segundo nihilismo. Estos dos nihilismos hay que entenderlos en un sentido cronológico, es decir, que uno siguió al otro. El primero correspondería a la fase histórica previa al cristianismo, y el segundo al iniciado por la introducción de lo que él llama hipótesis moral cristiana. Ésta pretndía ser un antídoto (Nietzsche usa este término) frente al nihilismo previo. Éste vendría dado por el peligro para la existencia, que se encontraría asediada por numerosas vicisitudes y riesgos. Mediante el cristianismo (podríamos introducir también el platonismo, que realiza el mismo movimiento) y su división entre un mundo verdadero y otro aparente, subordinado al primero, se le otorga a la vida un valor superior y un peso mayor al que tenía hasta entonces. De este modo se conseguía salvar al ser humano de una caída en el desaliento del “nada vale la pena”. Ante ese peligro, el cristianismo viene a introducir un soporte para la existencia, siendo un remedio para el nihilismo primitivo. Pero con la entrada de un mundo verdadero aparece el impulso de veracidad, de buscar la verdad de todo, que acaba volviéndose en contra de sí mismo, puesto que termina por darse cuenta de que no hay verdad alguna, cayendo en la segunda forma de nihilismo, que ha estado latente todo el tiempo. Este segundo nihilismo nos devuelve a la situación de inseguridad primigenia, pero nos deja más desamparados, ya que viene después de un fase de mayor seguridad y tras la ilusión de haber podido llegar al terreno firme de la verdad. Nietzsche afirma en el mismo fragmento que su época tiene unas seguridades y comodidades que permiten volver a un mundo más inseguro. “Dios” es una hipótesis demasiado extrema para su tiempo. Pero después del impulso de veracidad la perspectiva es desoladora. Resulta paradójico lo que el alemán nos dice, que en su tiempo se puede vivir sin verdad, que al parecer se está preparado, pero no se ve el modo de hacerlo (ni se quiere ver).


Más allá de lo sugerente que todo esto nos pueda resultar para nuestras reflexiones, me interesa llamar la atención sobre un hecho. Y es que se nos da la idea de que siempre hemos estado en el nihilismo. Lo más evidente, y sobre lo que más nos llama la atención Nietzsche, es que el nihilismo se instaló en nuestra historia a partir del dúo Sóctrates-Platón, con su posterior aplicación al cristianismo. Pero a partir de este fragmento nos damos cuenta de que el nihilismo es algo tan antiguo como el hombre, connatural a él, podríamos decir. Tanto que se puede llegara a afirmar que el ser humano es el lugar del nihilismo, que es el nihilismo mismo, la región del vacío y del riesgo, del abismo y la suspensión en la nada. Ello nos obliga a intentar, a ensayar de forma continua modos de mantener el equilibrio en esa nada, a inventarnos un suelo sobre el que caminar y obviar en la medida de lo posible lo abismático de nuestra realidad.


Desde este punto de vista, todo intento de sostenernos es vano, puesto que tarde o temprano acaba por desvelarse la nada en la que nos movemos. Y tampoco habría posibilidad de superar el nihilismo, si no es trasladándolo a una nueva forma de engaño (ojo, al hablar de engaño nos estamos situando bajo el paraguas de la hipótesis de un mundo verdadero, puesto que si eliminamos éste, también eliminamos la posibilidad de la apariencia) que nos permita escamotear durante un tiempo la situación. Pero una vez desvelada la verdad (que no hay verdad), no hay asidero posible, sólo nos queda volver al nihilismo primigenio, desarrollando la voluntad de poder, que nos llevaría a un dominio del mundo (y en este sentido, queremos creer, y Nietzsche mismo lo creyó, que el dominio de nuestro tiempo es mucho más amplio y completo que el de los antiguos griegos) cada vez mayor. Así pues, la alternativa es, dejarnos caer en la pendiente de una verdad que se ha desvelado mentira, o un retorno al nihilismo primigenio, al de la Grecia homérica y trágica, donde la vida era insegura (en todos los sentidos) y sólo cabía la posibilidad de la lucha, del agón, para no naufragar en el mar de la nada.


No hay salida posible al nihilismo, porque él es nosotros mismos en nuestro despliegue existencial. No hay superación, ni dejar atrás, ni siquiera, como diría Jünger, un pase de la línea del nihilismo. Como muy bien le replicó Heidegger, se está en la línea, somos ella misma, y al movernos nosotros se mueve ella. Sólo cabe explorar la línea, reconocerla, reconocerse en ella, dominarla.

3 comentarios:

Horrach dijo...

Herr doktor también piensa que el nihilismo es algo que no puede ser identificado exclusivamente con el 'cristianismo' (dejando de lado las múltiples y diferentes interpretaciones que se dan dentro de la misma esfera cristiana) ni con lo que se suele llamar 'platonismo'. Su alcance es más universal; casi (o sin el casi) podríamos decir que es parte de nuestra esencia. Por ello me parece peligroso, por equivocado, que Nietzsche identifique tanto el nihilismo con estos dos sistemas religiosos y filosóficos. Más que nada porque Nietzsche acaba cayendo en el pecado que condena, es decir, que trata de salvar una época, unos saberes, que escaparían a la condición de nihilistas, y esos saberes serían los que precederían en el tiempo a los dos citados. Por ello Nietzsche acabaría defendiendo dos tipos de decires, aquel que idealiza una realidad suprasensible más allá de la existente y la que no lo hace. Curiosamente la primera, la idealizadora, sería la dada, la que todos tenemos cerca; mientras que la segunda sería la que se perdería más allá de la historia. Curioso.

Horrach dijo...

Puntualizando: considero 'pecado' en Nietzsche que precisamente pretenda continuar con la senda antigua de las oposiciones, cambiando sólo el polo defendido. Él se da cuenta de esas inversiones discutibles (punto 4, pág. 165), aunque, como suele suceder (todos lo hacemos) no es consciente de caer él mismo en esos mismos errores. Su intento de crear un moral del Superman no es más que una evidente prolongación de esa inversión no asumida conscientemente.

Sobre una posible 'superación' del nihilismo: no creo que pueda haber, que pueda darse efectivamente, una superación del nihilismo (pues, como se ha dicho, no es un mero fenómeno externo a nosotros, sino parte de nuestra esencia). Aunque también hay que tener en cuenta que no puede dejar de darse tampoco esa tentativa de superación. Moverse en una dinámica bipolar entre esos dos momentos es lo que nos permite ser lo que somos, lo que permite que haya nihilismo y, a la vez, proyecto de superación.

hasta mañana. nos vemos en el vermalódromo. shalom!

PD: lo de 'dominar' la línea no lo veo claro.

El Pez Martillo dijo...

Ciertamente, a Nietzsche le pasa eso que usted dice de que cae en el juego que está denunciando. Heideggerianamente, esto se podría explicar si tenemos en cuenta que sigue en la dinámica de la metafísica, es decir, del olvido de la pregunta por el Ser.

No obstante, hay algunos momentos, como el que he comentado en la entrada, en los que parece rozar alguna cuestión importante y que se queda ahí, en el simpe roce. Noi sé si él era consciente de esto, o si el estilo aforístico que frecuentaba da esta sensación de tangencialidad con algunos temas. O sencillamente es que, como se movía en la tradición metafísica, pues no llegó a darse cuanta de que, por momentos, accedía a otras perpsepctivas.