miércoles, 10 de agosto de 2016

Carrera profesional

Terminas tus estudios y eres joven. Tienes ganas de comerte el mundo. Si has estudiado algo para lo que tienes vocación y vales, quieres hacer muchas cosas, avanzar profesionalmente. Y entonces es cuando empiezas a darte cuenta de cómo funcionan muchas cosas: innumerables trabas burocráticas, filtros que pasar, oportunistas y trepas varios que con menos llegan más lejos... En definitiva, toda una carrera de obstáculos que te desgasta, aniquila todo entusiasmo, y hace que te vuelvas escéptico (cuando no cínico) respecto a casi todo. Al final acabes yendo a cumplir, a hacer las cosas bien y poco más. 

Y acaba llegando el día en que todos esos que te han llevado a esta situación (personas e instituciones, formas de trabajar, costumbres...) te recriminan tu actitud y tu "escasa implicación".

lunes, 8 de agosto de 2016

Más rápido, más alto, más fuerte y más aburrido

Ahora que estamos olímpicos, quiero reflexionar sobre algo que viene ocurriendo desde hace años: el deporte ya no es lo que era. No me refiero a cuestiones como el doping o la (agobiante) cobertura televisiva. La hiperprofesionalización (con lo que económicamente conlleva: el movimiento de ingentes cantidades de dinero) e hipertecnologización le han quitado épica, convirtiéndolo en algo frío. Todo está calculado al milímetro, y hay poco margen de error. Todo se tiene monitorizado, lo propio y lo de los rivales, y con ello se juega, restándole brillantez a la competición, que se convierte en un ejercicio de contemporización. Ya no se ven las gestas de antaño, ya no hay aquellas figuras carismáticas que se hacían con el cariño del público y el respeto de sus rivales. Hay sorpresas, claro, pero cada vez menos y más tenues (aunque puedan tener un efecto paradójico, al saltarse un guión mucho más marcado y menos incierto).

Por otro lado, está la cuestión de cómo vemos el deporte desde el lado del espectador. Por comentarios que voy escuchando, toleramos menos los deportes que requieren su tiempo, y llama nuestra atención lo acelerado e hiperactivo. 

Eso sí, la falta de brillantez y elevación del deporte contemporáneo se ve efectivamente suplida por una realización televisiva espectacular. Y si no, siempre nos quedará la cuestión carnal: la de contemplar hermosos cuerpos jóvenes en acción. 

miércoles, 3 de agosto de 2016

Los oscuros orígenes de En Joan petit

Siempre se ha dicho que los cuentos infantiles en su origen no iban dirigidos a niños, y que tienen un trasfondo más bien oscuro. Algo parecido ocurre con el caso que quiero traerles hoy y del que me he enterado hace poco: el de la popularísima (al menos por estos lares) canción infantil En Joan petit. No creo que haya niño nacido o criado en las zonas de habla catalana y occitana que no la haya cantado y bailado. Incluso he oído traducciones al castellano. 

En apariencia, la canción nos habla de un niño (el pequeño Juan), que baila y va moviendo las distintas partes de su cuerpo de forma progresiva y sumándolas todas (el dedo, la mano, el codo...). Cualquiera diría que se trata de una forma de que los niños más pequeños aprendan las partes del cuerpo y sus nombres. Pues no. En su origen era una canción de burla hacia las víctimas de una tortura que consistía en ir golpeando y rompiendo uno a uno los huesos del condenado. Y el baile al que se refiere la canción, obviamente se refiere a las torsiones que el dolor provocaba en el ajusticiado. Parece ser que en Francia hubo una rebelión contra Luis XIV, y así ajusticiaron al líder, provocando que el pueblo, ufano, se inventara esta canción que, poco a poco y por unas vías inexplicables, acabó en el cancionero popular infantil.

martes, 2 de agosto de 2016

Cadáveres a primera vista

El otro día me encontré con una escena macabra: Alguien se había caído (o tirado) desde un balcón, y pasé con el coche junto al cadáver, que ya estaba tapado, pero al que le habían dejado un brazo sin cubrir por la manta isotérmica (ese plástico fino, dorado por una cara y plateado por la otra que ponen los sanitarios). La policía estaba acordonando la zona.

Sea por lo inesperado de la escena, porque me pilló con la guardia baja, o porque me dirigía a casa a comer tras el trabajo y tenía hambre, la imagen de ese brazo saliendo me perturbó. Yo, que he visto cadáveres de todas las formas y colores y en circunstancias bastante desagradables (e incluso los he visto morir), sin sentir nada en especial (supongo que al estar en "modo profesional" uno se pone una barrera), me vi sacudido por aquella persona desconocida que llevaba un rato muerta. 

Pensándolo un poco, siempre me ha resultado más desagradable ver el cadáver tapado, esos bultos que mueven los celadores en sus camillas por los pasillos del hospital, o los que vemos en los noticiarios cómo son introducidos en los furgones por los funerarios, que el visionado directo del finado, por muy desagradables que sean sus circunstancias (porque el cine nos ha transmitido una visión dulcificada de la muerte, que suele ser más bien algo feo y asociado a padecimientos, deformaciones y/o mutilaciones).  

lunes, 1 de agosto de 2016

Morder la mano

"No hay que morder la mano que te da de comer"
¿Aunque te dé mierda?
¿Aunque luego te dé unos azotes?

martes, 26 de julio de 2016

Mis recuerdos de la guerra

Ya que el otro día fue el 80 aniversario del inicio de la Guerra Civil Española (para nosotros es, sencillamente, la Guerra, sin apellidos, lo cual da una idea de lo que tuvo que ser). Como es obvio, no la viví, pero mis abuelos me brindaron, directa o indirectamente, sus recuerdos. En su mayor parte me vinieron por la parte materna, con los que tuve más relación por tenerlos más cerca. 

Mis abuelos cantaban en un coro, y fueron a la olimpiada popular que se tenía que celebrar en Barcelona (una forma de protesta del gobierno del frente popular ante las olimpiadas de Berlín) a partir del 19 de julio. Allí les pilló el inicio de la guerra, y mi abuelo se tuvo que ir al frente de Aragón, mientras que mi abuela se fue a Francia en un difícil periplo (buena parte del trayecto lo hizo a pie). Una vez que contaban su historia, recuerdo que mi madre les preguntó cómo es que se arriesgaron a ir a Barcelona con la situación tan revuelta que había, y la respuesta de mi abuela fue que estaban acostumbrados a las huelgas y a los asesinatos políticos, y que en ningún momento esperaban que ocurrieran lo que ocurrió, lo cual es sorprendente. La anécdota instruye sobre la cotidianeidad, que se puede llegar a establecer en los entornos más hostiles imaginables (por ejemplo, mi abuelo nos habló en otra ocasión de una paella que cocinaron en el frente, y de un obús que fue a caer directamente encima de la paellera). Pero también nos dice algo sobre la sorpresa y la imposibilidad de prever lo que está por venir, por más que muchos signos lo anuncien (aunque, claro está, eso es algo que se ve a posteriori). Desde entonces siempre he vivido con la sensación de que en cualquier momento se puede producir un giro del destino que altere y haga tambalear lo que creemos más firme. 

Por la parte paterna, dada la lejanía, no tuve un contacto muy estrecho, pero sí que me llegó un recuerdo postmortem. En una de las veces que hemos ido a la tierra de mi padre, para la boda de algún primo, revolviendo fotos y documentos viejos de mis abuelos, aparecieron una fotos, originales, del hundimiento del crucero Baleares. Lo reconocí en seguida porque había visto recientemente las, digamos, oficiales, y estas se les parecían muchísimo. Sabíamos que durante la guerra estuvo en la marina del bando nacional, pero no los pormenores, y esas fotos le colocaban en una de las principales batallas navales de la guerra (aunque no parece que directamente en el hundido crucero Baleares, sino en alguno de los que le acompañaban). La cosa tiene su aquél, porque él era de tierra adentro, y luego, cosas del destino, iba a acabar teniendo familia balear. 

domingo, 10 de abril de 2016

La nueva política

Detesto la autoayuda y el new age. Paulo Coelho es para mi la auténtica encarnación del diablo. Partiendo de ahí, detecto mucho estilo y lenguaje new age en eso que han dado en llamar la nueva política. Eso de empeñarse en presentarse como nuevos ya es algo sospechoso, como si con la etiqueta quisieran aclarar algo que no se nota en el producto que venden. Eso por no hablar del tono pedagógico y de profesor que está impartiendo la lección de todos sus protagonistas. Que muchos de ellos sean profesores y vengan del mundo de la universidad es un hándicap, por lo que tiene de "yo soy aquí el que sabe y os he venido a enseñar, chicos", y por el alejamiento de la realidad que padece la universidad. Este tono, además, es demasiado uniforme a pesar de sus proclamas en favor de la diversidad, la pluralidad y todo lo múltiple, defensa que únicamente sirve para señalar la intolerancia de los demás, pero que a la hora de aplicarse a ellos, no acaba de cumplirse del todo.

Tengo la mala costumbre de dejarme llevar por las primeras impresiones, y la nueva política no me gustó desde el principio, ni ética ni estéticamente. El paso del tiempo ha ido reafirmando mis sospechas. 
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