viernes, 9 de septiembre de 2016

Selección de personal

Se dice por ahí que hay jefes que a la hora de seleccionar personal, fisgan en sus redes sociales, y que ahí se decide si se contrata o no. Si ya de por sí es grave que se cotillee en asuntos ajenos al trabajo que se tiene que desempeñar, lo que me parece más delicado de todo es que haya gente que se fíe de lo que ponemos por ahí. No tengo claro que se pueda dirigir nada de este modo.

jueves, 25 de agosto de 2016

¿Ni arte ni cultura?

Una de las cuestiones del "debate" de los antitaurinos que me enternece, es la parte de su argumentario según la cual a un evento en el que se vierte sangre (de forma más o menos cruenta) no debería ser considerado arte o cultura. ¿De dónde se sacan eso? Porque uno tiene la intuición de que la crueldad y la violencia forman parte del meollo mismo de la cultura. Es decir, que si no se pasa por ella no hay cultura, ni arte, que son hechos violentos y que si en algún momento abominan de ello es para perpetuar determinadas correlaciones de fuerzas y estados. 

Otra cosa es que podamos discutir hacia dónde dirigir o cómo manifestar esa agresividad y crueldad, si hacia algunos animales, hacia personas, hacia los árboles o a los astros. Pero esa es otra cuestión.


miércoles, 10 de agosto de 2016

Carrera profesional

Terminas tus estudios y eres joven. Tienes ganas de comerte el mundo. Si has estudiado algo para lo que tienes vocación y vales, quieres hacer muchas cosas, avanzar profesionalmente. Y entonces es cuando empiezas a darte cuenta de cómo funcionan muchas cosas: innumerables trabas burocráticas, filtros que pasar, oportunistas y trepas varios que con menos llegan más lejos... En definitiva, toda una carrera de obstáculos que te desgasta, aniquila todo entusiasmo, y hace que te vuelvas escéptico (cuando no cínico) respecto a casi todo. Al final acabes yendo a cumplir, a hacer las cosas bien y poco más. 

Y acaba llegando el día en que todos esos que te han llevado a esta situación (personas e instituciones, formas de trabajar, costumbres...) te recriminan tu actitud y tu "escasa implicación".

lunes, 8 de agosto de 2016

Más rápido, más alto, más fuerte y más aburrido

Ahora que estamos olímpicos, quiero reflexionar sobre algo que viene ocurriendo desde hace años: el deporte ya no es lo que era. No me refiero a cuestiones como el doping o la (agobiante) cobertura televisiva. La hiperprofesionalización (con lo que económicamente conlleva: el movimiento de ingentes cantidades de dinero) e hipertecnologización le han quitado épica, convirtiéndolo en algo frío. Todo está calculado al milímetro, y hay poco margen de error. Todo se tiene monitorizado, lo propio y lo de los rivales, y con ello se juega, restándole brillantez a la competición, que se convierte en un ejercicio de contemporización. Ya no se ven las gestas de antaño, ya no hay aquellas figuras carismáticas que se hacían con el cariño del público y el respeto de sus rivales. Hay sorpresas, claro, pero cada vez menos y más tenues (aunque puedan tener un efecto paradójico, al saltarse un guión mucho más marcado y menos incierto).

Por otro lado, está la cuestión de cómo vemos el deporte desde el lado del espectador. Por comentarios que voy escuchando, toleramos menos los deportes que requieren su tiempo, y llama nuestra atención lo acelerado e hiperactivo. 

Eso sí, la falta de brillantez y elevación del deporte contemporáneo se ve efectivamente suplida por una realización televisiva espectacular. Y si no, siempre nos quedará la cuestión carnal: la de contemplar hermosos cuerpos jóvenes en acción. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

Los oscuros orígenes de En Joan petit

Siempre se ha dicho que los cuentos infantiles en su origen no iban dirigidos a niños, y que tienen un trasfondo más bien oscuro. Algo parecido ocurre con el caso que quiero traerles hoy y del que me he enterado hace poco: el de la popularísima (al menos por estos lares) canción infantil En Joan petit. No creo que haya niño nacido o criado en las zonas de habla catalana y occitana que no la haya cantado y bailado. Incluso he oído traducciones al castellano. 

En apariencia, la canción nos habla de un niño (el pequeño Juan), que baila y va moviendo las distintas partes de su cuerpo de forma progresiva y sumándolas todas (el dedo, la mano, el codo...). Cualquiera diría que se trata de una forma de que los niños más pequeños aprendan las partes del cuerpo y sus nombres. Pues no. En su origen era una canción de burla hacia las víctimas de una tortura que consistía en ir golpeando y rompiendo uno a uno los huesos del condenado. Y el baile al que se refiere la canción, obviamente se refiere a las torsiones que el dolor provocaba en el ajusticiado. Parece ser que en Francia hubo una rebelión contra Luis XIV, y así ajusticiaron al líder, provocando que el pueblo, ufano, se inventara esta canción que, poco a poco y por unas vías inexplicables, acabó en el cancionero popular infantil.

martes, 2 de agosto de 2016

Cadáveres a primera vista

El otro día me encontré con una escena macabra: Alguien se había caído (o tirado) desde un balcón, y pasé con el coche junto al cadáver, que ya estaba tapado, pero al que le habían dejado un brazo sin cubrir por la manta isotérmica (ese plástico fino, dorado por una cara y plateado por la otra que ponen los sanitarios). La policía estaba acordonando la zona.

Sea por lo inesperado de la escena, porque me pilló con la guardia baja, o porque me dirigía a casa a comer tras el trabajo y tenía hambre, la imagen de ese brazo saliendo me perturbó. Yo, que he visto cadáveres de todas las formas y colores y en circunstancias bastante desagradables (e incluso los he visto morir), sin sentir nada en especial (supongo que al estar en "modo profesional" uno se pone una barrera), me vi sacudido por aquella persona desconocida que llevaba un rato muerta. 

Pensándolo un poco, siempre me ha resultado más desagradable ver el cadáver tapado, esos bultos que mueven los celadores en sus camillas por los pasillos del hospital, o los que vemos en los noticiarios cómo son introducidos en los furgones por los funerarios, que el visionado directo del finado, por muy desagradables que sean sus circunstancias (porque el cine nos ha transmitido una visión dulcificada de la muerte, que suele ser más bien algo feo y asociado a padecimientos, deformaciones y/o mutilaciones).  
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