sábado, 20 de febrero de 2010

Reflexiones "cinéfilas" (¿I?): Invictus y Avatar


Mi relación con el cine es irregular: lo mismo me tiro un año y pico sin pisar una sala, como que voy varias veces en un par de semanas. Y lo mismo con el cine que veo en casa, o estoy meses sin ver nada, o me entra una especie de fiebre cinéfila. Ahora estoy en una de estas etapas en las que mi interés por el séptimo arte crece, y he visto varias cosas en lo que llevamos de año. Aunque me considero cinéfilo (o al menos que el cine me gusta), no soy muy de entrar en pormenores técnicos o en debates de altura cinéfila. Como en tantas otras cosas, tengo poco criterio, y picoteo un poco por aquí y un poco por allá, erráticamente. Hoy quiero hablar de un par de las películas que he visto en las últimas semanas, que todavía pueden verse en los cines y sobre las que mucho se ha hablado y se hablará, me temo.

La primera de ella es Invictus, la adptación al cine de El factor humano de John Carlin, dirigida por Clint Eastwood, en la que se relata la historia de Mandela y el mundial de rugby del 95 en sudáfrica. Esta peli tenía todos los alicientes para que fuera a verla: me gusta Eastwood, me gusta el rugby y me gusta la historia. Debo decir que no me decepcionó, que me enganchó y me pareció muy bien llevada. La única y gran (grandísima, que se carga toda la película) pega, es el pequeño detalle que se escamotea: las ayudas arbitrales que el equipo sudafricano recibió a lo largo del campeonato, y el colofón final de la intoxicación del quince neozelandés el día de la final (intoxicación nada accidental, puesto que nadie en su hotel la sufrió, sólo los que tenían que jugar la padecieron). Puede que se quisiera glosar la figura de Mandela, o que se quisiera hacer esa autocomplacencia moralista y edificante que tanto gusta en Hollywood (y a Eastwood, dicho sea de paso), pero resulta triste que algo que podría ser una gran película se quede en una simplemente resultona por unos escrúpulos morales que en ningún caso tuvieron sus protagonistas. En cualquier caso, les animo a verla, sobretodo ahora que saben algo que en el film no se relata. Así lo hice yo, a sabiendas del engaño, y la cosa adquiere otro color.

Si Invictus me convenció (a pesar de todo), no puedo decir lo mismo de Avatar. Diría que me decepcionó si hubiera esperado algo de ella. Logré resistir un par de meses y tardé en ir a verla, y para colmo lo hice en 3D (más por la curiosidad que por ganas locas). Por norma general, tiendo a desconfiar de cada nueva revolución que se nos anuncia a bombo y platillo (cada dos por tres estamos ante el "gran cambio"), y es una desconfianza bien fundada. De la película en sí, decir que no aporta nada nuevo: ni en la historia, ni en los efectos especiales. Pura pirotecnia: no siempre más (más colorines, más criaturas extrañas, más cosas raras) es sinónimo de mejor. Creo que desde los 90 hay un techo en lo que a efectos especiales se refiere que aún no se ha logrado sobrepasar, y todo se reduce a redundar en lo mismo. De las 3D, lo mismo, no añaden ni quitan nada (la tecnología existe desde hace muchísimo, pero ahora la piratería ha hecho que algunos avispados redescubran el Mediterráneo para clavarnos un poco más por la entrada y porque todavía no hay ordenadores y televisores en 3D). La primera hora la pasé mareado, y a ratos tuve que quitarme las dichosas gafas (eso sí, lo reconozco, mejores que aquellas incómodas gafas de cartón con plásticos rojo y verde de los 80) para que mi vista descansara. Y al final, sorprendido, me di cuenta, supongo que por haberme acostumbrado, de que no notaba el efecto tridimensional. Además, se me hizo larga, eterna, por momentos me entraron ganas de meterme en la pantalla, aprovechando el efecto de las tres dimensiones, y ayudar a matar a los malos, no por simpatía, sino para que terminara la cosa de una puñetera vez. Le sobra al menos una hora, y desde poco más o menos pasada la mitad, me dediqué a pensar en mis cosas, abstrayéndome del film (el cual se puede seguir a medio gas, sin prestarle demasiada atención). Totalmente prescindible, y si no fuera porque la historia la tenemos ya muy vista, ya se me habría olvidado.

Dejo para otra ocasión más propicia hablar algo de La cinta blanca, pero antes debe reposar y fermentar.

3 comentarios:

Musa dijo...

Amigo Pez, no sabía que le gustaba el rugby.
Dicho ésto pese al gran 'pero' que ha puesto, me ha convencido su crítica, iré a ver Invictus. Debo confesar que ya tenía pensado hacerlo, únicamente estoy esperando que la pongan en el cine de mi pueblo.
Respecto a Avatar, coincido con usted, aunque a mí sí me gustó, aunque no tiene mucho mérito. A mí me gusta casi todo.

Saludos

PENSADORA dijo...

Pues a mí Avatar me hizo llorar, por mucho que sea una historia conocida. Por supuesto que la comparativa con "Pocahontas" o "Bailando con lobos" es inevitable pero no deja de ser un asunto que me sigue tocando la fibra sensible. Supongo que criarme en un lugar que fue injustamente conquistado tendrá mucho que ver.

Todavía no he visto Invictus pero ya caerá ya.

Saludos!

El Pez Martillo dijo...

¿No le he hablado, querida Musa, de aquel esguince que por poco me obligó a pasar por el quirófano? Me lo hice jugando a rugby. Lo que pasa es que gracias al infeable doctor Horrach he retomado mi afición y me dejo caer por el Hogans a ver algunos partidos (sobre todo ahora que está en marcha el VI naciones).

Lo que me disgustó en Avatar es lo mismo que en Invictus, esa puñetera manía de poner moralejas infantiloides. Diría que el ser humano es más complicado que todo eso, pero claro, los pitufos de avatar no son precisamente humanos... En ese sentido, "La cinta blanca" es más profunda y compleja (eso sí, no hay luchas, ni efectos especiales).

Saludos.

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