martes, 29 de enero de 2008

Un poco de chanson

Siempre me ha llamado la atención la escena musical francesa. La moderna y la antigua. Me parece muy variada y es posible encontrar artistas originales con relativa facilidad (a veces con menos problemas que con los españoles, ya que aquí todo lo que se salga de mainstream queda relegado a círculos muy reducidos a los que no se llega fácilmente). Hubo un tiempo en el que las canciones francesas eran éxitos en todas partes, y todos conocemos algunas de esas tonadas. Hoy me apetece hacer una selección de algunas de mis favoritas de las antiguas (sólo las enlazo, porque si colgara los videos quedaría muy largo):

-Edith Piaf: La vie en rose, Hymne à l'amour, Non, je ne regrette rien

-Frehèl: Si tu n'etais pas la

-Leo Ferre: Spleen (musicando a Baudelaire)

-Christophe: Aline (no se pierdan la cara de estreñido del sujeto).

-Françoise Hardy: Tout les garçons et les filles, Comment te dire adieu (esta es de mi tocayo Gainsbourg).

-Serge Gainsbourg y Jane Birkin (la bella y la bestia, dejo a su libre albedrío decidir quién es quién): Je t'aime... moi non plus (una maravilla).

-Hervé Vilard: Capri c'est fini

-Gilbert Becaud: Et maintenant

-France Gall: Poupee de cire, pouppee de son (otra de Gainsbourg, no se pierdan esta versión de los Arcade Fire)

-Jacques Brel (que no era de Francia, pero cantaba en francés): Ne me quitte pas (personalmente, la mejor canción de desamor que uno se pueda echar a los oídos), Ces gens-la (atentos a la letra y la interpretación, demoledora, odio y venganza en estado puro), L'amour est mort. Podría poner tantas de Brel...

-Georges Moustaki: Le métèque

-Para terminar y sacarnos el sabor de boca empalagoso que todo lo anterior ha dejado (soy consciente de que la selección me ha quedado un poco moña), Georges Brassens (un auténtico genio, letras divertidas y sin desperdicio, algunas de las cuales han sido adaptadas al castellano por su discípulo español Javier Krahe): Marinette, Misogynie à part (subtitulada en castellano, impagables los esfuerzos que hace el hombre para no descojonarse ahí mismo), La mauvaise reputation

Espero que les haya gustado la selección que les he preparado. Otro día pongo cosas francesas (o en francés) más actuales y moviditas, que también las hay.

lunes, 28 de enero de 2008

Incipit Tragoedia

Nietzsche en sus últimos días

Así tituló Nietzsche el último aforismo del cuarto libro de La Gaya Ciencia, en el que por primera vez escribe sobre Zaratustra como personaje suyo (al Zaratustra real ya se había referido con anterioridad). Empieza la tragedia. Así podría denominarse el enero de 1889. Cuando hace unas semanas hablé sobre el Sanctus Januarius, no hice referencia al hecho de que el mes de enero le reservaba al filósofo un destino fatal.

Aunque en las últimas semanas de 1888 ya había dado algunas señales alarmantes sobre su estado mental, el desplome definitivo no se produjo hasta enero de 1889. En concreto, el 3 de enero. Salió a la calle, en Turín, y vio a un cochero maltratando a su caballo. Nietzsche, indignado por su comportamiento, se abrazó al caballo con un gesto protector, y allí se desvaneció. Tuvieron que recogerlo de la calle y desde aquel momento ya no hubo vuelta atrás. En la casa donde se hospedaba creía estar a la espera de que el rey le visitara, o danzaba desnudo al ritmo de melodías que sólo sonaban en su cabeza, escribió las llamadas "cartas de la locura" que provocaron la alarma de los suyos. Tuvo que ir su amigo Franz Overbeck a recogerlo para llevárselo a Basilea y ponerlo a buen recaudo en un manicomio, donde empezarían a estudiar su caso sin demasiado éxito. Para convencerlo de que fuera con él y su acompañante sin llamar la atención (puesto que pretendía ser rey y saludar a todo el mundo a su paso), tuvieron que hacerle creer que se trataba de un viaje de incógnito para resolver un gran asunto. Desde entonces poco a poco la mente de Nietzsche se fue apagando, y si bien al principio podía salir a pasear e incluso mantener pequeñas conversaciones (hubo un punto de mejoría en que se llegó a pensar en que se podría curar), la apatía fue ganando terreno hasta dejarlo postrado un una cama sin decir nada, ausente y con la mirada perdida. En este estado, frágil y enajenado, al cuidado de su hermana (su madre había muerto tres años antes) le encontró la neumonía que lo mató el 25 de agosto de 1900, al mediodía (sin duda, como a él le hubiera gustado)

domingo, 27 de enero de 2008

Vida y biografía



"Voy a contar ahora la historia del Zaratustra. La concepción fundamental de la obra, el pensamiento del eterno retorno, esa fórmula suprema de afirmación a que puede llegarse en absoluto, - es de agosto del año 1881: se encuentra anotado en una hoja a cuyo final está escrito: «A 6.000 pies más alla del hombre y del tiempo» Aquel día caminaba yo junto al lago de Silvaplana a través de los bosques; junto a una imponente roca que se eleva en forma de pirámide no lejos de Surlei, me detuve. Entonces me vino ese pensamiento." Friedrich Nietzsche, Ecce Homo (1887).

Así relataba Nietzsche en su fantástica autobiografía (es fantástica porque en buena medida se trata de pura fantasía) el momento de inspiración en el que vino a su mente la idea del eterno retorno. Al solitario filósofo le asaltaba la inspiración con frecuencia, y esto solía ocurrir en sus paseos por la montaña, a los que era gran aficionado. Esos instantes extáticos le hacían brotar las lágrimas y no podía contener una risa feliz y contagiosa (si hubiera alguien por ahí), así como una auténtica catarata de pensamientos que no hacían otra cosa que incrementar su estado de arrobamiento. Por eso acostumbraba a llevar consigo un cuadernillo en el que anotaba sus ocurrencias, a menudo de forma fragmentaria y confusa, para luego, en la tranquilidad de su habitación, darles una forma más refinada. Algunos han querido ver en estos arrebatos los tempranos síntomas de un sistema nervioso enfermo que acabaría conduciéndole al manicomio, pero en cualquier caso estaban ahí y él los vivía como fundamentales para su pensamiento, como si él sólo fuera un médium de fuerzas superiores. Al menos esta era la imagen que nos transmitió, porque si rascamos un poco en la superficie, nos damos cuenta de que no es oro todo lo que reluce.

En la filosofía de Nietzsche se encuentra la idea de la vida como experimento, como una tarea que nos obliga a explorar nuevas formas de valoración y nuevas perspectivas respecto al mundo. Y puesto que sólo tenemos nuestro cuerpo, sólo nos queda experimentar con él y con sus avatares biográficos. Por eso el relato de lo que nos acontece es fundamental. Con esto llegamos a la cuestión acerca de la distinción entre el suceso acontecido y el suceso relatado. Porque no es lo mismo lo que nos pasa que lo que luego contamos sobre lo que nos pasa. Tendemos a adornarlo, exagerarlo y modelarlo según conveniencia. Y a Nietzsche le convenía mostrarse como un gran ensayador, y no sólo en el plano de las ideas. Ciertamente, su vida tuvo notas características que la hacen única, pero en muchos otros aspectos era tan anodino como cualquier contemporáneo e incluso como cualquiera de nosotros. A pesar de ello, se esforzó en enseñarse como un auténtico pionero y alguien digno de una admiración desmedida (alguien con suficiente dinamita como partir la historia en dos, llegó a decir de sí mismo). Puede que se trate de la megalomanía propia de alguien al borde de la locura (cuando escribió su más extensa autobiografía, Ecce Homo, en el otoño de 1887, sólo le quedaban un par de meses para el derrumbe definitivo), pero el objetivo con el que escribió esta obra, la de darse a conocer ante un público que empezaba a interesarse en su obra, nos lleva a pensar en otra dirección. Y es que no debe considerarse la biografía como un hecho anecdótico y como una mera carta de presentación para hacer al personaje más entrañable (que algo sea entrañable quiere decir que lo podemos incorporar a nuestras entrañas, hacerlo nuestro, y esto en sí ya es muy nietzscheano), sino que debe leerse como una obra en paralelo a sus otras obras, como un trabajo filosófico más. En parte eso es lo que Nietzsche nos quiere decir en Ecce Homo, que el tomar las riendas y el autodominio que la voluntad de poder exigen de nosotros se dirija incluso a nuestas formas de vida y al relato biográfico. Porque en última instancia, y en vista del deficiente trabajo de la memoria, y del hecho señalado por él mismo en el Zaratustra, según el cual en el presente confluyen el pasado y el futuro, es desde el ahora que se construye todo lo anterior y todo lo posterior, y aunque haya hechos irrefutables ahí atrás, nada me impide revivirlos ahora de otro modo, y reconstruir así a cada momento mi biografía.

Es imposible que Nietzsche no conociera el pensamiento del eterno retorno antes de su llegada al Zarathustrastein (la roca de Zaratustra, en la foto). Desde bien joven conocía a muchos antiguos que trataron sobre el tema (Heráclito, los estoicos), y se contaban entre sus pensadores favoritos. En algunos de sus trabajos de juventud la idea asoma tímidamente la cabeza. Pero tal vez por aquellos días la idea adquirió una profundidad y un sentido que hasta entonces no había ni siquiera sospechado. Y esto tal vez le puso en un estado de ánimo que facilitó el acceso a uno de sus arrebatos de felicidad e inspiración (que, por cierto, podían estar ligados a la belleza estética de los caminos que frecuentaba por los Alpes). Y el arrebato le reforzó la idea. O tal vez no, y tan sólo se trate de una imagen poética para reforzar por la vía estética la idea principal. En cualquier caso, y aunque no fuera vivido así originariamente, nadie puede dudar de que Nietzsche sintió esa inspiración a posteriori, y que en la reconstrucción de su memoria así fue y así nos lo transmitió. Al fin y al cabo, todos hacemos lo mismo cuando contamos a los demás nuestras cosas.

sábado, 26 de enero de 2008

Desgastes


La mayoría de días de nuestras vidas son intercambiables. Hay algunos que destacan, pero son los menos, y al hacerse uno mayor éstos cada vez son más infrecuentes. La vida va perdiendo brillo debido al desgaste de las tareas monótonas, e incluso la excepción y la sorpresa pueden convertirse en rutina.

viernes, 25 de enero de 2008

Screamin' Jay Hawkins. Constipation blues.

Tal vez tengamos una predisposición fisiológica hacia los sentimientos. No quiero decir que éstos tengan un correlato fisiológico (las lágrimas con la tristeza, la risa con la alegría...), sino que determinados hechos de nuestro cuerpo nos predispongan a sentir ciertas cosas. Así, un catarro nos puede hacer más fácil saltar las lágrimas ante una contrariedad, o el sueño nos puede poner de mal humor y agriarnos el carácter (en niños esto se ve muy claro). Y hay dolores corporales que son más profundos y nos conmueven más que cualquier sentimiento triste. Es el caso que nos relata esta canción, que habla sobre el verdadero dolor, el que duele de verdad. Pero antes de ir con la música, una aclaración necesaria, la constipación no tiene nada que ver con los resfriados (la mayoría de gentes usa constipado como sinónimo de catarro o resfriado), sino que es una incómoda dificultad para evacuar los intestinos. Vamos, que estar constipado es estar estreñido. Aclaradas las cosas, música maestro: