domingo, 28 de febrero de 2010

Johnny Cash: American Recordings VI

Esta semana pasada se ha publicado el sexto disco que Johnny Cash grabó para American Recordings, bajo el título Ain't no grave. Se trata (supuestamente, porque con estas cosas de las discográficas nunca se sabe) de los últimos temas que grabó poco antes de morir en 2003, y tienen, mucho más que los otros American Recordings, esa sensación de que él sabía muy bien que estaba en las últimas y que aquello, de alguna manera, era su legado. Sobrecoge la rota voz del frágil y enfermo anciano, así como los sencillos arreglos, que subrayan el dramatismo de esa voz.

En resumen, un perfecto epílogo para la magistral lección que impartió Cash en sus discos con la American Recordings. Les dejo con el tema que da título al disco, un impresionante Ain't no grave (gonna hold this body down).


sábado, 27 de febrero de 2010

Indecencia


Hay una fina línea que une el aparcar en doble fila y comprar al concejal de urbanismo (y también, claro está, venderse por unos milloncejos). No es tan diferente. La actitud es parecida, la diferencia es de magnitud y oportunidad.

viernes, 26 de febrero de 2010

El sueño del presente


Ciertamente, tendemos a confundir deseo y realidad. Pero nunca se había hecho con tanto ahínco y contumacia como en los últimos años y en tan dispares ámbitos. Y a fuerza de confusión vamos construyendo la pesadilla de la realidad, de la que ansiaremos huir como del diablo. Pero lo peor estará por llegar. La vigilia será dantesca, y me temo que no tardaremos en provocarnos de nuevo el sueño, en busca de agradables ensoñaciones que nos hagan olvidar.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Leyendo el diario


Lo reconozco: consulto la prensa. La de todas las tendencias. Más allá de la información útil: cartelera, programación de tv, esquelas y clasificados. Pero no por mantenerme informado (algo imposible), sino para jugar a ver dónde y en qué mienten o no dicen toda la verdad. De este modo, los periódicos se leen de otra manera, más lúcida, más consciente, más ciudadana.

sábado, 20 de febrero de 2010

Reflexiones "cinéfilas" (¿I?): Invictus y Avatar


Mi relación con el cine es irregular: lo mismo me tiro un año y pico sin pisar una sala, como que voy varias veces en un par de semanas. Y lo mismo con el cine que veo en casa, o estoy meses sin ver nada, o me entra una especie de fiebre cinéfila. Ahora estoy en una de estas etapas en las que mi interés por el séptimo arte crece, y he visto varias cosas en lo que llevamos de año. Aunque me considero cinéfilo (o al menos que el cine me gusta), no soy muy de entrar en pormenores técnicos o en debates de altura cinéfila. Como en tantas otras cosas, tengo poco criterio, y picoteo un poco por aquí y un poco por allá, erráticamente. Hoy quiero hablar de un par de las películas que he visto en las últimas semanas, que todavía pueden verse en los cines y sobre las que mucho se ha hablado y se hablará, me temo.

La primera de ella es Invictus, la adptación al cine de El factor humano de John Carlin, dirigida por Clint Eastwood, en la que se relata la historia de Mandela y el mundial de rugby del 95 en sudáfrica. Esta peli tenía todos los alicientes para que fuera a verla: me gusta Eastwood, me gusta el rugby y me gusta la historia. Debo decir que no me decepcionó, que me enganchó y me pareció muy bien llevada. La única y gran (grandísima, que se carga toda la película) pega, es el pequeño detalle que se escamotea: las ayudas arbitrales que el equipo sudafricano recibió a lo largo del campeonato, y el colofón final de la intoxicación del quince neozelandés el día de la final (intoxicación nada accidental, puesto que nadie en su hotel la sufrió, sólo los que tenían que jugar la padecieron). Puede que se quisiera glosar la figura de Mandela, o que se quisiera hacer esa autocomplacencia moralista y edificante que tanto gusta en Hollywood (y a Eastwood, dicho sea de paso), pero resulta triste que algo que podría ser una gran película se quede en una simplemente resultona por unos escrúpulos morales que en ningún caso tuvieron sus protagonistas. En cualquier caso, les animo a verla, sobretodo ahora que saben algo que en el film no se relata. Así lo hice yo, a sabiendas del engaño, y la cosa adquiere otro color.

Si Invictus me convenció (a pesar de todo), no puedo decir lo mismo de Avatar. Diría que me decepcionó si hubiera esperado algo de ella. Logré resistir un par de meses y tardé en ir a verla, y para colmo lo hice en 3D (más por la curiosidad que por ganas locas). Por norma general, tiendo a desconfiar de cada nueva revolución que se nos anuncia a bombo y platillo (cada dos por tres estamos ante el "gran cambio"), y es una desconfianza bien fundada. De la película en sí, decir que no aporta nada nuevo: ni en la historia, ni en los efectos especiales. Pura pirotecnia: no siempre más (más colorines, más criaturas extrañas, más cosas raras) es sinónimo de mejor. Creo que desde los 90 hay un techo en lo que a efectos especiales se refiere que aún no se ha logrado sobrepasar, y todo se reduce a redundar en lo mismo. De las 3D, lo mismo, no añaden ni quitan nada (la tecnología existe desde hace muchísimo, pero ahora la piratería ha hecho que algunos avispados redescubran el Mediterráneo para clavarnos un poco más por la entrada y porque todavía no hay ordenadores y televisores en 3D). La primera hora la pasé mareado, y a ratos tuve que quitarme las dichosas gafas (eso sí, lo reconozco, mejores que aquellas incómodas gafas de cartón con plásticos rojo y verde de los 80) para que mi vista descansara. Y al final, sorprendido, me di cuenta, supongo que por haberme acostumbrado, de que no notaba el efecto tridimensional. Además, se me hizo larga, eterna, por momentos me entraron ganas de meterme en la pantalla, aprovechando el efecto de las tres dimensiones, y ayudar a matar a los malos, no por simpatía, sino para que terminara la cosa de una puñetera vez. Le sobra al menos una hora, y desde poco más o menos pasada la mitad, me dediqué a pensar en mis cosas, abstrayéndome del film (el cual se puede seguir a medio gas, sin prestarle demasiada atención). Totalmente prescindible, y si no fuera porque la historia la tenemos ya muy vista, ya se me habría olvidado.

Dejo para otra ocasión más propicia hablar algo de La cinta blanca, pero antes debe reposar y fermentar.

viernes, 19 de febrero de 2010

Terremoto de época

Si la carretera ya no está, ¿qué camino seguir?¿Vale la pena seguir caminando hacia el mismo lugar?

Hay que ir con cuidado con los que se dedican a pensar, vengan de la rama que vengan: inevitablemente tardarán poco en poner su actividad como la más elevada de todas, como la fundamental y aquella de la cual todo lo demás depende. Es lo que le pasó a Marx, que era economista, colocando la economía a la base de cualquier fenómeno humano. Casi todos lo hemos aceptado casi sin rechistar, en uno de esos tópicos ya demasiado instalados en el subconsciente colectivo. Si bien el marxismo no ha vencido, Marx sí que triunfó.

Ahora bien, la presente crisis puede ayudarnos a salir del tópico. Tengo la intuición de que el origen de la crisis no es económico, siendo los aspectos económicos un eslabón más en la cadena (tal vez no el último). Si esto fuera así, la preeminencia de lo económico estaría en entredicho, ya que la organización de los recursos y el dinero quedaría como un producto secundario de otras instancias. Pero, ¿de cuales?. ¿Cuál es el afán que nos ha movido ha poner en marcha la cultura y la civilización? ¿Podemos saberlo nosotros, seres humanos de la civilización y la cultura? Creo que sí, en la medida que la hacemos mover hacia alguna dirección (diría progresar, pero el término está demasiado contaminado) empujados por una misma pulsión que no puedo otra cosa que considerar como una carencia, como un vacío que nos moviliza. El vacío, como tal, no tiene signo ni valor, no es ni una cosa ni otra. Cada uno de nosotros le da contenido de alguna manera. No me refiero a un llenarlo del mismo modo que se rellena un agujero, sino la forma en que lo veamos. Porque un vacío, por muy puro y vacío que sea, siempre será vivido (y en definitva, se trata de un vacío vivido) de un modo u otro, y en función de cómo se viva se intentará suturar la herida de una forma u otra.

Para unas épocas fue vacío divino, ansia de santidad, y corrieron a beber en las fuentes teológicas. Para otras, el relleno sólo puede venir de la acumulación y de la generación de riqueza. En consecuencia, se dota de los medios para resolver la carencia que pulsa en nuestro interior. Teniendo en cuenta esto, y también que la crisis no es sólo económica, sino que lleva manifestándose en otros campos desde antes que la economía empezara a dar señales de debilidad, ¿qué es lo que está en crisis? El vacío no, desde luego, ese siempre estará allí. ¿No será más bien la percepción de ese vacío?, ¿la sensación de que ya no vale todo lo que habíamos creído firme y seguro, de que el suelo que creíamos tener bajo los pies se tambalea?.

martes, 16 de febrero de 2010

Benjamin (con Franco al fondo) en Kiliedro


A lo largo de nuestras vidas nos cruzamos con miles de personas, formando un tejido de relaciones que conforman nuestra existencia y nos anclan a la historia y sus vicisitudes. Algunos de estos entrecruzamientos son superficiales, vagos, transversales y prescindibles, pero hay otros que en sí mismos sostienen toda nuestra biografía, que no podría comprenderse sin ellos. Estos cruces no tienen que ser directos, puesto que las decisiones de terceros, con los que no hemos tenido ninguna relación personal, marcan para bien o para mal nuestras vidas. Y a veces, sucede que acontecimientos en apariencia insignificantes, adquieren con el tiempo otro color, una profundidad insospechada, iluminados por hechos posteriores. Algo así ocurre con una anecdótica intersección vital del filósofo Walter Benjamin, nimia si no fuera porque años más tarde el cruce se repitió en otras circunstancias con un resultado trágico.

Siga leyendo, si quiere

sábado, 13 de febrero de 2010

Und die Gewinner waren...

Los que van por derecho, chirigota de José Antonio Vera Luque.
Presentación:


Pasodoble 1º: "El pueblo contra la delincuencia juvenil"


Pasodoble 2º: "El pueblo contra las bandas organizadas" (homenaje a la chirigota del Selu, pregonero de este año):


Cuplés (el primero para las hijas de Zapatero y el segundo para el "superviviente" de la televisión, con pegadizo estribillo: "yo soy un caso perdío"):


Y popurrí:

viernes, 12 de febrero de 2010

La estructura de la chirigota

Otros años ya he mostrado mi admiración y devoción por el carnaval gaditano. Si fuera de Cádiz estaría en alguna chirigota. Lo que no tengo claro es si iría en una de las "oficiales", las que se presentan al concurso del Falla, o de las extraoficiales, las que salen a la calle a liarla parda. Son las primeras las que tienen más visibilidad y las que la gente se aprende y canta por ahí. Por eso, me gustaría exponer brevemente el desarrollo de las chirigotas que se presentan a concurso, y para ilustrarlo cuelgo la antológica chirigota de Los Enteraos, de José Luis García Cossío, el Selu, ganadora moral del concurso del año pasado, aunque quedaran en tercer puesto (menuda polémica ha habido tdo el año a cuenta de ella, pocas veces se había divorciado de esta manera el criterio del público y el del jurado). Vamos allá:

En primer lugar, la presentación. Salen todos los chirigoteros y se presentan, usando composiciones propias o tomando canciones de otros. Se trata de mostrar al público de qué se va disfrazado (el tipo) y empezar a derrochar guasa e ironía:


Luego vienen los pasodobles. Deben de ser originales y ser dos. De temática algo más seria, las chirigotas saben apañárselas para hacer reir al público. Los Enteraos se descolgaron en la final con dos pasodobles geniales, uno dedicado a su alcaldesa, y otro, digamos, metacarnavalero:



A continuación, los cuplés. Dos piezas más breves, más cómicas y unidas por un estribillo que si es bueno, la gente acaba coreándolo con la chirigota (el segundo cuplé de Los Enteraos en la final hace referencia a un mítico cuplé del 92, de la chirigota de Los Borrachos, primer premio, también del Selu, que todavía se recuerda y se canta).


Finalmente, el popurrí, ocho minutos de cnaciones populares varias con la letra cambiada para mayor gloria del tipo. Todo un derroche de guasa:


Ahora que ya tenemos unas breves nociones de cómo se comporta una chirigota, ya estamos listos para recibir a los ganadores de este año, que saldrán de la final de esta noche, y mañana colgaré, para no perder las costumbres. Como curiosidad, Selu repetirá como mínimo el tercer puesto del año pasado, ya que está en la final, con una chirigota que es la antítesis de esta que les he presentado, denominada Los que no se enteran. Si hay suerte, mañana estaran por aqui.

jueves, 11 de febrero de 2010

Dijous Llarder

¿Porqué me gustará el Carnaval?

Como sabrán mis viejos seguidores (alguno debe haber), el Carnaval es una de las fiestas que con más regocijo vivo. Cuadra muy bien con mi talante irónico y mi gusto por la máscara y el disfraz. Por eso no me gusta que se considere como algo infantiloide y banal. El Carnaval es una cosa muy seria. Mi talante irónico y mi gusto por la juerga

Pues bien, hoy es el Jueves Lardero, el día que empiezan de forma oficial los carnavales (aunque en algunos sitios ya llevan días, incluso semanas, en marcha) y se da el pistoletazo de salida a unos días de juerga en los que todo salta por los aires y está permitido. Siempre he dedicado alguna entrada a estos días, pero este año me apetece dedicar estos días a colgar cosas relacionadas con el Carnaval, a modo de pequeña serie. Manténgase atentos. O no.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Divas nuevas ricas


Alguna vez he comentado el pavoroso efecto que los pasados años de "esplendor" económico han provocado en una buena parte de compatriotas: una actitud de nuevos ricos insoportable. Era de esperar, pasar de la miseria rural a la burbuja inmobiliaria en apenas treinta años es algo difícil de digerir (el tópico acerca del éxito y los estragos que puede provocar en quien no esté preparado). Este fenómeno es aún mayor en el sector femenino, que además de ese éxito ha vivido en su seno un salto brutal en lo que a situación de género se refiere. Además de pasar del campo al adosado-con-todoterreno-en-el-portal, han pasado de ser seres infantiloides y necesitados de tutela (paterna y/o marital) a ciudadanas de pleno derecho. Este doble salto ha hecho que su actitud de "nuevas ricas" sea aún más desagradable e intolerable. Ese ser "nuevas ricas" se traduce en un divismo criminal, un continuo necesitar que se les recuerde lo estupendas que son, una actitud altiva y toda una serie de expectativas, nunca cumplidas del todo, que les conducen no a un autoexamen y autocrítica, sino a una reafirmación suicida. Con el socorrido "porque yo lo valgo", todo está solucionado.

Observo esta actitud en las que han crecido a socaire de la bonanza económica y la estabilidad política, las que no han conocido del todo la situación anterior, las que han desarrollado su personalidad en paralelo a las conquistas sociales. Son las hijas de esos nuevos ricos, herederas petardas que no saben valorar nada porque nada les ha costado ningún esfuerzo. Eso, unido a la banalización creciente y general en la que vivimos, ha dado lugar a unas niñatas caprichosas, autocomplacientes, crecidas y que encima se creen ser lo más de lo más.

Quiero pensar que es una mala gripe que se acabrá pasando, y que las hijas de esta generación de mujeres perdida para España (si es que las tienen, porque una queja habitual que profesan es lo difícil que está "pillar a un hombre") renegarán de sus madres y se avergonzarán de todo el trabajo no hecho, que no es poco. Por ahora, no se ve la luz al final del túnel, pero hay esperanzas que no conviene perder.

sábado, 6 de febrero de 2010

El germen de la religión (y tal vez del ser humano)


El otro día me vi defendiendo a Dios, frente a la cerrazón de quien quería eliminar cualquier signo religioso del mundo (incluso llegando al extremo de exterminar a todos los creyentes y que mostraran alguna inclinación religiosa). Esa persona se definía como materialista, pero materialista radical. Y creo que se equivoca, porque aunque yo tampoco creo en nada más allá, ni mucho menos negaré que haya otras realidades digamos inmateriales (porque que algo emane de la materia no lo hace menos inmaterial).

Mi posición era que las religiones se construyen en torno a una cierta experiencia muy humana que no se puede escamotear así como así, pretendiendo que con la prohibición de las religiones y la demolición de los templos baste. No. Que luego ese núcleo de base se haya revestido de unas formas u otras según el lugar y la época es otro cantar. Y por supuesto, que el poder de turno se haya amparado en ello para legitimarse y perpetuarse, también. Y que los sacerdotes y demás "hombres de religión" hayan aprovechado su aura para adquirir poder e influencia, también. Pero no debemos caer en el error en el que a mi juicio caen estos "antirreligiosos", que consiste en confundir a los curas con Dios y la religión.

El problema lo tuve a la hora de hablar de esa experiencia que creo que constituye el núcleo en torno al cual se construye lo religioso. Ni siquiera sabría qué palabra usar: ¿el misterio?,¿lo numinoso?,¿lo sublime?. Es todo muy vago. Pero es que es algo vago, algo que aunque he dicho que es muy humano, está en una capa muy prehumana de nosotros, o más aún, justo en el punto que nos hace humanos, del cual emanamos. Creo que de ello hablamos cuando decimos eso de que algo "te hace sentir pequeño", algo de eso hay en esa sensación de miedo y atracción que sentimos ante ciertas cosas, en ese darnos cuenta de que por muy seguros que estemos, hay algo que se nos escapa... ¿Y cómo no comprender a nuestros antepasados, los primeros, los que sintieron por primera vez eso, cuando para reeditarlo, aplacarlo, consumirlo, empezaron a desarrollar rituales, lugares, rezos...? En el fondo, por mucho revestimiento racional y científico que tengamos, no dejamos de ser los mismos simios asustados que luchan por sobrevivir, extrañados por el entorno que buscan tenerlo controlado de alguna manera, a base de oraciones o de tecnología. Y no creamos que la segunda anula a lo primero, porque esa pulsión prehumana sigue ahí, puede que sea esa que nos lleva a hacer submarinismo, a tirarnos por un puente o a lanzarnos a 240 por las autopistas.
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