El año pasado Antònia Font se descolgaron con un extraño trabajo, Vostè és aquí, integrado por cuarenta temas muy cortos (la mayoría duran en torno a minuto y medio). A modo de esbozos, muchos dejan ganas de más, generando una extraña sensación de incompletitud y de vértigo (apenas entras en una canción, ya te has pasado a la siguiente). Tras ello está la extraña e inquieta mente de Joan Miquel Oliver, uno de los personajes creativos más peculiares que pululan por Mallorca. Lo próximo, ya lo ha insinuado alguna vez, es un disco con un par de canciones muy largas (que no bajen de quince minutos). Espero que así sea. De momento, ahí va una pildorita para subrayar que ya viene el tiempo de sacar la bicicleta y sentir lo que dice la canción al principio, que soy yo con la bicicleta que hago rodar el planeta.
El espejo de la realidad
domingo, 12 de mayo de 2013
sábado, 11 de mayo de 2013
Aquel niño
Aquel niño huraño, agresivo, rarito, conflictivo, del que todos huíamos. Aquel que intentó acuchillar a un compañero en el comedor del colegio. El irascible. El que se leía los diccionarios desde la A hasta la Z. Despreciado, temido, a veces hasta admirado. Aquel niño hoy es un hombre, y viendo sus fotos y comparándolas con muchos de los que compartimos clase con él, casi se diría que es ahora el más normal de todos. Incluso el más feliz.
A veces parece que todos hemos de cumplir con ciertos cupos en nuestras vidas. Unos los tienen más o menos homogéneos a lo largo de la vida, y otros los acumulan en distintas fases.
lunes, 6 de mayo de 2013
Son Dureta: el Pripyat palmesano.
Los lugares abandonados tienen un aura especial. La soledad y el desuso tienen un efecto que acelera el desgaste, lo que provoca que en poco tiempo se vean decrépitos y desolados. Decadentes. Se hace difícil creer que estén vacíos, que no haya más vida que la de las plantas y pequeños animales que allí puedan haber, y nuestra imaginación los puebla de entidades que los habitan. Es, por decirlo de alguna manera, un vacío lleno.
En Palma tenemos desde hace poco tiempo (dos años y medio) una instalación abandonada de enormes dimensiones. Me refiero al viejo hospital de referencia para las Islas Baleares, el emblemático Son Dureta. Ya he escribí sobre el traslado y sus avatares, pero hoy toca hablar del cadáver del hospital. Es difícil encontrar alguien en la isla que no lo conozca o que no lo haya pisado alguna vez. Y todo el mundo conviene en que es desagradable tener aquel complejo de varios edificios, vacío y oscuro, allí ubicado. Los que allí hemos trabajado le tenemos un cierto cariño (sos muchas horas y sucesos vividos allí dentro), pero estamos en general de acuerdo en que pasar junto a él da malas vibraciones.
Son sólo dos años y medio, pero da pena ver el lugar. la vegetación empieza a adueñarse de la explanada de asfalto que otrora fue el aparcamiento, algunos muretes ya han caído (o han sido derribados), las persianas todas bajadas. Y la oscuridad. La falta de luz por las noches es lo más llamativo. Ni una ventana iluminada, ni una de las farolas que hay en el recinto en marcha. Es un enorme agujero negro en la ciudad, de una negrura casi física, espesa y viscosa, que de algún modo te atrapa y te contagia. Se te queda mal cuerpo cuando pasas junto a Son Dureta. Yo al principio, si con el coche pasaba cerca, daba un pequeño rodeo para verlo, por aquello de la nostalgia. Ahora ya no, intento evitarlo. No quiero pensar lo que ha de ser deambular por sus pasillos, por sus quirófanos y habitaciones en las que aún hay algunas camas, ahora que la actividad hace tiempo que ha cesado y el olor del abandono debe impregnarlo todo. No negaré que me gustaría hacer alguna visita (confieso que al poco de cerrarse, tan sólo un par de semanas después, estuve a punto de colarme, pero me eché atrás ante la visión de un pasillo de servicio repleto de bolsas y cajas sobre las que caía una catarata de agua que vertían unas tuberías ya rotas), pero iría muy acongojado.
Imaginar el complejo hospitalario de Son Dureta a día de hoy me ha traído a la cabeza las imágenes de Pripyat, la ciudad abandonada tras el accidente de la central nuclear de Chernobyl. No han pasado tantos años, ni ha sufrido el efecto de la radiación, pero uno no puede evitar pensar que Son Dureta es, a día de hoy, y por una temporada (hasta que se decidan las autoridades, que dicen tener planes), nuestro pequeño Pripyat particular.
miércoles, 24 de abril de 2013
El caso del suicida que casi se mató
En el mundo sanitario abundan las anécdotas. Por un lado se trata de un mundo que todo el mundo conoce y de una u otra manera toca (¿quién no ha ido al médico, o ha estado en un hospital?), pero un mundo complejo y repleto de palabras difíciles a las que la gente que no está familiarizada con ellas puede acabar dando cualquier forma (como aquella vez que una señora anciana me habló de "las verticales" para referirse a las vértebras cervicales). Por otro, están las extrañas vicisitudes a las que la gente se ve sometida, y que llega al mundo sanitario bajo la forma de extraños casos (el más comentado de todos, por bizarro y morboso es el de "objetos extraños en cavidades corporales"...).
Pero déjenme que les cuente una anécdota que me narró una compañera el otro día, en la que un suicida fracasado, que se había tirado desde un primer piso (primer error) y se rompió unos cuantos huesos, fue trasladado a urgencias, donde llegó lamentándose, dolorido, repitiendo entre sollozos: "ay Dios mío, que me quería suicidar y casi me he matao".
martes, 23 de abril de 2013
Insomne
Para alguien a quien dormir le encanta, el insomnio es traumático. dormir se convierte en una obsesión, y a medida que se acerca la hora de acostarse, a pesar de que estás hecho polvo y a veces tienes mal cuerpo, vas entrando en un estado de nerviosismo que supera al cansancio. Sin embargo, el dormir poco y mal hace que te des cuenta de que tus límites son mucho más amplios de lo que creías, que las fuerzas que atesoras son mayores a las que tenías contadas. Eso no está tan mal. Por supuesto, el día que el sueño te vence y te das un festín de dormir, lo disfrutas enormemente. Llegas a adaptarte a la fatiga, al dolorcillo de cabeza (y esa tenaza que te aprieta en los temporales), al escozor de ojos, al nerviosismo. Te resignas a que sólo la farmacología, a regañadientes y con muy mala conciencia, te regale el sueño, sabiendo que esta no es más que la nueva manifestación de ese monstruo que llevas dentro desde que tienes uso de razón, al que has llegado a creer vencido, que se revuelve otra vez y ahora le ha dado por no dejarte dormir.
lunes, 22 de abril de 2013
Pasando por el no
La libertad vive en un no. La negación tiene una gravedad mayor que la alegre afirmación, y ésta, si ha de ser firme, ha de haber pasado por un no, ha de haber sido un no (y no en la simple medida en que decir sí a algo es negar otra cosa). Por eso, en el poner freno hay tal vez más libertad, o al menos un germen de ella, que no está en un seguir un impulso.
sábado, 20 de abril de 2013
Contra el miedo
Uno pretende racionalizar sus miedos, convencerse de que en gran medida son absurdos, de que no hay motivos de peso para temer lo que uno teme. Pero el miedo persiste, ajeno a todos los antídotos mentales que uno quiera buscarle. En su irracionalidad, juega en una liga distinta, de nada vale darle vueltas. Al final, lo que mejor funciona, es afrontarlo, caer en aquello que nos causa pavor o, en el caso de miedos más profundos y primigenios, convivir con él, hacerlo un compañero.
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